Home Buenas Noticias Con flores, cantos y danzas honran a Coatlicue y Tláloc por el “Día Mundial de la Tierra”
Buenas Noticias - April 21, 2009

Con flores, cantos y danzas honran a Coatlicue y Tláloc por el “Día Mundial de la Tierra”

La 'Sala Mexica' se llenó de color
y música, los estandartes con
símbolos prehispánicos
y la Virgen de Guadalupe
rodearon a Coatlicue
Foto: Cortesía INAH

Ciudad de México.- 21 de Abril del 2009.- (INAH) La Sala Mexica del Museo Nacional de Antropología (MNA) se llenó de música, color y alegría con la celebración alusiva al Día Mundial de la Tierra, establecido el 22 de abril por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) hace 40 años. El recinto resguarda al monolito de Coatlicue, diosa-madre de la Tierra, a quien se le ofrendaron flores, cantos y danzas.

La mañana del domingo, antes de realizar las últimas actividades de la 20ª Semana de Trabajos por la Ofrenda a Nuestra Madre Tierra, los organizadores, pertenecientes a distintos grupos civiles, recibieron instrucciones de las autoridades del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta) para guardar el orden y cuidar las instalaciones.

La mayoría de los oferentes portaban vestimentas de alusión prehispánica, grandes penachos de plumas multicolores, taparrabos, faldas con bordados, caras pintadas, algunos representando a los caballeros águila y jaguar, y los demás simplemente iban de blanco y/o con ropa típica.

A las puertas del museo se realizó la ofrenda a Tláloc — deidad mexica de la lluvia—  a quien se le dejaron flores y semillas de chía por representar al dios del líquido que da vida a todo lo que se encuentra en la tierra.

Después, en la calle de Gandhi se llevó a cabo la ceremonia de bienvenida y petición a los cuatro puntos cardinales con cantos en náhuatl, acompañados por el sonido de las flautas, tambores y conchas, y el olor a copal. Traían un estandarte de la Virgen de Guadalupe, que según la creencia popular es Coatlicue, adaptada a la religión católica durante la evangelización después de la conquista española.

En seguida, entraron al museo por la puerta tres, cruzaron la Sala Tolteca danzando al ritmo de la música para llegar al patio del museo —sin pasar por el vestíbulo del recinto ni la fuente del Paraguas—, donde se quedaron unos minutos para danzar. Todos ingresaron a la Sala Mexica, excepto los que traían sahumadores encendidos.

La reacción de las personas que visitaban el MNA, y aún más, de las que se encontraban en la Sala Mexica, fue de asombro y admiración. Los representantes de los pueblos originarios le dieron media vuelta al salón hasta llegar a los pies del monolito de Coatlicue, ubicado a unos metros de la Piedra del Sol (calendario Azteca).

La Sala Mexica se llenó de color y música, los estandartes con símbolos prehispánicos y la Virgen de Guadalupe rodearon a Coatlicue. Mientras sonaban los tambores y flautas, los visitantes del museo se acercaban para observar el rito, manifestación del patrimonio intangible de la nación.

Volvieron a pedir permiso a los cuatro puntos cardinales. Luego, con gritos y el sonar de los cascabeles saludaron a la escultura en piedra de la diosa-madre de la Tierra. Raymundo Mendoza, parte del comité organizador, se encargó de dar el discurso de la ofrenda.

“Para nosotros no es sólo un museo, sino un templo de nuestros antepasados”, dijo; además de pedir a los visitantes que siempre respeten los monumentos y objetos prehispánicos en cualquier parte que estos se encuentren, y de igual forma que fueran cuidadosos con la tierra y llevaran a cabo actividades ecológicas.

Al término de las palabras en ofrenda a Coatlicue, los tambores, flautas y conchas volvieron a sonar y comenzaron las danzas y los gritos de alegría que duraron veinte minutos. Algunos integrantes de los pueblos originarios se olvidaron de la ofrenda a la deidad de la Tierra y danzaron frente a la Piedra del Sol.

Los penachos multicolores se movían de un lado a otro en la danza en honor a Coatlicue, los estandartes se ondeaban y daban vueltas, los mexicanos y extranjeros que visitaban el museo tomaban fotografías y algunos se unieron imitando los gritos y bailes, mientras los vigilantes del recinto cuidaban que nadie tocara las piezas mexicas.

Poco a poco, los danzantes y las demás personas que los acompañaban salieron de la sala, sin antes acercarse al monolito para ofrecerle simbólicamente las flores y semillas que llevaban.

La música y los colores salieron del Museo Nacional de Antropología para dirigirse a Paseo de la Reforma donde comenzaría la caminata rumbo al monumento de la fundación de México-Tenochtitlán, a un costado de Palacio Nacional y el Zócalo de la Ciudad de México.

 Los cantos en náhuatl acompañados con la música de los tambores, las flautas y las conchas, abrían paso rumbo al monumento a Cuauhtémoc, ubicado sobre Paseo de la Reforma esquina con avenida Insurgentes, donde se quedaron más de una hora danzando, mientras los ciclistas del paseo de los domingos se detenían para observar y posteriormente seguir la caminata.

Los carriles centrales de avenida Reforma se llenaron de colorido, música y danzas que no pasaron desapercibidos por las personas que ahí se encontraban, quienes miraban con extrañeza. El calor no evaporó el entusiasmo de los que danzaban con música prehispánica sobre asfalto del siglo XXI.

Conquistaron la vialidad de Avenida Juárez para atravesar las calles del Centro Histórico y continuaron caminando entre las construcciones coloniales que se encuentran sobre los cimientos de Tenochtitlán.

Al llegar al Zócalo, rodearon la Plaza de la Constitución y se detuvieron un momento en el lugar donde se encontró en 1791 el monolito de Coatlicue —en la esquina del Palacio Nacional y Palacio de Gobierno del Distrito Federal.

Luego se dirigieron al monumento de la fundación de México-Tenochtitlán, a un costado del Palacio de Gobierno, donde colocaron una ofrenda de semillas y flores y realizaron danzas durante una hora aproximadamente para dar por terminada la 20ª Semana de Trabajos por la Ofrenda a Nuestra Madre Tierra.

La celebración del Día Mundial de la Tierra pertenece a la gente y no está regulada por una sola entidad u organismo, en ella participan diversos actores de la sociedad mexicana, incluidas sus autoridades gubernamentales y legislativas, los pueblos originarios, académicos y artistas, con el objetivo de fomentar el respeto hacia nuestro planeta y promover el cuidado de los recursos naturales.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *