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Columnista Invitado - May 7, 2009

Con o sin tapabocas

Con o sin tapabocas

Autor Dr. Mario Melgar Adalid
Integrante del despacho CCN Law de San Antonio TX

México ha sido un país extraordinariamente generoso con los extranjeros. País mestizo, sabe de la riqueza de la amalgama social, racial y cultural. Algunos lugares han recibido de México alivio en momentos aciagos, en trances mucho más difíciles que los que nos trajo el virus. México ha sido la tabla de salvación de miles y miles de perseguidos políticos, desamparados de la vida, buscadores de fortuna, emprendedores que, sin horizonte en sus tierras natales, encontraron con nosotros las condiciones para construir proyectos y grandes fortunas. Aquí se volvieron respetables. En otras ocasiones no ha sido el asilo personal, pero la solidaridad internacional mexicana ha estado siempre presente.Cuando el mundo condenó a Cuba al ostracismo, México fue el único país que le tendió la mano. Defendimos al régimen de Castro contra viento y marea. Algunas ocasiones en contra del vecino poderoso y primer socio comercial, sin importar las represalias que se hubieran generado. México siempre brindó ayuda: apoyo económico, turismo, colaboración académica, puente para triangular inversiones en ese país, protección a sus ciudadanos, hasta simpatía a sus éxitos deportivos, sanitarios y educativos, pero particularmente con nuestra ejemplar política exterior. Naturalmente la excepción es el vergonzoso “comes y te vas”.

A los argentinos y chilenos les dimos la mano cuando sus dictaduras militares los torturaban y perseguían hasta la muerte. Les abrimos nuestras universidades, particularmente la UNAM y sus centros de investigación, a profesores e investigadores -por cierto solamente había contadas lumbreras-, se les ofrecieron plazas burocráticas a los asilados para que llevaran el pan a su casa, sin importar que otros mexicanos, igualmente necesitados, fueran desplazados. “Es que son argentinos o chilenos” y contra esa consigna nadie replicaba. Todo lo hicimos con un gran respeto a su dignidad, con nobleza y hermandad latinoamericana. Ahora la hermandad dejó de ser recíproca.

Perú, Ecuador y particularmente Cuba y Argentina, cometieron un error histórico al cerrar sus puertas a los mexicanos. No solamente actuaron en contra de las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, sino en contra de la historia. Cuando Argentina se embarcó en la locura de la Guerra de las Malvinas, México mostró su solidaridad por principio y en su reclamación de soberanía sobre las islas, lo ha seguido manifestando en la convenciones de la OEA. Chile no ha tomado ninguna posición oficial, pero las crónicas de lo que aconteció hace unos días a los jugadores del equipo Guadalajara por parte de los chilenos, merecía una mayor explicación gubernamental. Si alguien sabe bien lo que México hizo por Chile en los aciagos días de Pincohet es Bachelet su presidenta.

La cancillería mexicana ha dado un paso correcto en reprobar formalmente estos hechos, exceptuando naturalmente el de Chile en el que no hay materia oficial. La Secretaría de Relaciones Exteriores nos convoca a no viajar a esos países, a los que históricamente tendimos la mano que ahora nos rechazan como si fuéramos leprosos. Ignorancia o no, me parece una ingratitud imperdonable. La ciudadanía mexicana que ha sido la que merece la medalla de oro en estas olimpiadas de la desventura, debe tomar nota cabal de estos hechos para que no olvide.

Si los llamados “hermanos” latinoamericanos nos han cerrado la puerta de sus casas, sería mezquino no reconocer la solidaridad de quienes han estado de nuestro lado. Estados Unidos y Canadá han dado señales de que Norteamérica puede ser una realidad geopolítica. En la Unión Americana el gobierno suprimió las presiones de grupos poderosos que pedían el cierre de la frontera. Obama, totalmente solidario, canceló la pretensión, llamó a Calderón y no ha culpado a México. En un programa televisivo de análisis de las noticias, alguien dijo que por qué gastar tanto dinero en Irak, que no agradece la ayuda, y no hacerlo mejor con México, que es el vecino y amigo. Un locutor de la radio en Chicago se refirió a los mexicanos como sanguijuelas y assassinaliens. Sin más, en el país que privilegia la libertad de expresión le fue retirada su licencia.

The Washington Post, influyente periódico conservador, generalmente crítico de México, pidió mayor ayuda a nuestro país que ha mostrado cómo deben hacerse las cosas en casos de desgracias. Lo puso de esta manera: “Que Estados Unidos no dé un total apoyo a un gobierno mexicano amigo, democrático y capaz no sólo es miope sino peligroso”. De España recibimos lo que puede dar un país de bien nacidos. Sabemos que contamos con la solidaridad española. Su papel con respecto a México ha sido ejemplar como le corresponde a su papel histórico en la integración de la comunidad iberoamericana. No así el gobierno de Francia que pretendía cancelar nuestros vuelos y la Comunidad Europea se lo impidió.

Los chinos tomaron medidas discriminatorias contra mexicanos casi indefensos. Dan ganas de devolverles el laboratorio portátil que mandaron y su cheque menor en dólares que el Presidente -en un acto insólito- fue él mismo a recibir al aeropuerto en la madrugada. Seguramente apenados de haber tratado a mexicanos, sin signos de enfermedad, como apestados, envían otro avión con ayuda médica. Mal haría Calderón de distraerse nuevamente en ir al aeropuerto a recibir la donación.

Cuando ayudábamos a los argentinos y a los chilenos el humor popular inventó aquella ingeniosa frase “México para los chilenos y Chile para los mexicanos”. Nunca ha resultado más cierto aquel adagio. Los mexicanos tomamos nota, recordaremos y, como siempre, saldremos adelante, con o sin tapabocas, con o sin latinoamericanos que olvidaron.

Fuente: Columna publicada por el periódico Excelsior de la ciudad de México. .

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