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Por la Espiral - January 23, 2009

RSC ante la adversidad

POR LA ESPIRAL
*Claudia Luna Palencia

 

-RSC ante la adversidad
-Empresas: como el cangrejo
-Necesario asumir responsabilidad

La crisis financiera, con contagio en la economía real, que afecta a la aldea global puede convertirse en un ave de mal agüero para las empresas que años atrás decidieron dar el paso del compromiso de la Responsabilidad Social Corporativa (RSC).
 La verdad es que sería muy lamentable que por la crisis se perdiera el espíritu empresarial de compromiso con el desarrollo y de devolverle a la sociedad algo de lo mucho que ésta proporciona con su fidelidad como cliente y consumidor.
 En la última década ha sido notable la participación de  multinacionales y transnacionales posicionándose como agentes fundamentales en la cooperación para el desarrollo, adopción de esquemas de RSC y el desempeño activo en distintos ámbitos en la medida en que el rol del Estado ha ido cediendo espacios.
La intromisión empresarial ha hecho que la cooperación cobre otro sentido, uno muy distinto al de las concepciones predominantemente desarrollistas surgidas después de la Segunda Guerra Mundial, en la década de los cincuenta y sesenta, basadas en el crecimiento económico como objetivo central, hasta avanzar en la década de los noventa a favor de revisarse el sentido y los esquemas de la cooperación bajo la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD).
Después en el 2000, tras la Cumbre del Milenio, con los compromisos adquiridos entre los gobiernos de más de 150 países de trabajar para reducir los niveles de pobreza a la mitad antes de arribar al 2015, se cuestionó entonces el resultado de los programas asistencialistas pugnando en su lugar primeramente por una gestión transparente de los recursos aplicados para el desarrollo tanto por los gobiernos como por la iniciativa privada y de hecho se habló de entrelazar esfuerzos con la finalidad de lograr mejores resultados.
En este viraje, las empresas multinacionales y transnacionales emanaron con un rol activo dentro del abordaje de los programas sociales y ambientales. Incluso se difundió el término de “una ciudadanía corporativa” para definir a una empresa co-responsable.
A la par han ido proliferando distintos liderazgos de voluntades privadas, y no sólo se trata de Bill y Melinda Gates, hay otros nombres como el de Anita Roddick, dueña de The Body Shop, empresa con mil 500 sucursales distribuidas en 47 países.
Roddick se dice convencida de la necesidad de adoptar un rol más participativo y proclive a estimular en la sociedad y en el medio un cambio para bien, aplicando  en sus empresas inputs y outputs con políticas internas de respeto a los derechos laborales; y externas con políticas ambientales amigables.
A COLACIÓN
El creciente peso y presencia de las empresas multinacionales en el terreno económico, político, social y cultural está llevando a replantear la filosofía empresarial y el rol que deben sustentar en los distintos campos y áreas de acción.
Grupos como el estadounidense Citigroup-Citibank poseen más riqueza en valor de capitalización que, por ejemplo, todo lo que Colombia, Chile y Perú generan de forma conjunta en riqueza mediante el PIB.
Los bancos españoles, BBVA y BSCH, son cinco veces más poderosos, económicamente hablando, que todo el Caribe y tres veces más que Centroamérica.
Ante el surgimiento de estos grupos tan poderosos, en los noventa  proliferó  un  movimiento liderado por la Unión Europea a favor del rol ético de la empresa como nuevo actor preponderante en la sociedad. El enfoque europeo de la responsabilidad social tuvo su origen en la creación de la Oficina Humanitaria de la Comunidad Europea.
En 1993 varias empresas  europeas participaron en la lucha contra la exclusión social, fue un primer gran paso para una movilización importante y para la creación de redes europeas de empresas.
A mediados de 1996 fue discutido en el Parlamento Europeo la necesidad de que la Unión Europea adquiriera un rol más activo en la esfera internacional en los términos de la ayuda y la cooperación.
Para marzo de 2000, Reino Unido designó a un ministro preparado para atender el ámbito de la responsabilidad social de las empresas. Inmediatamente después, el Consejo Europeo de Lisboa, abogó en particular al sentido de responsabilidad social de las empresas en lo relativo a las prácticas correctas en materia de aprendizaje permanente, organización del trabajo, igualdad de oportunidades, inclusión social y desarrollo sostenible.
Se trató de una gran aportación al afirmar que las empresas  “tienen una responsabilidad social y deben asumir voluntariamente compromisos que van más allá de las obligaciones reglamentarias y convencionales, que deberían cumplir en cualquier caso”. La pretensión es involucrar a las empresas como actores para elevar los niveles de desarrollo social, protección medioambiental y respeto de los derechos humanos.
Por lo tanto, el enfoque europeo de la responsabilidad social de las empresas está integrado en el contexto más amplio en que se inscriben diversas iniciativas internacionales.
Después otras empresas sobre todo de América han ido tras los pasos de la Responsabilidad Social Corporativa (RSC) creando internamente áreas propicias para demostrar su compromiso real a favor de incidir en el cambio.  En México tenemos el caso de Banorte, Vitro, Grupo Financiero Inbursa, Telmex, Modelo y Cemex, entre otras.
En América Latina, en los informes trimestrales de las empresas,  van ocupando espacio noticias para  accionistas, inversionistas y clientes relacionadas con la RSC.
En buena parte también los clientes y consumidores se sienten identificados con marcas y productos de empresas  dispuestas a retribuirle a la sociedad, tratar bien a sus empleados, eliminar prácticas de discriminación o de explotación laboral.
El punto de la cuestión es que la RSC está todavía en pañales, la dura crisis global a la que nos enfrentamos podría motivar a que las empresas (que lo han hecho) dejaran de lado la filosofía de la cooperación y la retribución al reajustar sus presupuestos internos y cancelar su filantropía.
Hacerlo sería muy lamentable porque echaría por tierra el trabajo de muchos años.
*Economista y columnista especializada. Es candidato a doctor por la Universidad de Alcalá, tiene dos libros publicados y participa en distintos foros de radio y televisión con opiniones sobre educación financiera, economía y finanzas personales.  Puede contactarla en: claulunpalencia@yahoo.com

 

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