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Música - May 10, 2009

Adiós a un gran huapanguero: Servando Rubio Andrade

La música tradicional
mexicana perdió a uno
de sus más entusiastas
y decididos promotores,
el huapanguero hidalguense
Servando Rubio Andrade
Foto:
Azteca 21/Gregorio Martínez M.

• El músico hidalguense falleció la semana pasada olvidado por las autoridades culturales de su estado y de las federales.

• El profesor Eduardo Bustos Valenzuela, músico y trovador huasteco, le rinde homenaje con unas décimas.

Por Gregorio Martínez Moctezuma
Corresponsal Azteca 21

Ciudad de México. 10 de mayo de 2009. La tarde del sábado 2 de mayo la música tradicional mexicana perdió a uno de sus más entusiastas y decididos promotores: el huapanguero hidalguense Servando Rubio Andrade, quien falleció de un paro respiratorio a bordo de un taxi, mientras su esposa Caritina y su hijo Juan Rafael lo trasladaban a una clínica del IMSS en Xalostoc, puesto que en la que está ubicada a unos pasos del metro Plaza Aragón, más cercana a su domicilio, se negaron a proporcionarles una ambulancia. “Eran, aproximadamente, las 14:30 horas cuando me di cuenta de que ya no respiraba”, rememora con el sentimiento a flor de piel su hijo, quien también toca jarana y quinta huapanguera, como su padre, como le enseñó don Servando.

Hoy, es domingo y Día de las Madres. La familia Rubio Ponce se encuentra reunida en el domicilio paterno, en la colonia San Agustín, municipio de Ecatepec. Fueron tres hijos del matrimonio, pero José Antonio, el menor, murió en 1991 de cáncer linfático, cuando estudiaba Sociología en la UAM. Los otros dos, amable y generosamente, accedieron a platicar con Azteca 21 acerca del hombre que dedicó casi toda su vida a la música huasteca, que fue el eje de su existencia. “En los últimos días, ya que estaba más malito [padecía enfermedad de Alzheimer], Servando agarraba la jarana y se la terciaba en el hombro, se subía a la azotea y ya después de un rato se bajaba más tranquilo, pues decía que iba a cumplir sus compromisos de música, que tenía chamba”, señala doña Caritina, quien me dice que en enero pasado habían cumplido 52 años de casados.

Gustavo es el otro hijo de don Servando, vive en Estados Unidos y vino a acompañar a sus seres queridos en estos días de duelo. “Llegué el domingo 3, ya en la noche, apenas a tiempo para irnos al otro día temprano a Jacala, Hidalgo, la tierra de mi mamá, allá enterramos a mi papá”, me explica, al tiempo que me invita a ver un DVD que acababa de recibir, pues mandó a hacer la transferencia de un video en formato VHS en el que sale don Servando con su trío.

“Es del programa ‘Por los caminos del son’, con Eugenio Sánchez Aldana y Alicia Camps, salía en el Canal Once y es del 11 de septiembre de 1988, no se ve muy bien, con algunas fallitas”, añade este hombre generoso y de una inteligencia relevante, cuyo parecido físico con su padre es evidente.

El programa antedicho está dedicado al estado de Hidalgo, lo presentan y comentan Alicia y Eugenio, este último actualmente conductor del programa “El chahuiztle”, que se transmite por Radio Educación cada domingo antes del mediodía. El trío Amanecer Huasteco, integrado por Servando Rubio, en la jarana, Víctor Cervantes en el violín, y Juan Morales en la quinta huapanguera, luce en plenitud y, extrañamente, como la escenografía de pirámides mesoamericanas, viste un lujoso traje de cuera tamaulipeca. Así, durante aproximadamente media hora, interpretan los sones “La perla huasteca”, de Luis Vázquez, “Las tres huastecas”, de Nicandro Castillo, “El caimán”y “El gusto”, de Elpidio Ramírez, “El cantador” y “El hidalguense”, de Nicandro Castillo.

