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Espectáculos - April 18, 2009

Compañía “La matatena”, propuesta escénica que rescata la magia del teatro guiñol

La agrupación lleva seis años
de trabajo independiente
Foto: Cortesía CONACULTA

Comitán de Domínguez, Chiapas.- 18 de Abril del 2009.- (CONACULTA) Es en la sencillez de la estética donde la compañía teatral La Matatena ha encontrado el secreto para exaltar la magia del teatro guiñol. Una labor nada fácil en una época dominada por el entretenimiento tecnológico. Por ello, en seis años se ha refrendado como una de las pocas compañías en Tuxtla Gutiérrez que se dedican rescatar el valor de este arte antiguo.

 

      Jesús Sánchez y Donají Cruz son los integrantes de esta pequeña, pero entusiasta agrupación que, no obstante las adversidades económicas y culturales, ha mantenido en marcha el motor que le da sentido a su vida profesional: hacer teatro guiñol para provocar la imaginación del espectador infantil.

 

      Ambos artistas autodidactas son invitados especiales dentro del Noveno Festival Internacional de las Culturas y las Artes Rosario Castellanos. La calidad de su trabajo ha sido el pasaporte directo para que su grupo sea de las escasas propuestas que tienen presentaciones diarias en diversas sedes locales.

     

      Una de sus actuaciones más entrañables tuvo lugar en el DIF regional de Chiapas, donde se dieron cita decenas de pequeños que son parte del sistema de guardería y preescolar que se ofrece en dicho lugar.

 

      Esta vez, la pantalla chica o el ordenador fueron olvidados por los pequeños. Su atención, su mirada, su energía fue canalizada en un sencillo espectáculo protagonizado por ambos artistas chiapanecos y su comitiva integrada por un león, un chango, una tortuga y un conejo, personajes del reino animal que toman vida en títeres de guante y varilla, así como en máscaras.

 

      Las miradas de los niños lo decían todo. Se encontraban cautivados con el cuento narrado. Jesús y Donají gozan de una gran habilidad para atrapar su atención y volverlos a sumergir en la historia si hay algo que sea motivo de distracción para ellos.

 

      Los dos poseen las cualidades necesarias para logra empatía con el público infantil: sensibilidad, gracia y sobretodo inteligencia, pues en ningún momento sus espectáculos son menores, de baja calidad o poco profesionales. Todo lo contrario, están pensados para un espectador capaz de echar a volar su imaginación y reflexionar sobre la moraleja implícita. De ahí su interés de abordar asuntos de carácter social, cultura y ecológico fundamentalmente en guiones que ellos mismos van tejiendo.

 

      No hace falta un gran escenario, mucho menos imponentes muñecos. Resulta suficiente la entrega, ánimo y sencillez de los intérpretes para que durante más de una hora, los menores se involucren con los personajes y se sientan parte de sus aventuras. Cada acción, cada paso dado por éstos es seguido con atención por los pequeños, quienes participan en la trama gritándoles a los títeres y hablando con ellos como si en verdad tuvieran vida.

 

      A pesar de su juventud, La Matatena comienza a rendir frutos. Hoy forma parte del Museo Itinerante de Títeres de Tlaxcala, encabezado por uno de los titiriteros veteranos más importantes de Cuba, Alberto Palmero y que reside en tierra tlaxcalteca. Es a partir de entonces que la compañía ha alcanzado mayor reconocimiento dentro y fuera de su lugar de origen.

 

      Tanto Sánchez como Cruz están conscientes que el arte del teatro guiñol merece un profesionalismo especial, tiempo suficiente para entrenarse y una avidez especial por aprender otras artes: “Ser artista de este género escénico implica no sólo saber actuación, sido de artes plásticas porque hay que fabricar nuestras herramientas de trabajo, que son los títeres”, indica el también compositor.

 

      -En sus orígenes no hacían teatro guiñol ¿por qué apostarle a un espectáculo asociado con la infancia?

 

      -Porque los niños conservan sentimientos y emociones puros, con ánimos de que las cosas cambien. En cambio, los adultos se han vuelto más complicados. Yo mismo me inicié como cantautor para público adulto, pero entré en conflicto, así que opté por otro tipo de receptor”.

 

      Si bien es un arte que se asocia a los menores, la actriz considera oportuno hacer una aclaración: “Desde que el teatro guiñol surgió en 1700 en Francia (fecha que registra la aparición del primer títere de guante), se trataba de un espectáculo hecho para los adultos, pero los últimos años es un arte que se ha apoderado de los niños. Sin embargo, consideramos que es para todas las edades”.

 

      Al preguntarles si todavía existe miedo de tener espectadores tan exigentes como los niños, que están siendo acaparados por entretenimiento tecnológico, ambos teatreros asienten.

 

      “Claro, pero ha sido muy interesante la respuesta del público. Desde que empezamos esta aventura se mantiene el temor, pues cada vez hay más diversión relacionada con los avances tecnológicos. Así que nos seguimos asombrando de la reacción de los pequeños en nuestras funciones y de que entiendan el mensaje”.

 

      Lo anterior quedó demostrado en la función de la sede regional del DIF en Comitán. Una simple historia sobre el poder que ejerce un león sobre otros animales, fue suficiente para que los infantes conocieran las consecuencias negativas que trae consigo el ser autoritario y querer pisotear al semejante. La unión de un conejo, un chango y una tortuga sirvió para dejar una moraleja: el que abusa sin razón, se llevará una gran lección.

 

      Y el impacto positivo en su público no es por lo que piensan ambos artistas, sino por lo que les dicen los padres de familia al final de cada función: “Es satisfactorio escuchar a mamás y papás decir que, a partir de nuestra propuesta, sus hijos ya comienzan a hablar de temas de interés social”, dice Cruz.

 

      Finalmente, los dos aseguran que el mayor legado del teatro guiñol es, ha sido y seguirá siendo, el poder de representar mundos mágicos con los elementos más simples de la vida.

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