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Ciencia y Tecnología - January 28, 2009

“Paloma, ¿de dónde vienes…?”

Se busca algún biólogo, ornitólogo
o colombófilo que pueda
explicar científicamente el bello
ballet de las palomas capitalinas?
Foto: Gregorio Martínez M./Azteca 21

Para Isaac Bengurion, con agradecimiento por los "raites"

Por Gregorio Martínez Moctezuma
Corresponsal Azteca 21

Ciudad de México. 28 de enero de 2009. Con este verso inicial del corrido “Bonito San Juan del Río” doy comienzo a esta nota, que no es más que un breve panegírico a las aves, específicamente a las palomas o pichones, pues he observado un ritual aéreo matutino, sin falta, que se realiza cada amanecer en el poniente de la ciudad.

Ignoro si alguien ha llamado ya la atención al respecto, lo cierto es que me gustaría que esta especie de carta guardada en una botella y lanzada al océano de la información llegara a las manos de un biólogo, de un ornitólogo o, más afortunadamente, a las de un colombófilo, ya que redundaría en mayor conocimiento de las palomas.

Y es que cada mañana, casi justo a la salida del sol, emerge de la nada (es un decir) un grupo (¿o parvada?) de palomas y comienzan a volar en círculos imperfectos, amplios, con ascensos y descensos en su trayectoria, trazando en el aire bellas coreografías, acompañadas de una música inaudible, pero perceptible para un espíritu atento.

Esto lo hacen cada mañana en el aire que correspondería al área geográfica de San Antonio, a la altura del Periférico, con orientación de su vuelo oriente-poniente, en un perímetro que no creo que rebase los quinientos metros y durante aproximadamente una hora, mientras sus evoluciones se van acortando, hasta desaparecer, como en el principio, en la nada.

Sé que no lo hacen sólo por deporte (verlas ya es un milagro en esta mefítica ciudad), pero me gustaría conocer el significado de sus evoluciones, de las coreografías aéreas, del mensaje que envían y ante el cual declaro mi ignorancia, mi incapacidad para descifrarlo. Sin embargo, comparto con ellas la alegría de vivir, la chispa divina que nos impele a iniciar cada día con entusiasmo y decisión, sin saber si será el último, pero con la certeza de vivirlo intensa y amorosamente, como en el corrido susodicho a San Juan del Río.

Comentarios a esta nota: gregorio.martinez@azteca21.com

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