Antes de concluir “Por los caminos del son”, Eugenio le pregunta a Alicia qué le ha parecido la música presentada y la conductora responde espontáneamente: “Me encanta cómo toca Servando”. El músico hidalguense tañe una jarana orlada con una cubierta plateada, hace gala de su buena voz y apenas comienzan a salirle canas en las sienes. Tenía entonces casi 56 años. De Víctor, el violinista, doña Caritina me dice que murió atropellado por el rumbo de Plaza Aragón hará cosa de unos cinco años.

Les pregunto sobre sus raíces familiares y me hablan de los padres de don Servando, de sus hermanos, de sus profundas raíces huapangueras (para más detalles, puede leer la semblanza que sacamos aquí mismo en enero de 2007: (http://azteca21.com/index.php?option=com_content&task=view&id=5466&Itemid=35). Muchos de sus familiares son músicos, como Jesús Rubio Alcántara, integrante de otro trío hidalguense, el renombrado Armonía Huasteca, cuyo violinista, don Frumencio Olguín Nápoles, también oriundo de Chapulhuacán, falleció en septiembre de 2008 y quien fue a visitar el año pasado a su amigo Servando, unos dos meses antes de morir, recuerda Juan Rafael, pues, además, la esposa del violinista era pariente de don Servando.

“Mi jefe nos crió con su música, pues él era obrero, de sueldo mínimo, cada sábado se iba a tocar, inclusive tocaba en los camiones, en el metro, en las cantinas, donde se pudiera, pero él realmente no lo hacía por dinero, sino por la música, necesitaba tocar su música para vivir”, evoca Gustavo, quien lamenta no haber aprendido a tocar un instrumento huapanguero, a diferencia de su hermano mayor, Juan Rafael, quien acompañó un tiempo a tocar a su papá, junto con su tío, Prócoro Rubio.

“Los tríos que más le gustaban eran, sobre todo, el de los Cantores del Pánuco, el Camalote, los Hermanos Calderón”, dice doña Caritina. “Y también Los Camperos de Valles, cuando estaba Copado en el violín”, agrega Gustavo. “Y el huapango que más le gustaba era el de ‘Músicos famosos’, que hizo uno de sus primos, Prócoro, que murió hace un par de años”, añade la señora Ponce de Rubio.

En el piso de la sala de la casa está colocada una cruz de cal, remarcada con una veladora en cada extremo, al pie de una silla, en la que está un retrato del músico hidalguense y una foto pequeña de su hijo José Antonio, otras veladoras, un cuadrito de San Martín Caballero y uno grande de la Virgen de Guadalupe, rodeada de dos floreros. “El miércoles 13 vamos a levantar la cruz, el jueves 14 en la tarde habrá una misa y, primero Dios, el viernes 15 vamos ir a Jacala a dejar la cruz en su tumba”, me refiere doña Caritina, quien me explica que fue deseo de su esposo estar al lado de su hijo, quien también solicitó ser sepultado ahí, en la tumba de sus abuelos maternos, en el panteón municipal de esa población hidalguense.

“En el velorio vinieron varios primos que son músicos a tocarle, hijos de mi tía Alicia Ponce y mi tío Liborio Martínez, que son mariachis en Garibaldi y tocan de todo; allá en Jacala también le tocaron otros, como mi primo Chucho”, dice Gustavo.

Me explican que don Servando no grabó mucho y me muestran el disco más antiguo que conservan, uno de 45 rpm, de Los Regionales de Hidalgo, en uno de cuyos lados está “La leva”, el cual fue grabado el 2 de agosto de 1975, me aclara Gustavo con vista de halcón. Otros dos del trío Alma del Son Huasteco, con don Servando en la quinta huapanguera, uno con dos temas de Juan Solís, “Las rancheritas” y “El agricultor”, y otro con “La leva”, “El gusto”, “El caimán”, “El querreque” y “Cielito lindo”. Hubo otros dos proyectos de casete o disco, pues están las impresiones de las portadillas, titulados “La Huasteca canta” con Los Regionales de Hidalgo (Juan, Gorgonio y Servando) y “Antología del son huasteco”, ya con el trío más estable y duradero de don Servando: Amanecer Huasteco.

