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Temporada Grande 2008-2009 - February 5, 2009

Ante un novillote de Xajay, que se rajó pronto, sobresalió el poder y mando de Miguel Angel Perera

El ruedo de 'La México' fue para
Perera un escenario
para 'jugar al toro' y entrenar
 con su novillo en turno ante
la complacencia de la
mayoría del público asistente
Foto: Internet

Por Paco Prieto
Cronista taurino Azteca 21

Ciudad de México.- 5 de Febrero del 2009.- Noche fría pero más de quince mil personas en la plaza México, lo que en estos tiempos aciagos para el toreo en la ciudad de México es una buena entrada.

En el cartel de triunfadores no estuvo, inexplicablemente, José Mauricio, torero joven y real revelación de una nueva tauromaquia mexicana; estuvieron, inexplicablemente, Jose Mari Manzanares,  que no había hecho méritos no obstante no haber tenido la culpa de los marrajos que le tocaron para su mala fortuna esta temporada, y Manolo Mejía que se vio, en la tarde anterior, medroso y haciendo un toreo que no conmueve a un aficionado serio.

En realidad, salieron cuatro toros de Garfias, Barralva, Los Encinos y San José y un par de novillos de Teófilo Gómez y de Xajay. Salió a flote la corrupción y la falta de respeto al público que le son connaturales a Rafael Herrerías.

Me explico: Cuando se juegan toros de distintas ganaderías, el reglamento amparado por la tradición dice que la ganadería más antigua juega el primer toro y cierra la corrida la que le sigue en antigüedad. La más antigua, Xajay, lidió el último de la tarde y el primero del festejo fue de Javier Garfias, la segunda en antigüedad. Entre uno y otro, no hubo orden ni concierto: Barralva y San José antecedieron a Teófilo Gómez, ganadería ésta  más antigua.

Daba la impresión que ni siquiera hubo sorteo porque dio la casualidad que Mejía, el primer espada, toreó Garfias, que ha sido la de sus triunfos mayores; que el menos influyente de la sexteta, Spínola, cargó con el toro de San José, de procedencia española de Campos Varela-Corlomé; que a los españoles no sólo les tocaran un par de novillos sino que éstos fueran de la dulcísima ganadería de Teófilo Gómez para Manzanares-dehesa consentida de su señor padre- y de Xajay para Miguel Angel Perera con la que había cortado un rabo en su presentación en la México. Vamos, da la impresión que ahora los españoles ponen condiciones y que la México se ha vuelto para ellos un escenario para jugar al toro y entrenar ahora que se aproxima la temporada española. Ahora bien, ¿qué sucedió en la noche de aniversario?

Partió plaza Manolo Mejía que no se empleó a fondo con uno de Garfias al que había que someter primero y pisarle terrenos comprometidos después. Mejía hizo ver que el toro calamocheaba, que no bajaba de natural el testuz y con mucha técnica y experiencia hizo una faena decorosa de aliño.

Siguió el Zapata con uno bravo y peligroso de Barralva, pero que cuando le pisó los terrenos adecuados iba enrazado al engaño y lo hacía con largo recorrido, así que el por lo común bravo tlaxcalteca optó por no correr riesgos mayores, toreando a mucha distancia y citando por el pitón contrario. Faena, como la de Mejía, para el olvido.

Salió en tercer lugar un toro bravo, noble y con recorrido de Los Encinos para Jerónimo. Este estuvo lleno de hondura, de gracia y variado con el capote, ¡por fin un buen primer tercio! Con la muleta la faena empezó con esos pellizcos que hacen resucitar a Silverio Pérez, pero cuando el toro perdió acometividad y Jerónimo debió descuidar la pose, acortar distancias y pasarse al toro en torno a la cintura el gozo se fue al pozo porque el torero no lo hizo. Aburridos el toro y él, se le fue de nuevo el tren, pero ahora a los 31 años, lo que no nos hace albergar esperanzas mayores en su futuro.

Spínola se la vio con un toro de San José con edad y kilos al que lanceó con propiedad y banderilló mejor. Con la muleta, el toro hizo cosas de manso pero el torero lo mandó, lo enceló y lo templó para estar por encima del animal, y como mató de una gran estocada a un tiempo, se pidió una oreja merecida que el juez otorgó.

Manzanares le sacó a un bobo de Teófilo Gómez los pocos lances y pases que tenía, pero a un toro sin raza, sin la mínima acometividad ni el mismísimo Manolete redivivo provocaría alguna emoción.

Un bravo novillo de Xajay tocó al extremeño Perera y el paisano de Cortés y de Pizarro lo bordó con capote y muleta en una faena ejemplar por el poder, el mando, el aguante, la templanza y la inventiva para encelar a un animal que en un momento determinado parecía haber optado por desechar el combate y entregarse a la muerte. Hubo redondos en la cara misma del toro de antología y los gritos de TORERO, TORERO,  no se hicieron esperar. Mató después de un pinchazo y el público, unánimemente, pidió una oreja que el juez otorgó.

Perera ha caído de pie en la plaza México y parece que continuará la senda de los toreros españoles más amados en México: Manolete, Camino, El Capea, Ponce, Juli. Creo que, aquí ahora, está más en el ánimo de la afición que el propio José Tomás. 

En fin, el próximo domingo un gran cartel: Ponce, Macías y Joselito Adame. Esperemos que los toros de San José tengan edad y trapío y que Ponce no haya exigido animales de menos de cuatro años y de escasa cornamenta que le permitan jugar al toro.

Comentarios a esta nota: paco.prieto@azteca21.com

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