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Entrevistas - May 25, 2009

Memorias de un huapanguero: Servando Rubio Andrade (2)

El violinista Antonio Hernández
y el jaranero Servando Rubio,
del 'Trío Amanecer Huasteco',
en el Museo de Culturas Populares
durante la presentación del
libro "El violín huasteco…",
de Eduardo Bustos V.
Foto: Cortesía
Eduardo Bustos Valenzuela

Por Gregorio Martínez Moctezuma
Corresponsal Azteca 21

Ciudad de México. 25 de mayo de 2009. El profesor Eduardo Bustos Valenzuela guarda silencio un momento, quizás ordenando los recuerdos en su memoria, rica en conocimientos y sucesos.

Maestro, ¿hay temas de Amanecer Huasteco en la “Antología del Son de México”? [Disponible aún en Discos Corasón. Cfr. nota en Azteca 21: http://azteca21.com/index.php?option=com_content&task=view&id=4681&Itemid=3.]

Está el tema de “La araña”, gracias a que lo grabó Eduardo Llerenas muchos tríos actualmente lo tocan, y el que toca el violín, según me contó Servando, es Sergio Hernández, y ya como que ahí me comenzó a platicar que incluso su papá tocaba un huapango que se llamaba “El perro”, mas no es “El perro” que conocemos, era uno muy viejito. Él alguna vez me lo tarareó y yo por ahí como que me empecé a acercar a conocer un poquito más, no, desde luego, no silbaba los sones, pero sí me platicaba mucho de eso. Posteriormente, lo empecé a cuestionar de algunas cosas, como acerca del trío Armonía Huasteca, que cuándo empezaron, ¿no?, pues siempre buscando conocer más, pero algo que me inquietaba era que una persona tan conocedora, tan inteligente, tan vivida en todo esto del huapango no se diera a conocer, no se supiera quién era… A raíz de eso, y como nos conocimos en el encuentro de huapangueros, en algunos años yo saqué el libro de violín huasteco [“El violín huasteco. Método teóricopráctico. Libro 1”, México, Editorial Visión Cultural, 1997.] y entonces pensé: “¿De qué manera podemos sacar a Servando, que lo conozcan, que hagan algo…?”, “Pues” dije, “lo voy a invitar como ponente, igual él no es violinista, pero sabe de violinistas y quiero que se enfrente a un público, que hable con el público, que interceda con ellos, que le pregunten, que les platique, que le aplaudan incluso”, yo decía, y sí, logré eso, porque lo invité como ponente y fue a la presentación de mi libro en Culturas Populares, en el 96, me parece, la gente le aplaudió. Claro, como músico sí lo aplauden, porque toca, pero como persona lo que yo quería era que supieran quién era, y a través de eso Eugenio [Sánchez Aldana] me apoyó porque explicó quién era Servando, y su violinista, don Toño, también explicó quién era, aunque éste un poquito cohibido, pero a final de cuentas salió a relucir. Incluso antes de que se presentara este libro, nosotros, como Trío Aguacero, gestionamos que se hiciera un evento en el Museo de Culturas Populares, que se llamaba “La Huasteca canta”, por ahí tengo los carteles, y a ese evento también se le invitó a Servando a tocar.

Recuerdo que uno de los intereses principales que compartíamos, también con otras personas, era que los tríos tocaran, entonces no existían las huapangueadas como tales y no eran un negocio como lo son ahora. Realmente lo que nosotros buscábamos era convocar a los tríos, tres tríos, casi siempre fue Amanecer Huasteco porque nos entendimos muy bien con ellos, hacíamos muy buena vibra, ora sí que creábamos una atmósfera bonita, y nos invitábamos, Trío Aguacero de alguna manera, pues gestionaba esto con Culturas Populares, y en alguna ocasión con otras personas por ahí, según muy filantrópicas, pero a lo que voy es de que siempre lo que se ganaba en esos encuentros se repartía equitativamente entre los grupos, y lo principal era que esos tríos se subieran a un escenario, pero no a uno común, sino a un escenario cultural, y creo que sí lo logramos. Cuando se presentó el libro de violín huasteco, cuando Servando habló de su trayectoria, de cómo aprendió, pues sí se confundió un poquito, pero abordó al fin y al cabo el tema de que él conocía a don Frumencio Olguín, de que habían tocado, incluso platicaba de Otilio Olguín, papá de Frumencio, y él, como conocedor, como que se empezó a acercar, ahí como que ya nuestra amistad se fue fortaleciendo porque a cuantos eventos teníamos, los invitábamos a tocar a ellos, a Amanecer Huasteco, a Servando, a don Toño, a Juan.

