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Ciencia y Tecnología - March 26, 2009

“Momias en México” proyecto sobre la momificación en el país, cumple una década de investigación

Se investigan 43 momias, a las
que se les han realizado estudios
con tecnología de vanguardia
Foto: Cortesía INAH

Ciudad de México.- 26 de Marzo del 2009.- (INAH) El proyecto “Momias en México” cumple una década de investigación sobre la momificación en el país. Josefina Mancilla Lory, investigadora de la Dirección de Antropología Física (DAF) del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) es responsable del equipo multidisciplinario que estudia los registros del embalsamamiento y escudriña lo referente a los restos humanos arqueológicos e históricos.

 

Todo inició a finales de 1998, cuando la investigadora y su equipo decidieron desarrollar una amplia e inédita línea de estudio a partir de una colección perteneciente al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) que consta de aproximadamente de 43 cuerpos. Los ejemplares de la colección abarcan periodos históricos a partir de la época prehispánica del Clásico Tardío hasta la contemporánea.

 

Los hallazgos científicos han demostrado que los cuerpos momificados o semi momificados en México se remontan a prácticas prehispánicas. En su mayoría provienen de sitios con clima seco; de cuevas, criptas o lugares en donde los cadáveres se resecan de manera rápida, evitando el proceso natural de la putrefacción.

 

Los estados con mayor número de ejemplares de momias son los norteños como Sonora, Chihuahua, Coahuila, Durango y Tamaulipas. Esto se debe a que en dicha región el ecosistema es semidesértico, con muchas extensiones áridas y poca precipitación durante el año, lo que protegió a los cadáveres de su descomposición.

 

En el caso de México, el proceso de momificación está asociado a dos circunstancias, la primera del tipo ritual-ceremonial. Si bien el ecosistema permitió el embalsamamiento, los estudios realizados durante estos años han concluido que fue intencional, ya que los grupos sociales que practicaron los entierros conocían plenamente las situaciones propicias para el proceso y lo aplicaron a sus muertos con esa intención, es decir que el conocimiento del proceso de momificación fue adquirido de forma empírica.

 

La segunda circunstancia es en parte producto de la casualidad: a finales de la época prehispánica e inicios de la colonial, los cadáveres se enterraban en atrios de iglesias o cuevas donde las condiciones naturales favorecieron su conservación.

 

Hasta el momento se ha logrado identificar la procedencia, temporalidad y  recuperar algunos datos arqueológicos de los ejemplares que integran la colección, que se encuentra resguardada en las bodegas del Museo Nacional de Antropología para su correcta conservación.

 

Otro trabajo llevado a cabo por el proyecto Momias de México  es la aplicación de técnicas forenses y medicina diagnóstica de vanguardia como la imagenología, que emplea imágenes de tomografía axial, ultrasonido, resonancia nuclear y radiología para estudiar los restos momificados.

 

Una de las ventajas que ofrece ésta técnica es que permite observar la estructura interna del cuerpo así como posibles lesiones, también revela la presencia de órganos internos e información para determinar sexo y antigüedad. La antropóloga precisó que es la técnica más utilizada hoy día y posibilita la estereolitografía, que permite una reconstrucción tridimensional del sujeto.

 

Mancilla lamentó que algunas de las momias fueron “entregadas” al INAH por otras instancias, por lo que no es posible reconstruir los aspectos funerarios y no se cuenta con un registro adecuado que permita su estudio en términos antropológicos, lo que ha obligado a establecer un sistema de registro particular y enfocar la investigación en la parte física, sin posibilidades de estudiar el contexto social y cultural del cadáver.

 

Quedando así pendientes algunas de las características más importantes a determinar, como el sitio de depósito, las prácticas funerarias, la posición del cuerpo, así como la filiación étnica, las evidencias de enfermedades, indicadores ambientales, tatuajes o algún tipo de alteración corporal como las conocidas modificaciones craneales o dentales.

 

Previamente al proyecto Momias de México sólo existían antecedentes aislados, como estudios de ADN, bacteriológicos y sobre el hongo producido en los restos, pero siempre con un fin muy específico, hoy en día se recopila toda esta información y se unifican criterios de análisis que permitirán seguir avanzando en el estudio de los restos momificados.

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