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Espectáculos - April 20, 2009

52 años sin Pedro Infante y… la leyenda continúa

La tumba de Pedro Infante
aún luce las flores del
amor y la admiración
de sus fieles seguidores
Foto: Azteca 21/Gregorio Martínez M.

Por Gregorio Martínez Moctezuma
Corresponsal Azteca 21

A la memoria de mi padre, Gregorio Martínez Martínez.

Ciudad de México. 19 de abril de 2009. El miércoles 15 de abril se cumplió un aniversario más de la muerte de Pedro Infante, el 52, y poco se escuchó en los medios de comunicación acerca de esta efeméride, sobre todo si pensamos en que aquél aún representa una especie de dios tutelar en el Parnaso del espectáculo nacional y una figura insoslayable en la educación sentimental de los mexicanos.

Sin embargo, el pueblo no lo olvida, la gente mantiene vivo el recuerdo del cantante y actor sinaloense. Sí, esa gente que en su corazón reservó un nicho para Pedrito y no lo sacará de ahí hasta su propia muerte. Por eso, cada 15 de abril en el Panteón Jardín se vive una verbena –suceso que sólo se repite, y en menor medida, el Día de Muertos–, se llena de gente que acude a recordar al único hombre que, con base en una legendaria sencillez, ha merecido el amor, el respeto y la admiración de todo un pueblo durante más de medio siglo.

Este domingo al mediodía acudí al panteón susodicho para visitar la tumba del “Rey del Bolero Ranchero”, Javier Solís, pues se cumplían 43 años de su partida, pero antes pasé a la del inmortal mazatleco y ahí tuve dos encuentros gratos. Uno de éstos con Luis Guzmán, un joven admirador “de hueso colorado” de Pedro Infante, Javier Solís, Jorge Negrete, Frank Sinatra, Ronald Reagan…

Luis tiene 28 años, es moreno, de estatura regular y apasionado en su expresión. Se dedica a la jardinería y parte sustancial de su tiempo la ha dedicado a conocer más de sus artistas favoritos, así como otra de sus ingresos la ha destinado a adquirir objetos de sus ídolos, tales como fotos, revistas y discos, básicamente. Y esta afición la empezó a cultivar a los doce años, por la influencia de un tío, quien conoció a Pedro Infante y le transmitió su admiración por el intérprete de “Amorcito corazón”.

Luis Guzmán está dispuesto
al intercambio de material
con otros fans del
inmortal sinaloense
Foto: Azteca 21/Gregorio Martínez M

Así, al momento de conversar, Luis carga con una bolsa de plástico en la que lleva muestras de su colección: una reproducción del cartel del estreno de “Escuela de vagabundos” en el ya desaparecido “Cine México”, un collage de fotos del actor, una foto de charro, otra en el programa “Así es mi tierra”, del interior de la casa de Infante en Cuajimalpa en la que se aprecian la cantina, la alberca, la peluquería, el cine y el gimnasio… También hay más objetos de Javier Solís y Jorge Negrete.

Asiduo visitante de la tumba del máximo artista popular que ha dado Sinaloa a México y éste al mundo, Luis comparte con los lectores de Azteca 21 sus puntos de vista acerca del 52 aniversario del fallecimiento de Pedro Infante, “El ídolo de México”: “Llegué al Panteón Jardín a las seis y media de la mañana, fui el primero en entrar, de inmediato, después de mí, comenzaron a llegar más personas, pero yo fui el primero. Poco más tarde, casi como a las siete, reporteros de TV Azteca, Grupo ACIR, entre otros, empezaron a instalarse y a hacer enlaces a sus respectivos programas. También pululaban los vendedores de diversos recuerdos y artículos con la imagen o evocación de Pedrito, como cada año, así como los de fritangas y antojitos.

“Radio Sinfonola, ‘La mas perrona’, comenzó a hacer sus enlaces en vivo, entrevistando a algunas de las personas presentes; ahí estaban Gustavo Alvite Martínez y el conductor del programa de Pedro, Arturo Cortés Balderas, al parecer se enlazaron de ocho a once de la mañana. Poco a poco, la tumba y sus alrededores se fueron poblando de cientos de personas. La familia llegó como a las nueve, vi a Lupita Infante y a su mamá, Lupita Torrentera, quien estuvo llorando por la reciente pérdida de su hijo Pedro Infante Jr. Desde el martes anterior, los empleados de la delegación Álvaro Obregón colocaron el templete para los artistas que participaron en el homenaje, pero, la verdad, yo casi no me moví de la tumba, por lo que no te puedo decir quién vino y quién no.

