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Arte y Cultura - January 18, 2009

Urge especialista a rescatar el arte plumario de los amantecas en México

El penacho de Moctezuma, obra de
 los amanteca, artesanos mexicas
 especialistas, fue elaborado
con plumas de quetzal, Xiuh
Totol, tlauquechol y cuclillo
 Foto: Cortesía INAH

Ciudad de México.- 17 de Enero del 2009.- Entre los 105 millones de habitantes que tiene México, se calcula que no más de 50 personas se dedican al arte plumario, lo que lo coloca como una actividad en peligro de extinción, aseguró hoy el artesano amanteca Eliseo Ramírez Guzmán, quien urgió a rescatar esta labor procedente de la época prehispánica.

Al dictar la conferencia "A la sombra de los dioses", en el Museo de Arte Popular (MAP), el artesano ofreció un amplio panorama de la historia de la utilización de las plumas de ave como un elemento más del arte popular.

Las personas que trabajan el arte plumario, dijo, son llamados "amantecas", porque eran del barrio de Amatlán. Esta actividad se remonta a la época de los aztecas, un pueblo guerrero que gustaba de decorar sus atuendos con el colorido de las plumas de diversas aves.

"El auge del arte plumario se debió a la belleza de este material, que además de ser utilizado como objeto decorativo adquirió un valor ritual y comercial, pues los guerreros y gobernantes se ataviaban con prendas decoradas a base de plumas que resaltaban su poder y autoridad", señaló Ramírez Guzmán.

El origen del interés por ataviarse de plumas, indicó el artesano, se debe a la admiración que desde hace mucho tiempo el hombre ha manifestado por el vuelo de las aves, y que en aquélla época trataron de satisfacer a través de vestirse con su plumaje.

Tanto en el pasado como en la actualidad, la realización de una obra de arte plumario implica un proceso laborioso, destacó el especialista, pues primero la pluma debe pasar por un proceso de limpieza y estabilización para que sea durable.

Las tonalidades de las plumas se logran de diversas especies, entre las que destacan la garza, cuyo plumaje brinda tonalidades rosadas, mientras que las amarillas se consiguen del ave costera zacuán.

Por su parte, las verdes se obtienen de loros y guacamayas; las de tonos cafés del pájaro vaquero; blancas y negras del ayacuán, y colores brillantes y tornasoles del colibrí, añadió.

Para evitar poner en peligro a las diversas especies, expresó Ramírez Guzmán, en la antigüedad eran criadas especialmente por los amantecas, quienes esperaban el proceso natural de cambio de plumaje para realizar los mosaicos.

Y es que el uso desmedido de plumas generó que algunas especies, como el Quetzal, disminuyeran considerablemente, anotó.

Hoy en día, continuó, son pocos los artesanos que se dedican al arte plumario porque, desafortunadamente, es una actividad que no ha sido transmitida de padres a hijos, a excepción de algunos casos de familias en Michoacán y la Ciudad de México.

Entre las obras más conocidas y apreciadas por su calidad en el arte plumario está el famoso "Penacho de Moctezuma", un ejemplo de la finura de esta actividad.

Además, en la Ciudad de México son pocos los museos que exhiben obras de este tipo, entre ellos se encuentran el Museo Franz Mayer y el Soumaya.

Con el propósito de promover y difundir la obra de los artesanos y artistas, el MAP ofrecerá un taller de arte plumario, impartido por el amanteca Eliseo Ramírez Guzmán, el cual se llevará a cabo del 19 al 23 de enero en este recinto. (Notimex)

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