Home Por la Espiral Más investigación productiva
Por la Espiral - February 23, 2009

Más investigación productiva

POR LA ESPIRAL
*Claudia Luna Palencia

-Más investigación productiva
-Necesarias plataformas I+D
-El capital de riesgo

 En tiempos de vacas flacas, la gente tiende a reflexionar  acerca de lo que se ha hecho mal y de las decisiones que deberán tomarse para tener más ventajas en el futuro.
 Cuando la economía nos tiene a todos tan preocupados generalmente tendemos a mirar hacia el valor de capital humano que tiene cada país, porque partimos de que será a través de sus características y cualidades  como podrá influirse para bien o para mal en la turbina económica.
 No se trata sólo del componente que hace la fuerza laboral que en México ya sabemos está provisto por mano de obra barata acostumbrada a cobrar poco, trabajar jornadas extenuantes y exigir bajos beneficios y prestaciones, hablamos del porcentaje de la población que coadyuva a la investigación productiva a amoldar el ladrillo de la investigación y el desarrollo (I+D) y que es tan favorable para la propia economía.
 En México, el gasto en investigación y desarrollo con datos a 2005, representa un GIDE/PIB del 0.46%, de acuerdo con “Indicadores de actividad científica y tecnológica”.
 En contrapartida tenemos que Suecia (3.89%), Japón (3.33%), Corea (2.99%), Estados Unidos (2.62) y Alemania (2.46%) son los países donde más peso tiene el GIDE con respecto al PIB.
 En este grupo tenemos a países con una mayor cultura hacia la investigación, el quehacer científico y la proliferación de inventos y  patentes,  en varios casos creadores de tendencias, ideas, nuevas leyes, teorías y supuestos.
 Del Continente Americano, Estados Unidos forma un imán para atraer a los jóvenes latinoamericanos que le apuestan por la formación I+D y que encuentran en la Unión Americana  la vinculación necesaria de la ciencia con la tecnología, el servicio a la sociedad y a la economía.  Silicon Valley y la Nasa probablemente son el ejemplo más certero.
 América Latina no debería dejar escapar su potencial humano, esa fuga de cerebros de la que tantas décadas hemos escuchado, utilizada de reproche por la falta de oportunidades y apoyo a la investigación.
 De ello, la Comisión Económica para América Latina (Cepal) analiza que el rezago  latinoamericano en investigación productiva podría revertirse mediante un sistema de financiamiento que abarcara todo el proceso de innovación.
 En voz de la Cepal, el economista Luis Felipe Jiménez, indica que  América Latina destina menos del 1% de su PIB a investigación y desarrollo (I+D) en circunstancias que las economías avanzadas invierten cifras promedio al 2.5% del PIB.
 En la región, Brasil tiene los mayores niveles de inversión en I+D (1% de su PIB). Los países que le siguen, Chile, Argentina y México, destinan alrededor del 0.5% del PIB (el dato concreto para México es 0.46%  al redondeo sube al 0.5%).
La empresa privada aporta más del 60% de la inversión en I+D  en los países desarrollados, mientras que en la región la mayor parte de los recursos proviene del gobierno y las universidades.
Muchas innovaciones, afirma la Cepal, se traducen en la creación de empresas nuevas, ya sea porque algunas ya consolidadas o sus empleados deciden crear un vehículo separado para desarrollar innovaciones externamente, habida cuenta de su riesgo y rentabilidad esperada, o bien porque las innovaciones son el fruto de la acción emprendedora de agentes independientes.
En estos dos últimos casos, una de las condiciones que hacen posible
la transformación de una idea innovadora en un producto comercializable y por ende en la generación de los efectos positivos sobre el crecimiento ya mencionados, es la provisión de financiamiento con características adecuadas
para superar las barreras al apoyo de la innovación.
A COLACIÓN
En este tenor, Jiménez explica las dificultades para financiar iniciativas y empresas innovadoras y cómo el capital de riesgo contribuye a superar estas dificultades. Por ejemplo, la fase inicial del proceso innovador hace uso intensivo de I+D y sus resultados se caracterizan por una elevada incertidumbre y dificultades para que los emprendedores logren apropiarse los beneficios de sus invenciones.
En estudios de la Cepal queda en evidencia la experiencia de países que han elevado su productividad recurriendo a la innovación, lo que sugiere la necesidad de un sistema que garantice el financiamiento de cada etapa del proceso de innovación, desde la concepción de una innovación hasta su materialización en un nuevo producto o servicio.
 De esta manera, en su proceso de investigación, Jiménez destaca que en Estados Unidos surgió el uso de capital de riesgo (venture capital), a cargo de sociedades que comprometen aportes de capital por parte de terceros para así contar con múltiples fondos de inversión de patrimonio separado, los que se invierten en varios proyectos de riesgo. Este instrumento ha sido adoptado con variaciones en diversos países.
 Al respecto en la región se sabe de la experiencia de Brasil y Chile en la implementación del capital de riesgo.
SERPIENTES Y ESCALERAS
El crecimiento económico encuentra en la transformación productiva una de sus manifestaciones más evidentes, así como también una de sus causas determinantes.
La Cepal refiere que el  crecimiento no se da en forma pareja entre un sector y otro ni dentro de cada sector. Más bien, viene acompañado de la aparición de nuevas tecnologías, productos y empresas, que también lo causan, en tanto que desaparecen o pierden dinamismo actividades cuya competitividad se deteriora como consecuencia de esos avances.
“Esta visión del crecimiento sitúa como una de sus fuerzas motrices a la innovación, definida en forma amplia como la introducción de nuevas formas de hacer las cosas, incluyendo nuevas estructuras organizacionales, nuevos procesos y productos. Ello se traduce, para los agentes innovadores, en oportunidades de producir en forma más eficiente, ampliar su capacidad productiva, ganar cuotas de mercado o derechamente de crear nuevos  mercados y/o nuevos segmentos de ellos merced a la introducción de nuevos productos”.
Jiménez recuerda que no es fácil cuantificar apropiadamente el esfuerzo innovador y sus resultados, porque una buena parte de estos últimos consisten en acciones de cambio organizacional o son de naturaleza intangible.
*Economista y columnista especializada. Es candidato a doctor por la Universidad de Alcalá, tiene dos libros publicados y participa en distintos foros de radio y televisión con opiniones sobre educación financiera, economía y finanzas personales.  Puede contactarla en: claulunpalencia@yahoo.com

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *