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Libros - March 15, 2009

“La ignorancia”, de Milan Kundera, o la desesperanza europea

 

Por Gregorio Martínez Moctezuma
Corresponsal Azteca 21

Ciudad de México. 15 de marzo de 2009. En agosto del año pasado comenzó a circular en nuestro país, dentro de la colección “MaxiTusquets”, la novela “La ignorancia” (Tusquets Editores, México, 2008), del escritor checo Milan Kundera, que conoció su primera edición en lengua española en 2000.

Este autor, recuerdo, tuvo su boom en México en los años ochenta y alcanzó aún a una buena parte de los noventa. “La broma”, por ejemplo, fue la primera novela que leí de él. Magnífica. Ahora, recién concluida la lectura de “La ignorancia”, me queda claro (perdón por la perogrullada) que Kundera (el Nobel de Literatura sería honrado si se lo adjudicaran) es uno de los más grandes novelistas del siglo XX.

En esta novela, el autor checo hace lo que quiere con la estructura y la forma, con el contenido y el continente; es, sin duda, un maestro de la escritura. La anécdota o la trama se centra y dispara a partir de dos personajes, Josef e Irena, que regresan del exilio a Checoslovaquia, un país que ya no es como el de sus recuerdos, como el que les tocó vivir, que ya no les pertenece; por el que ya no siente ningún ciudadano actual el deseo de dar la vida por él. Sus personajes son seres grises, apagados, sin chispa creativa, vital; casi sin deseos. Como una alegoría de Europa, con toda la Historia y la Cultura a cuestas, pero sin fuerzas ni ánimos ya para cargarla, para transformarla. La decadencia devenida en patetismo.

Con una maestría narrativa y dominio formal, que mucho me hacen evocar a los grandes escritores del siglo XIX, Stendhal, por mencionar a uno insigne, Kundera va desvelando los resortes internos de sus personajes, de su contexto, de su tiempo (por otro lado, una constante en su amplia y luminosamente sombría obra sobre Checoslovaquia, sobre Europa, exenta de melodrama). Un gran escritor de los grandes temas.

En realidad, sólo retoma a sus protagonistas para ilustrar el mundo (con su, implícita, historia de las ideas o de la cultura) que los rodea, que les ha dado el escenario para ser una especie de marionetas del destino. Como un pintor magistral que, ante el lienzo, sabe qué y cómo plasmará su obra, además de que es consciente de su poder y tiene la certeza de que cada cuadro será una obra acabada, maestra. Demiurgo verdadero, pues.

Haciendo uso del ensayo, de la introspección, de la reflexión histórica, de una cultura clásica por universal (muy occidental, hay que precisar), de unos trazos perfectos de personajes y situaciones, Milan Kundera escribió una magnífica novela sobre la nostalgia, en este caso, sobre el dolor de no tener noticias del país natal, sobre la desesperanza y la ausencia de motivos o valores para enfrentar la vida moderna, sólo para concluir, como moraleja, que la esperanza es un sentimiento que ya no está presente en la vida de los europeos coetáneos. Además, cuestionando mitos y verdades absolutas, como el de Ulises y su apoteósico regreso.

En suma, un clásico contemporáneo que resiste y suscita, como verdadero clásico, la relectura y las interpretaciones.

Comentarios a esta nota: gregorio.martinez@azteca21.com

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