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Toros y Deportes - March 8, 2009

Fin de la Temporada Grande con suspensión; ¿culpa de Herrerías y su prepotencia o del juez Cardona?

En el caso de Herrerías, es
imposible dialogar
con un bárbaro,
una persona inculta y soez
Foto: Cortesía 4.bp.blogspot.com

Por: Paco Prieto
Cronista taurino Azteca 21

Ciudad de México.- 8 de Marzo del 2009.- Cerraba hoy domingo la temporada grande la plaza de toros México con los de Barralva para Pizarro, Casasola y Martínez. El juez Cardona consideró que hubo fraude en el herraje en dos de los toros y que la mitad de ellos carecía de trapío. El ganadero, como es lo usual en estos casos, protestó, y la empresa, de acuerdo con los toreros, decidió suspender la corrida.   

Recuerdo hace unos diez años haber sido vecino de uno de los veterinarios de la plaza de las Ventas encargado de aprobar o desaprobar el encierro. Fue en una feria de San Isidro. En tres ocasiones, aquel hombre desaprobó uno o dos toros, los ganaderos alegaban, él se mantuvo firme y la empresa sustituyó los toros excluidos. Me tocó también que se echara fuera un encierro completo y la empresa lo sustituyó por otro de una ganadería distinta. Lo que significa que la empresa respetó al público y no lo dejó sin toros. Y, como todos sabemos, el público de Las Ventas tiene una confianza básica en las empresas que se han sucedido al frente de la Monumental madrileña. ¿Es necesario añadir que las veinticinco tardes de la isidrada suelen registrar un lleno?   

Entre nosotros, con la empresa que comanda Herrerías el público no cuenta. Cuando manejó el futbol en Veracruz el público tampoco contaba. Herrerías no hizo caso de la Federación que le programó un partido a determinada hora y día y él ordenó que el equipo no se presentara, con lo que perdió por default. El sueño de los veracruzanos de un campeonato se vino abajo, sacó el empresario a los jugadores de ritmo y los Pumas los vapulearon la semana siguiente para coronarse campeones.   

Así es y ha sido Rafael Herrerías, en el futbol, en los toros y donde mete la cabeza. Una vez expulsó de la plaza a don Julio Téllez, el hombre que tiene el programa de mayor antigüedad en la televisión; lo mismo hizo con Heriberto Murrieta, que goza de merecida popularidad. ¿Se ha olvidado, acaso, las veces en que ha sido acusado de fraude, que ha sido multado, que ha ofendido a unos y otros con una radical falta de educación? Graciosamente, empero, ha librado la cárcel.  Herrerías ha tenido problemas con figuras del toreo como Mariano Ramos, Manuel Caballero, El Juli, Hermoso de Mendoza…

A él le debemos que Mariano Ramos no se haya despedido en la Monumental, que tampoco lo hiciera César Rincón. Pero, en fin, ha sido un hombre del sistema, protegido por la familia Alemán, por la familia Cossío, por no pocos oficiosos del periodismo taurino. El servilismo de no pocos de nuestros toreros y ganaderos, porque en esta vida todo es transaccional, ha sido cómplice, co-culpable. Un sistema centrado en la transa que gobierna un país por 70 años deja una alta contaminación que termina por impregnar a los opositores. En los toros como en la vida social nacional, el que no cuenta es el ciudadano pues vivimos en un país de pobres para ricos.   

Ahora bien, ¿quien tenía la razón, el juez Cardona o la empresa? Las fotos muestran toros con morrillo, con caja  suficiente como son los del encaste Campos Varela-Parladé, pero la cara de cuatro de ellos denunciaba juventud, es decir, sobraban razones para dudar de que hubiesen cumplido 4 años. En realidad de sólo dos era difícil dudar y, en todo caso, ante la duda el juez debe proceder con todo el rigor por respeto a la plaza más importantes del país y de la América Latina. En todo caso, en un estado de derecho, el juez está autorizado a actuar como lo hizo Cardona y el empresario obligado a obedecer por el bien común.

Luego, estaría en su derecho de pedir la intervención de la H. Comisión taurina del Distrito Federal. Pero ¿significa algo para Herrerías el estado de Derecho? ¿Sabe, siquiera, de qué se trata? ¿Ha respetado alguna vez el orden institucional? Es imposible dialogar con un bárbaro, con una persona inculta y soez. Con su actitud perjudicó a Pizarro, que debía sacarse una espina, a Casasola, que debía ratificar su solvencia, y al tapatío Martínez que debía demostrar que sabía torear, que no es lo mismo que hacerlo bonito pero, por sobre todo, pasó una vez más por encima del interés y la ilusión de los aficionados.
Comentarios a esta nota: paco.prieto@azteca21.com

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