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Por la Espiral - May 15, 2009

Economía familiar de austeridad

POR LA ESPIRAL
*Claudia Luna Palencia

-Economía familiar de austeridad
-Aprender a optar será básico
-Adiós al consumismo exagerado

    Hace algunos días escribí acerca del parteaguas de la influenza porcina para la sociedad mexicana, desde luego que nunca volveremos a ser iguales,  tampoco lo seremos después del terremoto económico que ha llevado a endeudarnos con 47 mil millones de dólares.
    Mientras en la esfera internacional se juzga y se salva con el erario público a los grandes bancos y el debate consiste en indagar si el capitalismo está muerto o no, en Europa los sindicatos empiezan a manifestarse en las calles exigiendo la vuelta al Estado social, benefactor, a las políticas morales, al apoyo del  ciudadano de a pie y al emprendedor de la microempresa.
    En cambio en América, la esfera sigue orbitando en proteger a los monopolios y los intereses extranjeros aunque las filas en las dependencias del desempleo son cada vez más largas.
    Nadie, hasta ahora, ningún político ha reparado en el sufrimiento humano, ni en el estrés de las familias que antes llegaban a final de mes y que  apenas tienen para cubrir lo mas básico y no pasan del día veinte.
    No hay político que sepa dar respuestas tranquilizantes ni acciones instrumentadas en la política económica que lleven a pensar que hay un paraguas ante el doloroso cisma.
    La realidad es que los ciudadanos están solos y que esta crisis llevará a un desencanto electoral y a una baja credibilidad en el quehacer de los gobernantes.
    Pero este desencanto además de motivarnos a una honda reflexión política también debe orillarnos a hacerlo en nuestro comportamiento como actores económicos, principalmente como tomadores de crédito y consumidores.
    También somos culpables por habernos dejado seducir por el consumismo, el espejismo de que podíamos tenerlo todo, o casi todo, y que en la posesión de las cosas y de bienes materiales estaba implícita la felicidad.    
    ¡Qué equivocación más grande! Aquellas personas que recibían de ingreso 100 pero gastaban 300 complementándose con endeudamiento, se dan de bruces por los excesos cometidos.
    En el mundo hay millones de familias ahogadas por los altísimos niveles de endeudamiento adquiridos para llevar un tren de vida que no podían pagar con su ingreso pero que demandaban para ser parte de una sociedad consumista no conocedora de fronteras.
    Hace poco en una cena escuché a la esposa de un corresponsal de televisión señalar que soñaba con que a su marido un día el banco le diera una famosa tarjeta de color negro diseñada para grandes empresarios y en la que no existe límite de crédito. “Es como tener el mundo a tu alcance, no frenarte por pensar que hay algo que no puedes comprar”.
    En mi interior pensé en esos grandes errores cometidos por la clase de trabajadores asalariados que sueñan en ser, imitar y convertirse en la otra clase de los propietarios de medios de producción o de grandes fortunas que incluso suelen ser más cuidadosos (algunos hasta tacaños) en su forma de gastar que las familias asalariadas.
    Recordé que los asalariados solemos dibujarnos un mundo de bienestar tan ficticio que revienta de forma pasmosa a la primera crisis dejando en una situación vulnerable e indefendible cuando reparamos que sin el salario quincenal no hay forma de pagar la hipoteca, ni el crédito automotriz, ni las 5 o 6 tarjetas de crédito.
    Y es que los asalariados cometemos muchos errores, como realizarnos a través del crédito, vivir década tras década con el estrés de pagar una hipoteca y ser presas fáciles de todas las supuestas ofertas de los centros comerciales así como seguir las tendencias de la moda.
    Los parámetros de una supuesta realización económica llevan mucho tiempo trastocados y las generaciones más jóvenes corren el mismo riesgo que sus padres de seguir el mismo patrón de consumo si  llegan a obviar las lecciones derivadas de esta magna crisis.
A COLACIÓN
    Esta es nuestra responsabilidad y no la del gobierno: educar a nuestros hijos para estar siempre preparados ante una crisis económica, alejarlos del consumismo de masas  y enseñarlos a elegir. Decirles que la calidad no significa cantidad, que el ser humano no es más feliz entre más posea y que cuando te toca morirte lo haces aunque vayas en primera clase.
    En un reciente editorial en España leí que esta crisis económica nos llevará a recuperar los principios básicos, a disfrutar nuevamente de las cosas más sencillas y olvidarnos de la obsesión por poseer.
    Y es que, aún cuando organismos internacionales pronostiquen recuperaciones en el PIB de la mayoría de los países afectados después del 2010, lo cierto es que ningún gurú se atrevería a decirle a una familia que todo lo que ha perdido desde su empleo en esta crisis le será resarcido dos años después.
    Hay una destrucción de capital, social y moral y en dos años nadie  va a recuperarse, como los mexicanos, andado el tiempo, no hemos logrado hacerlo del todo de la crisis de 1995, le sumamos la del 2009, y sigue acumulándose en nuestra contra. Los que nacimos en los setenta lo hicimos siendo hijos de la crisis, deudores desde el primer día y al parecer moriremos siéndolo.
SERPIENTES Y ESCALERAS
    Se habla de una vuelta a lo básico, pensar y repensar una decisión de consumo, no más carros de la compra llenos de comida basura ni de  falsas promociones; no sucumbir a las tentaciones de las temporada de ofertas en los que se adquieren ropa y complementos que no se requieren, ni combinan, ni nos van.
    Hay que aprender a elegir, tomar una opción, es uno de los principios más racionales de la economía, ciencia que trata de la administración  y distribución de los recursos escasos.
    Estoy segura que cuando, usted amigo lector, aprenda a controlar su “yo consumista” y elija adquirir un bien tras un proceso de razonamiento en el que destacó las ventajas sobre de las desventajas, irá aprendiendo a ser un mejor ser económico dominando su “yo superfluo”.
    De lo que se trata es hacer rendir el dinero, también recuperar los lazos afectivos por encima de los materiales; sentirse realizado no porque puede comprar el coche del año, sino porque su trabajo le deja muchas satisfacciones.
    Esta crisis tiene que llevarnos a replantear nuestra posición como consumidores, el comportamiento como seres económicos, la verdadera razón que nos hace humanos capaces de disfrutar sin necesidad de sacar la billetera o la tarjeta de crédito o regresar a casa con una docena de bolsas de la compra.
*Economista y columnista especializada. Es candidato a doctor por la Universidad de Alcalá, tiene dos libros publicados y participa en distintos foros de radio y televisión con opiniones sobre educación financiera, economía y finanzas personales.  Puede contactarla en: claulunpalencia@yahoo.com

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