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Arte y Cultura - March 1, 2009

Indagan identidad del verdadero fotógrafo del famoso retrato de Emiliano Zapata

Para el editor de "Alquimia", es necesario estudiar la firma que aparece en la imagen
Foto: Cortesía INAH

Ciudad de México.- 1º de Marzo del 2009.-  (INAH) El  conocido retrato de Emiliano Zapata, en donde aparece de cuerpo entero con el fusil en la mano derecha, el brazo izquierdo apoyado en el sable y una banda cubriéndole el pecho bajo las cananas, no sería de Hugo Brehme, quien en los años 90, desplazó la autoría que por años ostentó Agustín Víctor Casasola sobre la famosa imagen del revolucionario.

En su vocación de historiar la fotografía a través de Alquimia, órgano de difusión del Sistema Nacional de Fototecas (Sinafo), el investigador José Antonio Rodríguez se ha dado a la tarea de indagar el verdadero creador de esta imagen que ha trascendido como un icono, si se recuerda su propagación en la última fase del movimiento de 1968.

Para el especialista del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH),  quien se halla interesado tanto en la fotografía histórica como en la contemporánea, es importante comenzar a interrogarse sobre la autoría y las circunstancias en que fueron capturadas muchas de las imágenes, en particular de la Revolución.

“Por ejemplo, en el libro Fotografía Latinoamericana: Una selección (1895-2008). Colección Anna Gamazo de Abelló (Editorial RM) publicaron un par de imágenes en las que se ven personas colgadas y que se atribuyen a Víctor Casasola, y que dudo fueran tomadas por él. Casasola escasamente salió de la ciudad de México para producir imágenes.”

“Es necesario rastrear lo que hizo y no hizo Agustín Víctor Casasola, porque en un momento determinado él compraba fotografías para la agencia que fundó junto con su hermano Miguel, y pienso que por derecho histórico es importante conocer los verdaderos autores de algunas de estas imágenes que ya son un símbolo”.

De acuerdo con el también curador, la famosa fotografía de Zapata debió ser captada en el Hotel Morelos de la ciudad de Cuernavaca, según la arquitectura que se observa en la misma; y aunque fue publicada hacia 1914, sostiene que posiblemente es anterior a esa fecha.

“No sé cómo se pudo afirmar que (la foto de Zapata) era de Brehme, cuando todavía hoy desconocemos los trazos de la rúbrica. Para empezar, la caligrafía de Brehme es pequeña, y lo que se alcanza ver de ese autógrafo son líneas largas y grandes. Un análisis caligráfico podría darnos el verdadero autor”, explicó.

José Antonio Rodríguez, historiador y crítico fotográfico, coautor de la obra Hugo Brehme – fotograf. Mexiko zwischen Revolution und Romantik (México entre Revolución y Romanticismo), comentó que ese estudio podría realizarse en próximas fechas con base en una copia del negativo original, a resguardo en la Fototeca Nacional, en la ciudad Pachuca, Hidalgo.

Fue a mediados de los años 90, “que se anunció que el retrato del ‘Caudillo del Sur’ no era de  Agustín Víctor Casasola (1874-1938), sino que fue tomada por el fotógrafo alemán avecindado en México, Hugo Brehme (1882-1954). Yo dudo eso, porque es necesario estudiar la firma que aparece en esa imagen.”

Este interés por descubrir a los hacedores de algunas imágenes emblemáticas de la Revolución ya ha tenido resultados. Por ejemplo, el investigador Miguel Ángel Morales reveló en el número 27 de Alquimia, el nombre de quien tomó a La Adelita: Jerónimo Hernández, fotógrafo oficial y muy probablemente jefe de fotografía del diario maderista Nueva Era.

“Lo que no supo el anónimo redactor de Nueva Era (quien puso como pie de foto: Adelita),  es que esa mujer debió pertenecer al carro-cocina, es decir, formaba parte de las cocineras de las tropas huertistas que iban en ese tren detenido en la estación de Buenavista. No en balde sus compañeras (que aparecen en la imagen) llevan canastos seguramente con alimentos”.

José Antonio Rodríguez concluyó que existen investigadores que están “ampliando” los horizontes de la fotografía mexicana a través de la revisión de archivos locales. En ese sentido, los próximos números de Alquimia estarán dedicados a los acervos históricos de los estados de San Luis Potosí y de Puebla. 

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