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Música - May 13, 2009

“Entre tiempos”, de Juan Cristóbal Pérez Grobet, un jazz mexicano multisabor

El disco contiene 9 piezas,
8 de las cuales son de
Pérez Grobet y una de ellas
es una auténtica
recomposición de
'Walking on the moon, de Sting
Foto: Cortesía
Ediciones Pentagrama

Por Gregorio Martínez Moctezuma
Corresponsal Azteca 21

Ciudad de México. 13 de mayo de 2009. Escuchar este disco es una manera sabrosa y deliciosa de acompañar el transcurrir del tiempo, de hecho, también los temas incluidos en él podrían ser los modos en que Juan Cristóbal Pérez Grobet ha intentado pintar el tiempo emocional, por decirlo de alguna forma, o hacer su propia inscripción en el inasible lienzo temporal. Es decir, ha creado una música altamente gozable y de múltiples tonos, emociones, colores y sabores.

En “Entre tiempos” (Ediciones Pentagrama, México, 2008) ha reunido nueve piezas, ocho de las cuales son de su autoría y una de ellas es una auténtica recomposición de “Walking on the moon”, del músico inglés Gordon Matthew Thomas Sumner, mejor conocido como Sting. En todas ellas, me parece, se advierte una determinada influencia musical (que los especialistas fijen las referencias exactas), pero siempre con una aportación personal, un estilo propio, una necesidad imperiosa de crear, de compartir los desfiguros sonoros que recorren la mente del músico mexicano, de vasta y reconocida trayectoria.

Así, esta producción abre a tambor batiente con “Halcón que nace del sol”, el cual también puede ser una declaración: el disco se podría situar en esa amplia categoría de jazz latino (por otro lado, pertenece a la serie de Jazz Mexicano de Ediciones Pentagrama), con reminiscencias muy de los años setenta, donde la batería, la trompeta y el bajo esplenden con intensidad propia. Por cierto, el compositor reconoce a sus colegas y casi en cada tema hay momentos para que cada instrumentista destaque, haga volar su sensibilidad.

Esto me lleva a comentar que el disco es redondo (en su acepción de casi perfecto), y se debe también a la pléyade de artistas que acompañan a Juan Cristóbal. A pesar de la larga lista, vale la pena enunciarlos: Iraida Noriega, Francisco Lelo de la Rea, Diego Maroto, Osmany Paredes, Isidro Martínez, Joe d'Etienne, Pedro Galindo, Felipe Gordillo, Armando Montiel, Gerardo Bátiz, José Ángel Ramos, Mario García, Gabriel Solares, Valeria Thierry, Miguel Valdez, Emiliano Marentes y Darío González.

Sigue “Viento del poniente” una melodiosa y cuasi espiritual tema donde, sobre todo el bugle y el piano, los instrumentos participantes brillan intensamente y a mí me hicieron recordar algunos temas de Thelonious Monk y John Coltrane en una grabación histórica en el Carnegie Hall de Nueva York en los años cincuenta. Luego viene “Café San José”, por si hubiera alguna duda de si es jazz latino, con unas percusiones, metales y piano de primer nivel, con un final casi carnavalesco, apoteósico.

“By Your Side”, supongo, es un tema íntimo, acariciador, creado especialmente para Iraida Noriega, quizás, desde hace algunos años, la mejor voz del jazz mexicano, en el que su tesitura y su dominio vocal se imbrican perfectamente con la instrumentación sensual y lúdica, donde también Diego Maroto establece una correspondencia con los manejos de la voz de Iraida y muestra una plenitud que casi hace estremecer (eliminar los casi empleados en esta nota dependerá del escucha, cuando goce con este material).

“Luna de octubre”, con fragmentos muy de corte cinematográfico (aquí habría que recordar que Pérez Grobet ha hecho música para varias películas), casi “bondiana”, un poco a la John Barry, con casi fugas y donde un instrumento pasa la estafeta melodiosa  a otro, logrando conjuntar un tema muy clásico, con unas percusiones muy dosificadas y acertadas.

“Abrazo de piel” es un tema muy de jazz café, muy íntimo, plenamente nocturnal, casi como un abrazo de piel a piel, donde nuevamente el bugle y Joe D’Etienne resultan esenciales en el lenguaje musical de Pérez Grobet. Sensual, bien cachondo, sabroso.

La ya mencionada “Walking on the moon”, una reinvención tropical (latina, creo, es un adjetivo que le quedaría flojo) donde la participación del Gran Fellove le confiere un aire nuevo, particular, intenso, como es el propio cantante cubano-mexicano. A propósito, otro asunto sería indagar en los posibles “homenajes” que el bajista mexicano realiza en este disco.

“Emilia” es casi como un vals, una especie de invitación a bailar pausada, cadenciosamente con la pareja, susurrándole al oído y a la piel. Sí, simplemente podría ser la suave declaración de amor que el enamorado musita a la amada o los trazos poético-amorosos que el tímido bardo dedica a su musa. Sí, el amor puede ser cursi, pero por eso mismo es maravilloso.

“Desierto modo” es una despedida o salida amable, medio carioca, próxima a la bossa nova, a la música brasileña, en la que la templanza y la armonía se conjuntan para configurar un tema un tanto nostálgico, pero actual, “movido” y sabroso. En suma y de cierto modo, “Entre tiempos” es un disco que nos hace pensar en que no hay nada mejor que el creador sea el intérprete de sus temas, como en este caso de Juan Cristóbal Pérez Grobet y sus chingones cuates y colegas.

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