Hay otro casete, “Servando Rubio y su Amanecer Huasteco. Mañanitas huastecas y otros huapangos”, que incluye catorce temas: “Arriba Pánuco”, “Fiesta huasteca”, “El tejoncito”, “El solitario”, “El miramar”, “El San Simón”, “El rebozo”, “Tierra queretana”, “Mañanitas huastecas”, “La calandria”, “El queretano”, “El huerfanito”, “El caimán” y “San Lorenzo”.

En el reverso de la portadilla del casete “La Huasteca canta”, de Los Regionales de Hidalgo, hay unas palabras clave: “Primero fueron Los Regionales de Hidalgo con Juan Solís, Gorgonio Rubio y Servando Rubio. Después grabamos en LP con el finado Delifino Villegas G.V.C. De violinista Santos Castillo, compañeros Gorgonio Rubio, Liborio Martínez y Servando Rubio. Éramos cuatro integrantes. Después grabamos un LP con el señor Manuel Fuentes marca SEM con el nombre Artistas de Alma del Son Huasteco (sic) con Juan Solís, Eugenio Leyva y yo, Servando Rubio. Ahora se llama Amanecer Huasteco con el violín de don Antonio Hernández, así se va a quedar con su amigo Servando Rubio”.

En el de “Servando Rubio y su Amanecer Huasteco…” hay otras que transcribo enseguida: “…A los siete años empecé a tocar, no conocía los tonos, mis dedos no me alcanzaban para apoyarme en el diapasón. A través del tiempo empecé a salir a tocar a los pueblos cercanos (al mío) con mi hermano a las fiestas patrias… Servando Rubio”. Además: “Créditos: Arreglos del trío Amanecer Huasteco. Servando Rubio, jarana; Fidel Espinoza, violín, y Juan Morales, quinta huapanguera. Diseño de portada: Anatolio Vázquez. México, 1998”.

A don Servando le sobreviven su esposa Caritina Ponce Franco, su hijo Juan Rafael Rubio Ponce, quien está casado con Gloria Araiza Morales, quienes tienen tres hijos: Erick Olivier, Diana Itzel y Andrea Giselle Rubio Araiza; su hijo Gustavo, casado con Sandra Marreiro, quien tiene un hijo, Néstor Calderón. Diana Itzel tiene una hija, Sherlyn Vanessa Martínez Rubio, de seis años, quien era el amor chiquito, la bisnieta consentida de don Servando, a quien le cantaba y la defendía a toda costa.

Quede aquí el testimonio, unas palabras contra el silencio y el anonimato, para mantener viva la memoria de un gran huapanguero, Servando Rubio Andrade, quien también se desempeñó como albañil, obrero, cargador de refrescos, vendedor de paletas de hielo  y maletero en la Flecha Roja, y murió sin recibir un homenaje ni reconocimiento por parte de ninguna autoridad cultural, tal como se lo merecía sobradamente. Laura Olivia Montesinos y Anatolio Vázquez le organizaron uno en 2007 (publicamos una crónica aquí mismo: http://azteca21.com/index.php?option=com_content&task=view&id=5505&Itemid=3). Incluso, este suceso fúnebre hace que pensemos nuevamente en la necesidad de contar con un registro de músicos tradicionales y, con base en ello, implantar un sistema de becas o pensiones a todos aquellos que hayan mantenido viva la tradición musical de México durante o más de 25 años. Claro, a solicitud expresa.

