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Arte y Cultura - February 12, 2009

La danza, un hechizo que permanece en la memoria: Josefina Lavalle

No se necesitan imágenes
 ni tecnología para recordar
 por muchos años una
buena coreografía,
asegura la bailarina
 Foto: Cortesía CONACULTA

Ciudad de México.- 12 de Febrero del 2009.- (CONACULTA) Para Josefina Lavalle, la danza no es sólo forma: es sentimiento, es estructura, pasión y contenido. La danza, sin importar la edad, es juventud eterna y un lenguaje para transmitir emociones a través del espacio y el tiempo.

 

Una buena coreografía, afirma, se recuerda por años, no se necesitan imágenes ni tecnología para capturarla, es un hechizo que permanece en la memoria del que alguna vez la presenció.

 

En entrevista, la coreógrafa reconocida con la Medalla de Oro de Bellas Artes recuerda que en su casa todos eran muy bailadores. En las fiestas todos seguían el ritmo de la música. Desde los siete años solía jalar la falda a su madre para que la llevara a las clases de danza.

 

Aunque comenzó estudiando piano junto a su amiga María Teresa Rodríguez (Premio Nacional de Ciencias y Artes 2008) y alcanzó un alto nivel, muy pronto comprendería que su vocación era el movimiento, el reto al espacio, el capturar el sentido de la música a otro nivel: el corporal.

 

“Yo estaba en medio de dos amores, era una lucha difícil entre las zapatillas de punta y las teclas del piano”, aseguró la coreógrafa, mientras observa la luz que se filtra por los ventanales de su soleada terraza, donde se encuentra el piano, cuidadosamente cubierto, donde solía practicar sus clases.

 

A los 14 años iniciaría su entrenamiento formal en la Escuela Nacional de Danza, cursando ballet clásico y regional. Los años que siguieron fueron de duro trabajo para posicionarse en el medio y adquirir un estilo propio dentro del movimiento, mismo que fue observado por el coreógrafo Walden Falkestain, quien la invitó a ingresar al Ballet de Bellas Artes.

 

Más tarde, Carlos Chávez fundaría la Academia de Danza Mexicana del Instituto Nacional de Bellas Artes y Josefina Lavalle ingresaría como una de las bailarinas fundadoras.

 

“En ese tiempo se iniciaron las campañas de cultura y alfabetización en las que diversas compañías de danza, teatro y música viajaban por el interior del país. Nosotros prácticamente recorrimos todo el Bajío. Nos ponían un tablado en cualquier plaza o comunidad y comenzábamos a bailar”, rememora.

 

Durante esos viajes, Lavalle observó de cerca la tradición, fuerza y profunda cosmogonía de las danzas regionales, a las cuales dedicaría diversas investigaciones durante gran parte de su vida.

 

“Me sorprendía ante todo la diversidad de matices en esas danzas, muy conectadas a la naturaleza, a su entorno, a las enseñanzas milenarias. Había danzas indígenas que mostraban un gran poder y otras que eran suaves como el balanceo de los árboles por el viento”.

 

Lavalle lamenta que en la danza actual los coreógrafos se inclinen más por propuestas muy modernas donde la técnica pareciera abarcarlo todo y donde pocas veces tienen cabida sus raíces mexicanas. Da su punto de vista:

 

“Ahora las coreografías son más forma. Los coreógrafos se interesan por mostrar muchos elementos sofisticados, pero casi no hay trabajo de mesa con los bailarines. Me acuerdo cuando Seki Sano nos ponía a leer y a investigar antes de un montaje, hoy eso parece olvidado”.

 

Lavalle es autora de más de 40 coreografías en cuyo montaje  colaboraron creadores como Silvestre Revueltas y Efraín Huerta. Entre los títulos destacan La maestra rural, Danza para Cinco Palabras, Sueño de un domingo por la tarde en la Alameda, El informe para una academia y Cambio de Tiempo, entre otras.

 

Lamentablemente, afirma, muchas de esas coreografías nunca fueron registradas por no existir aún el video, aunque incluso se encuentran vivas en su memoria.

 

“Hay diversos sistemas para crear guiones de danza, pero se necesitan bailarines y un foro. Si alguien me diera las facilidades me gustaría registrar para la posteridad los guiones de las coreografías Danza para cinco palabras y El informe para una academia, esta última muy atacada en su tiempo por su temática”.

 

Actualmente, Josefina Lavalle continúa perfeccionando un sistema de registro de movimiento para crear piezas coreográficas dirigidas a niños de primaria.

El primer resultado de este esfuerzo es el libro Historias del movimiento, editado con el apoyo del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes a través del Fonca y en el que plasmó una serie de cuentos didácticos con procedimientos para comprender y practicar la danza.

 

“El baile es algo natural en el ser humano. Los niños mueven su cuerpo todo el tiempo, es un instinto que forma parte de su ser. La idea de este proyecto es que los pequeños despierten su imaginación a través del movimiento”.

 

La coreógrafa concluye la plática: “La danza siempre ha sorteado las crisis, ha sido un arte muy relegado por los apoyos, pero siempre ha salido adelante, por ello se debe devolver esta expresión a la gente. Los coreógrafos preocupados sólo en propuestas vanguardistas deben entenderlo, hay que tender un puente para crear a los públicos del nuevo milenio”.
(HBL)

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