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Libros - May 19, 2009

Entrevista al escritor peruano Julio Villanueva Chang, autor del libro “Elogios criminales”

Villanueva Chang afirma
que un buen autor es el
que hace sentir más
inteligente al lector
cuando lo lee
Foto: Azteca 21/Miriam Canales

Por Miriam Canales
Reportera Azteca 21

Ciudad de México. 19 de mayo de 2009. Durante años, el periodista peruano Julio Villanueva Chang ha buscado darle un matiz diferente a la crónica periodística, más allá del mero acontecimiento, la polémica y el escándalo. El autor de “Mariposas y murciélagos” y director de la revista “Etiqueta negra” regresa para presentar la compilación de sus crónicas en el libro “Elogios criminales” (Grijalbo).

¿Por qué dices que un lector se vuelve más inteligente al leer a ciertos autores?

Ésa es una frase que hay que tomarla caso por caso, por ejemplo cuando yo leo a Juan Villoro me hace sentir más inteligente, pero lo es más él y lo que escribe, o también de hacerme creer, me fascina lo que escribe.

¿Hay algún otro autor que te vuelva más inteligente?

Varios: Carlos Monsiváis, Alma Guillermoprieto, Martin Caparrós y una generación de jóvenes columnistas como Juan Pablo Meneses, Sergio Villela que son peruanos. No creo que haya fronteras de nacionalidad. Me importa lo que me dicen, que me conmuevan, más que la inteligencia.

¿En cuanto al periodismo actual que crees que le haga falta a México?

Creo que los problemas e inquietudes de México son los mismas que en Estados Unidos y China. Siempre iluminar algo sobre lo que falta supone encubrir a la vez ese momento de iluminar, dejas de contar cosas que son virtudes y no siempre es bueno buscar problemas que es básicamente para las ventas y eso no es México, sino un problema social. Y los periodistas son cada vez más tecnócratas. Casi no se atiende lo que la gente necesita sino lo que le ordenan los editores, y en periodismo escrito hay pocos que escriben bien, son muy contados y uno tiene que estar viajando, buscando.

¿Por qué, según tú, los periodistas se han vuelto más tecnócratas?

Bueno, ahora lo que domina todo es la tecnología, ha cambiado la relación de los periodistas con el lector y el consumidor, de los dueños respecto de los anunciantes y el público. Las noticias las dictan las redes sociales. Ha cambiado lo que decía antes la radio en tiempo real, un periódico o el noticiero de la noche, un cable de urgencia. Ahora, una persona que está en el lugar y momento adecuados manda un mensaje de 140 caracteres y puede ser un “boom”, al grado de que los periódicos van a tener que seguir a ese individuo y ahora los medios ya no tienen el monopolio que es noticia. A través de ese modo de interactuar van a nacer las noticias y los anunciantes.

¿Esto quiere decir que el periodismo impreso va en declive y en pronta desaparición?, ¿estás de acuerdo con eso?

El periodismo impreso va a seguir, pero no los periódicos tradicionales tal como se hacen ahora, no se puede hacer tal cuando ya todo está on line y cuando están potenciando sus paginas web y las comunidades de las redes. Quien tenga un iPod touch y un GPS y va por la calle puede decir lo que sea. Es una revolución de las publicaciones y hay una crisis de atención que no sabemos a dónde mirar y con quién quedarnos, porque hay demasiada información y eso atenta contra la capacidad de retención, significado y de memoria.

¿Qué opinas de la reciente condena de Alberto Fujimori?

Yo estoy de acuerdo, aunque creo que judicialmente no le han probado más cosas. Creo que debieron empezar por juzgarlo, por hacerse de la vista gorda de ese fallo que es obvio. Llegó a pisar al terreno de derechos humanos y es el más discutible y necesitas pruebas muy contundentes y no queda muy claro. Es ejemplar en términos que es el país que condena por primera vez a un presidente, la justicia llegó tarde, pero llegó.

¿Qué te llevó a hacer una recopilación de tus crónicas?

Los malos consejos de un editor como Andrés Ramírez que siempre está rescatando casos perdidos como el mío.

¿Por qué mala idea?

Porque uno no le da tanta importancia, es como recolectar pedazos del cuerpo de uno y hacer un cuerpo que no se parece a ti, aunque a veces se parece a ti. Tiene algo de técnica Frankenstein y por eso yo les agradezco la ceguera y la confianza.

¿Crees que no puede ser un proyecto muy redituable?

No, al contrario, no me interesa eso, sino que a la gente le importe lo que a ti y cuando escribes esperas que le importe a otra gente y entonces ellos van a entender y conmoverse y emocionarse con cosas que a uno lo conmueven y lo hacen pensar y hasta llorar.

¿Y qué es lo que a ti te importa?
Que haya gente valiosa y que esté haciendo cosas, que lo que yo cuento trata de contar y las paradojas y las cosas que a mí me emocionan, que es muy subjetivo.

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