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Entrevistas - May 11, 2009

Juan Esparza Pérez, se siente orgulloso de que la gente le diga que se parece a Javier Solís

Juan lleva 23 años seguidos
visitando la tumba del
admirado ídolo de
la canción mexicana
Foto: Azteca 21/
Gregorio Martínez M.
Para mi amigo “javierista” Víctor Eduardo Rodríguez Méndez, en Morelia

Por Gregorio Martínez Moctezuma
Corresponsal Azteca 21

Ciudad de México. 10 de mayo de 2009. El día 1 de septiembre de 1931 vino al mundo Gabriel Siria Levario, a quien la posteridad conocería con el nombre de Javier Solís, también conocido como “El morrongo de Tacubaya”. Por cierto, no nació en Nogales, Sonora ni en este barrio populoso del poniente de la ciudad, sino en la no menos popular colonia Doctores.

Como es conocido, el que también fuera payaso, boxeador, mecánico, carnicero y panadero, entre otros oficios, pasó a la inmortalidad la madrugada del 19 de abril de 1966, justo cuando su nombre y su fama se proyectaban intensamente en el mundo. Así, después de 33 años de que el cantante chilango abandonara esta vida, sus admiradores no lo han olvidado y cada año acuden a su tumba en el Panteón Jardín a cantar canciones, a comer y tomar una copa “con Javier”.

Aunque en menor medida que en el aniversario luctuoso de Pedro Infante, afuera del panteón hay un puesto con múltiples objetos alusivos al creador de una magnífica versión de “Granada” y cerca de su tumba hay puestos de comida, discos, películas y retratos. Menos, pero más decididos y auténticos que los de “El Torito”, sus admiradores rinden tributo al “Rey del bolero ranchero” en su tumba. Algo que llama la atención es que no son pocos los que tienen cierto parecido físico con “El ídolo de Tacubaya” ni escasos los que interpretan un tema “igualito” que “El Señor de las Sombras”.

Entre ellos me topé con el que quizás se parezca más en el rostro al artista inigualable, que también gustaba de caracterizarse como el payaso “Javierón”. Es un hombre sencillo, afable, quien ya se retiraba del panteón en compañía de su esposa. Amablemente accedió a charlar unos minutos conmigo.

“Me llamo Juan Esparza Pérez y vengo de Cuautitlán Izcalli. Soy de un pueblo que se llama Santa Rosa, del municipio El Arenal, a un ladito de Pachuca, en el estado de Hidalgo. Nací en 1948 y tengo 60 años. No, nunca tuve oportunidad de conocer a este gran artista, desgraciadamente, como me crié en un rancho, muy lejano, yo oía a Javier Solís por medio de la radio, pues lo oía cantar y me gustaron sus canciones, cómo cantaba él cuando salía el programa… no me acuerdo bien, parece que de las cuatro, no, de las tres a las cuatro de la tarde, pasaba un programa de él, de sus canciones. Entonces yo juré ante Dios que algún día conocería la tumba de Javier, tenía que venir a verlo, por sus canciones que me gustaron mucho, y me gustan. ¿Cuáles? Uhh, hay infinidad de canciones que me gustan, hay algunas que no alcanzó a grabar él, por ejemplo ‘Cuál Juan’, hay varias canciones que canta en sus películas que no las grabó él, yo he platicado con sus hijos, con sus esposas y eso me han dicho, nos llevamos bien ellos y yo, pues me conocen desde hace varios años y nos han dado el honor de saludarnos cada año que venimos a la tumba. Son los hijos de las primeras esposas, varios de sus hijos me conocen y me hablan muy bien, como vengo cada año, van y me saludan…

“Cuando él falleció, en 1966, yo estaba trabajando en Pachuca, era tabiquero, y el día que me dieron la noticia de que se había muerto sentí y siento feo todavía [su rostro se ensombrece y la emoción llega a sus ojos, que a duras penas contienen el llanto], porque, digo, si vieras que me hirió el corazón ese señor, sea por sus canciones, no sé, me gustan las canciones de Pedro, de Jorge, de varios artistas, pero las que me hacen llorar y siento sentimiento son las de Javier, las que me gustan más son ‘La mano de Dios’, ‘Las rejas no matan’, ‘Renunciación’, ‘Cuál Juan’, pero casi todas las de Javier me llegan al corazón, sinceramente. Yo soy herrero, me gusta cantar cuando me echo mis tragos, nomás para pasar el rato.

“Vengo desde hace 23 años, sin fallarle un año, pues para mí es un orgullo que la gente me diga que me parezco a Javier Solís, mucha me lo ha dicho, pero yo no soy nadie para quitarle la fama a un señor que tuvo una fama muy bonita, y con cuántos sacrificios se la ganó él, y para hacerle un contrapeso…, no, no se vale…

“Hoy llegué desde la siete y media, abrieron hasta las nueve en el Lote de Actores; hubo mañanitas, la misa, vienen sus hijos y esposas, estuvo el mariachi Oro y Plata ahí con nosotros, sus hijos y esposas dan las gracias por venir. Ya se fueron, pues se les ponchó una llanta, toda la familia nos atiende muy bien, por lo menos a mí que me conocen, nunca he ido a la casa de ellos [apenado], pues no soy de las personas, no me lo creas, no soy interesado… Ojalá que nunca quitaran ese programa que sacan cada noche, o creo que ya lo quitaron… Aunque Serrano [sic] pasa seguido un recordatorio de Javier Solís y de Pedro Infante, comenta de ellos, y claro, la gente que no los olvida, obviamente yo tampoco, que aquí estoy…”, dice este hombre sensible y sincero, cuya sencillez es auténtica, como la de su ídolo.

A su lado está su esposa, doña Rosa María García, quien nació en Aguascalientes, de 57 años, quien agrega: “Nos juntamos por la gracia de Dios y venimos a la tumba de Javier Solís porque nos gustan sus canciones, sí, también me gustaba mucho Javier, pues mi viejito toda la cara tiene de él. Tenemos cuatro hijos y venimos cada año. Y sí, lo quieren mucho los hijos de él”, asegura al tiempo que me muestra una foto de ellos con tres de los muchos hijos que el cantante y actor procreó antes de dirigirse a la gloria eterna.

Al fondo, en torno de la tumba de quien en los inicios de su carrera artística se llamó Javier Luquín, cientos de personas coreaban sus canciones y sus imitadores hacían turno para homenajearlo, para rendir tributo a quien casi sólo con el encanto de su voz (sus películas pasan muy poco, en relación con las del “Ídolo de Guamúchil”) hechizó a todo un pueblo latinoamericano: el inmortal Javier Solís.

Comentarios a esta nota: gregorio.martinez@azteca21.com

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