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Música - March 24, 2009

“Y para los difuntos, puro vinuete. Música de velación de cruz, angelitos y Xantolo en la Huasteca”

Un disco que difunde la expresión
musical dedicada a los
muertos en la Huasteca
Foto: Cortesía de la Dirección
General de Culturas Populares/
CONACULTA

Por Gregorio Martínez Moctezuma
Corresponsal Azteca 21

Ciudad de México. 24 de marzo de 2009. En el marco de la declaración de “La festividad indígena dedicada a los muertos. Obra maestra del patrimonio oral e intangible de la humanidad. Proclamación UNESCO, 2003”, apareció el disco “Y para los difuntos, puro vinuete. Música de velación de cruz, angelitos y Xantolo en la Huasteca” (Dirección General de Culturas Populares/CONACULTA, México, 2007), que bien podría acotarse “en un municipio de la huasteca potosina”, esto porque es la grabación de vinuetes que se tocan en las comunidades de Chilocuil y El Banco de San Francisco, del municipio de Tamazunchale, San Luis Potosí, un área de mucho entrecruzamiento cultural, de muchos pueblos indígenas de los estados de Hidalgo, Veracruz y San Luis Potosí, es decir, de muchas variantes culturales, incluidas, por supuesto, las lingüísticas y musicales.

Ahora bien, es una producción loable y con fines de rescate o preservación y difusión de esas manifestaciones musicales, únicas, cuyas grabaciones se originaron en esas comunidades potosinas, mas no quiere decir que sean de ahí, como se puede inferir o suponer. ¿Por qué? Pues… en el cuadernillo se acota que “El patrimonio musical que contiene este documento sonoro es propiedad colectiva del pueblo indígena nahua de la Huasteca potosina: Chilocuil, municipio de Tamazunchale”. Pero… va el pero: básicamente el sonido, la propia música, que me suena muy mestiza, varios temas muy “ahuapanguedos”… ¿el hecho de ser tocada o ejecutada por hablantes de una lengua indígena les confiere idéntica naturaleza –origen, quiero decir, ¿ellos la crearon, le dieron forma en esa comunidad…?–. ¿No habrá una ligera confusión por ahí? Quizás sólo sea mi ingente ignorancia, pero… ¿qué la hace de ahí, qué características la definen y diferencian de la de, por ejemplo, Tempoal y Colatlán, también pueblos huastecos, pero veracruzanos, o de la Sierra Norte de Puebla, por no mencionar otras manifestaciones de vinuetes en poblaciones mestizas de la Tierra Caliente de Michoacán?

Trataré de explicarme: en la portadilla del útil y bello cuadernillo que acompaña al disco se reproduce la declaración que cito al inicio de esta nota, o sea: ¿estamos hablando de música indígena? Sin ser una autoridad y a riesgo de que me corrijan (es más: deseable sería que así fuera, para mejor esclarecimiento de este punto, que no viene en dicho cuadernillo, lo cual redundaría en mejor conocimiento de nuestras tradiciones y, en mi caso, una adecuada difusión de las mismas), creo que este disco disco contiene música mestiza interpretada en una comunidad indígena ¿o qué la hace indígena? Digo, mucho de lo que se expresa en el cuadernillo también se podría aplicar a otras comunidades… mestizas de la Huasteca. O sea, la velación de la cruz, angelitos y Xantolo son actividades, rituales o festividades comunes a gran parte de la Huasteca, sobre todo en los estados con fuerte presencia indígena, pero, me parece, por contrastar, muy poco presente en la huasteca tamaulipeca.

En fin, “Y para los difuntos, puro vinuete. Música de velación de cruz, angelitos y Xantolo en la Huasteca” forma parte del Programa para el Desarrollo Integral de las Culturas y Comunidades Indígenas y también es el primer disco de la colección “Música dedicada a la muerte. Eterno retorno”, incluye catorce temas: “La llegada”, “El encuentro”, “La cruz”, “El triste adiós”, “Triste amanecer”, “El adiós del muertito”, “El angelito”, “La entrada”, “El altar”, “La fiesta de los muertos”, “La ofrenda”, “1 y 2 de septiembre”, “Zapotéquetl” y “La despedida”, todos relacionados con alguna de las tres distintas actividades o fiestas fúnebres que practican muchos pueblos huastecos, es decir, el levantamiento de la cruz, la muerte de los infantes y el día de muertos tal como lo conocemos la mayoría de los mexicanos, el 1y 2 de noviembre.

Este disco es una buena manera de conocer cómo se relacionan los vivos con los muertos en la Huasteca, el cuadernillo anexo es útil, las notas son de carácter informativo e incluye una bibliografía para especialistas o interesados en profundizar en estos asuntos, fue coordinado por Aurora Oliva; la investigación, textos, selección musical y fotografías son de Lizette Alegre; la grabación la hizo Gonzalo Camacho; la masterización estuvo a cargo del propio Camacho, Aurora Oliva y Lizette Alegre, y en la realización, Fernando Híjar. El trío que interpreta la música es “Los Seguidores de la Huasteca”, integrado por Maurilio Hernández, violín; Juan Peña, quinta huapanguera, y Joaquín Morales, jarana, de Chilocuil; el primero también fue informante. Por tener nombre artístico, infiero que a eso se dedican, son músicos, no campesinos que participan en las fiestas tradicionales de su comunidad como músicos o… Vaya, qué compleja es nuestra cultura, en la misma medida que su riqueza y diversidad, ¿eh? Para los interesados, este disco se consigue en la tienda del Museo Nacional de Culturas Populares, en Coyoacán.

Comentarios a esta nota: gregorio.martinez@azteca21.com

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