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Libros - May 9, 2009

“Un tiempo suspendido. Cronología de la vida y obra de Juan Rulfo”, obra de Roberto García Bonilla

El libro hace un recuento
minucioso de la vida y
obra de Rulfo, quien
pasó a la posteridad
con sus obras,
'Pedro Páramo' y
'El llano en llamas'
Foto: Cortesía CONACULTA

Ciudad de México.- 9 de Mayo del 2009.- (CONACULTA) Editado por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes a través de la Dirección General de Publicaciones, el libro Un tiempo suspendido: cronología de la vida y la obra de Juan Rulfo, escrito por Roberto García Bonilla, se presentará el próximo 12 de mayo en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes.

 

        El libro hace un recuento minucioso de la vida y obra de uno de los más destacados escritores de la literatura mexicana, quien pasó a la posteridad con sus obras, Pedro Páramo y El llano en llamas.

 

        Si bien es cierto que la imagen de Juan Rulfo y su obra misma están rodeadas de enigmas, secretos y mitos, a través de más de mil 200 referencias y citas sobre el escritor jalisciense, García Bonilla realizó una investigación a fondo para retratar al personaje y al artista que llevaba dentro el escritor.

 

        En el prólogo, Carlos Blanco Aguinaga precisa que el libro de Roberto García Bonilla “es como un regalo para todos los que hemos sido y seguimos siendo entusiastas admiradores de la obra de Juan Rulfo”.

 

        La obra empieza con breves notas biográficas sobre los bisabuelos, abuelos y abuelas del escritor y, ya a partir del nacimiento del jalisciense, año con año, día con día, nos informa no sólo sobre los quehaceres y andanzas, dichos y hechos de Rulfo, sino sobre lo que unos y otros dijeron y escribieron acerca de éste.

 

        El libro no es de fácil lectura, en cuanto a que no puede leerse de corrido como una novela, o una biografía tradicional. Exige suma atención, y muchas pausas de parte del lector para relacionar –por ejemplo– lo dicho, o dizque dicho por Juan José Arreola sobre la forma definitiva de la estructura de Pedro Páramo.

 

        La cronología está llena de temas o asuntos de interés para todos aquellos que gustan de la obra de Juan Rulfo: la historia del noviazgo del escritor con quien sería su esposa; su relación con Efrén Hernández en la Secretaría de Gobernación; su angustia cuando era algo así como “capataz” de los obreros en la Goodrich Euzkadi; los recuerdos de su dolorosa niñez; sus viajes, cuando ya era famoso, a muchos lugares de Europa y de Hispanoamérica.

 

        El libro explora la existencia de Juan Rulfo hasta en sus íntimos detalles. La principal intención del autor fue realizar un estudio exhaustivo del escritor, a través de un abundante compendio biblio-hemerográfico, que le llevó una década conjuntarlo luego de exhaustas investigaciones.

 

        “Esta no es una versión propia de lo que para mí es Rulfo, sino una exposición exhaustiva de lo que han dicho sobre él comentaristas, biógrafos, críticos y periodistas. Hay muchos equívocos y maledicencias en torno a él, que han colaborado a su mito, pero yo dejo que los lectores saquen sus propias conclusiones”, refiere García Bonilla.

 

        Luego de adentrarse en los antepasados más lejanos de Rulfo, el también autor de libros como Visiones sonoras (Siglo XXI/Conaculta, 2002) y Voces encontradas. Un recuento fragmentario de la crítica y la prensa en torno a Juan Rulfo (en prensa), consigna información no sólo sobre los datos biográficos del escritor, sino también sobre su “extraordinaria vida anímica”: su vena de fotógrafo, su sensibilidad ante los pueblos indígenas, su enorme capacidad de aprender de las cosas más sencillas.

 

        García Bonilla refiere que si bien Rulfo no había tenido aventuras, viajes o encuentros extraordinarios, sí tenía en cambio una amplísima cultura literaria y gran curiosidad por el mundo. “Podía hablar de cualquier cosa, aunque no lo proyectara en discursos o en conferencias de prensa”.

 

        Era un hombre de provincia que quería recuperar lo más primigenio y auténtico de la gente. A veces eludía la fama de manera juguetona, pero también podía ser rotundo a la hora de decir ‘no me molesten, no quiero que me usen, no quiero ser parte de la leyenda’, concluye García Bonilla.

 ACO

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