“Cuatro personas cooperamos desde una semana antes para comprar la corona, que es la que dice ‘Pedro’ y las otras dos las pusieron Ismael Rodríguez y Producciones Rodríguez. La compramos entre Marina Osornio, quien tiene 70 años y desde el entierro de Pedro asiste cada año al panteón; Raúl Díaz, quien se caracteriza cada año como Tizoc y así es conocido popularmente entre la gente que acude al panteón; un doctor jubilado y yo; de la corona y flores fueron como 800 pesos, entre cuatro, nos tocó de a doscientos, aproximadamente.

“En noviembre de 2008, el ‘Día de Muertos’, compramos otra entre Marina y yo, además ella le trae flores cada quince días, que paga de su pensión, varias docenas de gladiolas. La tumba no estaba como está actualmente, pues se pintó la herrería y la lápida; para este mantenimiento nos cooperamos Marina, Raúl y yo, fueron aproximadamente mil pesos, con mano de obra incluida, además de las horas y la ayuda que proporcionamos nosotros.

“Yo llevo diez años viniendo cada 15 de abril al panteón, y desde hace dos vengo cada quince días, los domingos, esto se dio porque una vez me acerqué a saludar a Marina y coincidimos en muchas cosas, pero sobre todo en nuestra admiración sin límites por Pedro, a partir de entonces decidí acudir cada quince días a hablar de él y pasar unas horas junto a nuestro ídolo.

“Sí, colecciono objetos de Pedro, como fotografías, discos, hasta me han ofrecido ropa, pero, como es imposible saber si es auténtica la propuesta, no la he adquirido. Cuento con alrededor de trescientas fotos diferentes de Pedro Infante y setenta discos elepés, veinticinco compactos; no tengo nada original o muy valioso, simplemente los he ido consiguiendo con el tiempo en la calle, en los tianguis; son objetos de un gran valor sentimental para mí, pero son cosas que cualquier persona podría conseguir si se lo propusiera.

“En realidad, esta colección es la satisfacción de un capricho, de un gusto personal, pues Pedro es mi primera referencia, es mi héroe, por sus películas, sobre todo la referencia a su sencillez, al trato con la gente, a la autenticidad de su personalidad. Creo que hay una diferencia importante entre la gente que dice ser infantista de corazón porque vienen cada año al panteón a buscar cámaras y reflectores; en cambio, yo lo hago de corazón, me nace hacerlo y un día me gustaría escribir un libro sobre este gran personaje de México, especialmente porque he advertido que hay lagunas de información en su biografía artística, no en la personal, yo me baso en lo artístico, en las giras que hizo, los reconocimientos que le dieron en vida en México y en el extranjero. Algún día espero aportar un granito de arena para preservar la memoria de Pedro Infante y difundir su mito.

“En suma, éste fue un año en que se recordó nuevamente al ídolo mexicano, pero hubo menos admiradores, menos presencia de medios, en relación con los años anteriores, sobre todo con el 50 aniversario, y sólo en un diario capitalino al día siguiente se hizo alusión al aniversario 52, y eso, muy poco. La gente se empezó a retirar a las cinco y media de la tarde, pero los admiradores de hueso colorado, unos cien, nos quedamos al final, platicando, cantando, a las siete éramos unos treinta, y nos quedamos hasta las ocho y cuarto de la noche, cuando los alrededores de la tumba eran un gran basurero, había basura de todo tipo, hasta que los de seguridad del panteón nos pidieron que nos retiráramos, y aun así, varios le siguieron en la entrada del panteón, unos seis, más aferrados y ya como el personaje de Pedro en ‘Los tres García’, pero yo me tuve que ir, pues si no, no alcanzo pesero, ya que vivo en el Estado de México.

“Ah, también espero que ahora sí el CONACULTA organice un homenaje serio, pues desde el año pasado habían anunciado que lo harían, de imágenes a la altura de la fama y la inmortalidad del ‘Muchacho travieso del cine’, como lo denominaron en una revista de 1956, pero en el buen sentido, es decir, que era muy afable y bromista”, concluye Luis Guzmán, un joven, al parecer, por sus palabras, por sus hechos, dispuesto y ¿destinado? a mantener vivo el recuerdo y la fama de Pedro Infante Cruz.

Tuve que proponerle un alto a Luis, pues un hombre maduro se acercó a la tumba de Pedrito. Se parecía mucho a “El señor de las Sombras”. Confío en hablar en otras ocasiones con este acérrimo admirador del hijo predilecto de Mazatlán, Sinaloa, mientras tanto, daré testimonio muy pronto de mi segundo encuentro grato en la tumba de Pedro Infante, la cual, por cierto, aún conservaba las coronas que me mencionó Luis y muchas flores. Hasta entonces.

Comentarios a esta nota: gregorio.martinez@azteca21.com

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