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Temporada Grande 2008-2009 - January 18, 2009

Lleno en la México y José Tomás, “El Cejas” y “El Payo” por encima de los toros

Una oreja que pudieron ser dos
 para Arturo Macías y el grito
consagratorio de ¡Torero!, ¡Torero!
Foto: Cortesía lamexico.com

Por: Paco Prieto
Cronista taurino Azteca 21

Ciudad de México.- 18 de Enero del 2009.-  La plaza de toros México se llenó como en los buenos tiempos: no había un lugar desocupado en el numerado y más de un cuarto de entrada en generales. Regresó también el entusiasmo contagioso que presagiaba la buena tarde que tuvimos cuando José Tomás confirmó la alternativa a Octavio GArcía "El Payo" siendo testigo Arturo Macías "El Cejas".

Los toros de Teófilo Gómez dejaron mucho que desear y ante la gran actuación de los tres espadas tres de esos toros, los dos que tocaron a Tomás y el que cerró plaza para "El Payo" fueron fuertemente abucheados por la multitud.

José Tomás, "El Cejas" y "El Payo" se dejaron la piel ante sus enemigos y nos hicierons sentir por qué el toreo es de las pocas cosas serias que quedan en el mundo, cuando el ser humano ejecuta una danza macabra y borda bellezas al filo de la muerte.

El toricantano "Payo" tuvo en suerte a un animal suave pero medido de raza que tenía, sin embargo, recorrido. Luego de capotearlo con propiedad, hizo una faena de muleta por la derecha y por la izquierda con pases en redondo, ejecutados con largueza y remantando primorosamente las series. De no ser por los pinchazos y porque el toro, además, fue tan medido de raza que pecó de falta de emotividad, se hubiera llevado una oreja.

En el que cerró plaza, un animal áspero, pegado a la arena y abanto estuvo en los terrenos prohibidos lo que el público le reconoció. En cuanto a su padrino, José Tomás estuvo, tanto con la capa como con la muleta en la cara misma del toro. En su primero lanceó por verónicas y chicuelinas a un mismo tiempo elegantes y ceñidas; con la muleta su cuerpo fue el cebo que acabó por encelar a un toro que se rajaba y aparte de bordar el natural terminó con manoletinas que pararon a los espectadores para acabar de un estoconazo. Una oreja.

En su segundo, aparte de tomarle el temple a un toro abanto y agarrado al piso para bordar lances armoniosos, jugándose la piel sacó pases en redondo en que llamaba la atención su impasibilidad, su naturalidadad. esa elegancia natural que sólo los mayores tienen. Media en sitio perfecto y una oreja que, a juicio de este cronista, debieron de ser dos.

Finalmente, "El Cejas" emuló a Tomás para bordar a sus dos toros con la muleta cargando la suerte a pesar de torearlos ahí donde se dice, y con razón, que huele a cloroformo.

Su segundo lo punteó al entrar por derecho a matar y el torero no dejó que lo llevaran a la enfermería; regresó dolido al ruedo para ver caer a su enemigo y luego recibir la oreja que la mayoría pidió. Este muchacho de Aguascalientes confirmó que va con pasos firmes a convertirse en figura del toreo.

La nota triste la dieron los teófilos: justos de presencia, ásperos, medidos de raza.

Comentarios a esta nota: paco.prieto@azteca21.com

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