Quiero expresar mi agradecimiento a la familia Rubio Ponce por su amabilidad y su tiempo, por sus palabras, que juntándolas con muchas otras [mientras hablábamos, en Radio Educación, Enrique Rivas Paniagua dedicaba su programa “Son… idos de la Huasteca” a don Servando y el maestro Eduadro Bustos nos compartía unos versos] harán que la trayectoria del músico hidalguense perdure en el tiempo y en la memoria de todos los amantes del huapango y de nuestras tradiciones.

El profesor Eduardo Bustos
Valenzuela, músico y
trovador huasteco, es el
autor de las décimas con
que se cierra esta nota
Foto:
Azteca 21/Gregorio Martínez M.

Por último, transcribo a continuación los trovos encadenados que el maestro, músico, trovador y promotor cultural huasteco Eduardo Bustos Valenzuela escribió con motivo de la muerte de don Servando y que generosamente compartió con su servidor: “Con todo pesar y sentimiento, te hago llegar este escrito a la memoria de un gran personaje huapanguero, quien hubiésemos querido que fuera todavía más reconocido por su constancia y entrega a la música de su tierra natal”.

Otro Amanecer Huasteco

A don Servando Rubio Andrade; huapanguero de abolengo y gran amigo. In memóriam.

De gran casta huapanguera,
Nacido en Chapulhuacán,
Dedicóse con afán,
A huapanguear por doquiera.
Su jarana, compañera,
De tan grandes violinistas,
Sergio Hernández va en las listas,
Tiburcio y Frumencio Olguín,
Juan Solís San Agustín,
Procuro Rubio, otro artista.

Procuro Rubio, otro artista,
De una dinastía grandiosa,
Chucho de voz prodigiosa,
Gorgonio muy buena arista,
De cultura que equidista,
Al ser huastecos valiosos,
Cual músicos muy virtuosos,
Que en nuestra senda son pista.

Que en nuestra senda son pista,
Como lo fue don Servando,
De quien vamos lamentando,
Que su persona hoy no exista,
Mas su ejemplo nos conquista,
Por músico veterano,
Quién con azote de mano,
Llevara altivo su son,
Porque contó con el don,
Que sólo Santa Cecilia,
Le concede a la familia,
De tan musical cordón.

De tan musical cordón,
Se aferró de nacimiento,
A su tierra, su elemento,
Velando la tradición,
Tocó con dedicación,
Ante todo vendaval,
Y con su “alma regional”
Que huasteca se integrara,
Acompañó buena “vara”,
Y grabó buen material.

Y grabó buen material,
Fue un huasteco promotor,
Y hasta se hizo productor,
De su música al final,
Rubimex, marca especial,
Que registró su deseo,
De difundir sin video,
Música de aquellos días,
Que dejó en su antología,
Sones sin mayor conteo.

Sones sin mayor conteo,
Mas lo que es hoy lamentable,
El hecho desagradable,
Incomprensible, muy feo,
Que sin gozar de recreo,
Fue su situación precaria,
Pues su dote extraordinaria,
No se reconoció tanto,
Por eso nos causa llanto,
Pese a ser de vida diaria.

Pese a ser de vida diaria,
Que tanta gente admirable,
Viva en forma miserable,
Siéndonos tan necesaria,
Para acrecentar el área,
Del quehacer en la cultura,
Pese a ser de gran altura,
Le impiden el ascender,
Primero ven “el poder”,
Y después toda “censura”.

Y después toda censura,
Dejando atrás la vehemencia,
El arte, el saber, la ciencia,
Sin hallar a ello la cura.
Mas en nosotros perdura,
Don Servando Rubio Andrade,
Y la nostalgia me invade,
Pues del cielo escucho el eco,
Y el “Amanecer Huasteco”,
Desde hoy brilla como el jade…

Profesor Eduardo Bustos Valenzuela
3 de mayo de 2009

Comentarios a esta nota: gregorio.martinez@azteca21.com

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