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Arte y Cultura - May 9, 2009

Gracias a una sequía que se registró hace más de mil años en Uxmal, los mayas veneraron a Tláloc

Existen frisos decorados con
la imagen de Tláloc, que
datan del año 950 d.C., época
de la sequía en la región
Foto: Cortesía INAH

Ciudad de México.- 9 de Mayo del 2009.- (INAH) Una intensa y prolongada sequía y hambruna registrada hace más de un milenio en la región de Uxmal, Yucatán, propició que los antiguos mayas además de venerar a Chaac, dios de la lluvia, también recurrieran a la deidad azteca equivalente, Tláloc, para solicitarle la obtención del vital líquido, como lo revelan diversas representaciones escultóricas de la divinidad mexica en dos de los principales templos de dicho sitio prehispánico.

 

José Huchim Herrera, director de la Zona Arqueológica de Uxmal y de la Ruta Puuc, informó que las representaciones de Tláloc se observan en estructuras como la Torre de los Mascarones, del edificio conocido como Las Monjas y en algunos relieves del remate de la cornisa del Templo del Adivino.

 

Estos dos ejemplos de la adopción de costumbres externas por el pueblo maya se han fechado entre los años 906-950 d.C., periodo en el que se registró una fuerte sequía en la región que provocó hambruna. Aunque la veneración de Tláloc podría considerarse como “falta de fe” en su propio dios de la lluvia, Chaac, la realidad es que fue una “solicitud de apoyo” para su deidad rectora, sin que ello significara su desplazamiento, opinó el arqueólogo.

 

También, dijo, existen frisos decorados que datan del año 950 d.C., que hablan sobre la sequía en la región y que coinciden con datos que aparecen en una columna estratigráfica de un cenote cercano a Uxmal, donde hay una inscripción que describe el mismo período de aridez y problemas de fertilidad de la tierra.

 

El arqueólogo del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta), explicó que la práctica de recurrir a una deidad “foránea o extranjera”, por parte de los antiguos mayas, no fue común, sin embargo la constante interacción a nivel comercial con los pueblos mesoamericanos sobre todo con el centro de México, pudo inducir la adopción de otro tipo de costumbres culturales.

 

“En determinado momento, ante una fuerte crisis en sus ciudades como pudo ser una prolongada sequía, el contacto con exitosos modelos ajenos a la cultura maya podría haber motivado el ´uso´ de los mismos por voluntad propia, sin que esto representara una imposición”, comentó Huchim Herrera.

 

En el sitio prehispánico de Uxmal, el rostro de Tláloc fue representado con dos serpientes entrelazadas, cuyos cuerpos forman sus ojos rodeados por aros y una nariz retorcida, al unirse, las fauces de los reptiles figuran la boca con los distintivos seis ganchos o colmillos. En efigies de las civilizaciones tolteca y teotihuacana el dios mexica de la lluvia aparece más estilizado con elementos como anteojeras o anillos alrededor de los ojos.

 

Por su parte, su equivalente maya, Chaac, era una entidad sagrada más enigmática por sus múltiples manifestaciones antropomorfas, zoomorfas o fitomorfas, cargadas de simbolismo, muchas de ellas veneradas hasta hoy en algunas comunidades mayas.

 

Otros ejemplos de la incorporación de elementos culturales ajenos y que se compartieron en toda Mesoamérica se dieron en  la arquitectura, como por ejemplo el juego de pelota o el Chac Mool— escultura que representa un hombre recostado sosteniendo una vasija en su vientre—, que diferentes culturas adoptaron a lo largo del actual territorio nacional.

 

Finalmente, el titular de la Zona Arqueológica de Uxmal refirió que la insuficiencia de agua en la región podría explicar la compleja y antigua red hidráulica que el sitio posee. Sus obras abarcan un conjunto de aguadas de 250 metros de longitud, múltiples sistemas de almacenamiento de captación de lluvia de entre 70 y 120 centímetros, y cerca de 150 chultunes, depósitos en forma de botella, excavados en roca caliza y recubiertos con estuco.

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