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Arte y Cultura - March 5, 2009

Restauran armas utilizadas en 1867 para fusilar a Maximiliano, Miguel Miramón y Tomás Mejía

Estos fusiles son importantes
porque representan el término
de la invasión francesa, con la
muerte de Maximiliano y
el triunfo de la República
Foto: Cortesía INAH

Ciudad de México.- 5 de Marzo del 2009.- (INAH) Los rifles con los que fusilaron al emperador Maximiliano de Habsburgo y a los generales Miguel Miramón y Tomás Mejía, en el Cerro de las Campanas en 1867, por el delito de traición a la patria, fueron sometidos a trabajos de conservación por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), con lo cual se erradicaron los indicios de corrosión que presentaban estas armas, luego de más de 140 años de este suceso.

 

Las labores de conservación de los tres fusiles, que hoy se encuentran en el Museo Regional de El Obispado, en Monterrey, Nuevo León, concluyeron hace un par de semanas, luego de un mes de intervención consistente en una limpieza con soluciones especiales para estabilización del hierro y latón —que se encontraban oscurecidos—, y con ello eliminar la ligera oxidación que tenían.

 

Alberto Compiani González, restaurador del Centro INAH Nuevo León, informó que en las culatas talladas en madera y cintas de piel se aplicó una cera para nutrirlos y darles brillo, a pesar de que estas partes no se encontraban corroídas ni en mal estado, pero se les intervino para prolongar su conservación.

 

Estos fusiles son importantes porque representan el término de la invasión francesa,  con la muerte de Maximiliano, y el triunfo de la República. Para el Museo Regional de El Obispado son significativos porque sólo existen estos tres y los seis que resguarda el Museo Nacional de Historia “Castillo de Chapultepec”.

 

Los trabajos de conservación de los rifles —enmarcados en los Festejos del Bicentenario de la Independencia— sirvieron también para cambiar la cédula de información, la cual tenía una imprecisión, afirmaba que pertenecieron al Batallón de los Cazadores de Galeana. Sin embargo, correspondieron a distintos pelotones del Primer Batallón de Nuevo León, aunque ambos escuadrones formaron parte del Ejército del Norte.

 

Este ejército estaba conformado por gente de Nuevo León, Coahuila y Durango, de hecho, el General Mariano Escobedo era neonolense, señaló Ahmed Valtier, historiador del INAH, quien se encargó de corroborar dicha información apoyado en el reporte que el general Escobedo escribió a Benito Juárez, publicado en 1973, en el libro Sitio de Querétaro y Triunfo de la República, de José Guadalupe Ramírez Álvarez, cronista de la ciudad de Querétaro.

 

“En cumplimiento de lo dispuesto por este cuartel general, han sido, hoy a las siete de la mañana, pasados por las armas en el Cerro de la Campana, los reos Fernando Maximiliano de Habsburgo y sus llamados generales Miguel Miramón y Tomás Mejía, cuya sentencia fue ejecutada por el Primer Batallón de Nuevo León (…) Independencia y República. Plaza de Querétaro. Junio 19 de 1867. C. Gral. De División Mariano Escobedo, en Jefe del Cuerpo de Ejército del Norte. Presente”.

 

“En mayo de 1867, después de más de dos meses de estar sitiado en la ciudad de Querétaro, Maximiliano fue derrotado y cayó prisionero por el Ejército del Norte, comandado por el general Mariano Escobedo. Esta guardia, integrada por diversos batallones, era una de las principales fuerzas republicanas del presidente Benito Juárez en la lucha contra del imperio del archiduque”, explicó el historiador Valtier.

 

“Después del fusilamiento, a los soldados que formaron los pelotones se les recogieron sus armas por órdenes superiores y se les entregaron otras nuevas. Los fusiles usados en las ejecuciones quedaron en posesión del general del Ejército del Norte, Mariano Escobedo.”

Aunque no existe evidencia documental de cómo llegaron estas armas a Monterrey —continuó el historiador—, es muy probable que fueran donadas al gobernador del estado Manuel Z. Gómez, por el propio general Mariano Escobedo, poco después de que las tropas que habían partido a luchar contra el imperio, regresaron a la ciudad en agosto de 1867”, comentó Valtier.

Las tres armas tienen sellos y marcas sobre el metal, lo que hace posible determinar que dos son americanas —fabricadas en 1845 y 1851, ambas miden 148 centímetros — y una belga —con fecha de 1838 y 146 centímetros—, “También hay inscripciones numerales que habrá que investigar más adelantes para saber si corresponden al inventario del ejército, ya sea al mexicano, norteamericano o al francés”, explicó el restaurador Alberto Compiani.

 

En la culata de cada uno de estos rifles se fijó —posiblemente a finales del siglo XIX— una pequeña placa de latón con el nombre grabado del fusilado y de los solados o sargentos a quien pertenecieron.

 

La inscripción de cada uno dice: el belga, “Al emperador Fernando Maximiliano, 1er batallón de N.L. 2º Compañía de Cazadores, Sargento segundo Ángel Padilla, junio 19 de 1867”; y los americanos, “Al general Tomas Mejía, 1er Batallón de N.L., 3º Compañía de tiradores, soldado Arcadio Villaseñor, junio 19 de 1867” y “Al General Miguel Miramón, 1er Batallón de N.L., 1º Compañía, soldado Francisco Calvillo, junio de 1867”.

 

Los fusiles estadounidenses fueron usados en la guerra civil americana y luego vendidos al Ejército del Norte, quien los ocupó durante la invasión francesa, entre los años 1862 y 1867. El rifle belga probablemente se recuperó de los ejércitos franceses durante ese mismo ataque a México.

 

Se trata de rifles de un solo tiro, que se cargan manualmente por medio de una baqueta –varilla de metal– que comprime la pólvora y la bala, después del disparo se tiene que repetir el procedimiento, además tienen una bayoneta para el combate cuerpo a cuerpo. Este tipo de arma fue la más usada en el continente americano a mediados del siglo XIX.

 

A principios del siglo XX, los rifles estaban resguardados en el Palacio de Gobierno del estado. Fue hasta 1956 que llegaron al Museo Regional de El Obispado, cuando se abrió el inmueble como espacio museístico.

 

El año pasado, uno de estos rifles estuvo en exhibición en el Museo de Historia Mexicana de Monterrey como parte de la exposición temporal Con olor a pólvora. Colección de armas del estado de Nuevo León.

 

Los fusiles se encuentran en exhibición permanente en la Sala de La Reforma, del Museo Regional de El Obispado, junto con objetos que hacen alusión a esta etapa de la historia mexicana. El recinto se encuentra en la calle  Rafael José Verger s/n, Colonia Obispado, en Monterrey, Nuevo León. Horario: martes a domingo de 10:00 a 19:00 horas.

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