Entonces como que nos empezamos a encontrar muchas veces. En una ocasión, siendo yo maestro en el Taller de Música Huasteca, se me ocurrió decirle que fuera al taller y llevara a su trío, le dije: “Mira, ¿sabes qué, Servando? Lleva a tu trío, vamos a hacer una cosa, yo les voy a decir a los muchachos que vas a ir, que se preparen, que lleven unos centavos; ustedes tocan en el taller, les muestran, les platican, y se les retribuye”. Muy animoso él fue, y recuerdo que no una sola vez, sino varias ocasiones fue el trío Amanecer Huasteco e incluso le decía: “Servando, llévate tus discos”, los que él hacía, o los casets, porque no eran discos todavía, no era época del cidí, llevaba casets que él grababa y le decía: “Prepárate tantos casets, llévatelos y allá los vas a vender, de mi cuenta corre que los vendas”; a mis alumnos, interesados, les decía: “Compren el caset porque su música es de antología”, pues compraban el caset.

Nos hablábamos muy seguido, desde entonces su teléfono no se me olvida, y hablábamos, y justamente preocupados por eso, por que la gente supiera qué era, qué música se tocaba, y casi siempre que llevó sus casets, los vendió. Ya después sacó sus discos igual, pero nos hablábamos, nos quedábamos de ver en tal lugar. Recuerdo perfectamente cuando me dijo: “Oye, tú tienes el disco de Alma Regional”, y le digo: “Pues me lo regaló un paisano, incluso te veo a ti en la fotografía de la portada y estás muy joven”. Él me dice: “Préstame la portada del disco porque ni yo lo tengo, no tengo la portada de ese disco, ese disco yo lo grabé ya no sé en qué años con Juan Solís”, le dije: “Si este disco es tuyo, tú lo grabaste, en todo caso yo te lo regalo”, “No, no, no”, dice, “yo te lo quiero dejar a ti”, recuerdo que me dijo, y yo le tomé mucho aprecio a eso porque dije: “Bueno, si yo le digo que se lo regalo, pues es disco de él, pero no lo quiere, dice que él lo toma, lo fotografía y me lo regresa”, y como fue, me lo regresó, junto con otro disco de Juan Coronel.

Entonces pensé: “Qué persona tan honesta, ¿no?, en un momento dado, si lo quiere, pues yo se lo doy, porque es de él, si él no lo tiene quien lo debe tener es él, no yo”, sin embargo no lo quiso y yo lo tengo todavía, y justamente entablábamos eso. Yo lo invitaba a tocar cuando fui conductor del taller en la Normal Superior, igual lo invité varias veces, “llévate tus discos, Servando, llévate tus casets, platícales a los alumnos de lo que tú sabes, coméntales”… Una vez me llevó un disco que entonces había grabado, que traía “El veracruzano” y “La mariquita”, sones que él había propuesto grabar, y cuando nos hablábamos por teléfono me decía: “Oye, mira, te voy a llevar el disco donde Nicandro Castillo canta en el 70, donde está cantando tal huapango”, y él hacía sus casets, yo los conservo, y ahora con mucha más razón los voy a conservar porque ya son una joya, pero siempre me platicaba: “Es que yo toqué con fulano y toqué con zutano”, y con algunos datos que yo conocía pues como que podíamos platicar porque para mí no eran desconocidos los nombres que él tenía, como que había reciprocidad en cuanto a platicar lo que sabíamos.

Cuando le comenté que íbamos ir a Zimapán [Hidalgo] a entregarle a don Mencho [Frumencio Olguín, violinista del trío Armonía Huasteca] una placa de 50 años le dio mucho gusto, pero igualmente yo pensé: “Bueno, pero ¿por qué a ti no te entregan algo así, por qué no te reconocen?”. Él siempre decía: “Yo sigo tocando y tocaré”, y el interés por querer salir adelante, al menos de mi parte, creo que sí continuó, porque tantas veces pude lo llamé. Así, cuando me dan la oportunidad de organizar lo que fue el “Primer Foro de Intérpretes del Son Huasteco”, por ahí tengo las invitaciones, igual le dije: “Servando, yo quiero que vayas y que platiques, o sea, no van a tocar, ese foro no es para tocar, quiero que el público se entere de que ese día no es para tocar, los músicos van a ir porque van a platicar, van a hablar de su experiencia, de sus necesidades”. Finalmente, se logró hacer eso, en el… no recuerdo ahorita, por ahí tengo los carteles, creo que fue en el 2003, total, que fue Servando, participó, tuvo una participación muy buena, muy acertada, estuvo platicando en el foro, algunas personas le decían que tocara, pero como nadie llevaba instrumentos, ora sí que se tuvieron que aguantar, y el público lo entendió, que era un foro para dar a conocer las necesidades de los músicos. Servando habló muy bien, dio muchos datos que la gente desconocía, y creo que fue una de las mejores participaciones la que tuvo él… Continuará.

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