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Arte y Cultura - January 14, 2009

La fabricación de ollas y comales en Cuesta Blanca, SLP, está vinculada a las fases lunares

De acuerdo con la cosmogonía
 pame, las mujeres son 'frías'
 por ser hijas de la Luna y
son 'calientes' en el sentido sexual
por su vínculo con la fertilidad
 Foto: Cortesía INAH

Ciudad de México.- 14 de Enero del 2009.- (CONACULTA) Para las alfareras de Cuesta Blanca, en San Luis Potosí, la fabricación de ollas y comales a base de arcilla es un rito, en el cual la presencia de la luna/nmauu’/ragui’, el “Lomo del Diablo”/caing bi xiñ’ing (la tierra) y el fuego/nkyue no es una mera coincidencia; todos estos símbolos son considerados como entidades de gran poder que dotan de dureza al barro.

 

Atraída por esta concepción incorporada en los enseres domésticos, la antropóloga Mónica Segura Jurado se acercó a las mujeres de esa localidad pame para descubrir que, entre ellas, la alfarería ha sido y es hasta hoy una actividad mediante la cual reafirman su identidad de género y su función en el mundo, bajo un destino impuesto por los dioses celestes y del inframundo.

 

Derivado de estas investigaciones en campo, la especialista independiente realizó su tesis de maestría en Antropología Social bajo el título, Ollas y comales: más allá del barro. La construcción social y simbólica de las alfareras pames de Cuesta Blanca, la cual obtuvo recientemente mención honorífica dentro del Premio “Fray Bernardino de Sahagún”, del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

 

Mónica Segura se percató que la producción de la cerámica entre las pames se halla vinculada directamente con las fases lunares, por ejemplo, en cuarto creciente o “luna tierna”, se muele el yeso “para que esté más suave”. En plenilunio y “luna madura o maciza” (cuarto menguante) se recolecta la leña y se moldea la pieza. La elaboración ritual es una enseñanza heredada y transmitida de generación a generación.

 

Sin embargo, “también elaboré artefactos de arcilla con mujeres que no ritualizan el proceso. En este caso, la historia y el método genealógico mostró que ellas aprendieron con mujeres foráneas, así mismo aprecian su actividad desde una perspectiva mercantil y dejan de producirla si los ingresos económicos de la familia aumentan”.

 

Para las alfareras pames, la cocina es también un espacio sagrado, allí “me enseñaron la importancia del correcto uso del comal y la olla frijolera, pues establecen un paralelo entre el comal/schie y la luna/nmauu. Aprendí cómo debería cocinar y alimentarme para que, de acuerdo a sus concepciones, mi cuerpo no perdiera el calor; me explicaron la importancia de esta condición y su asociación con la fertilidad femenina a través del alimento, el sexo y la luna”.

 

De acuerdo con la cosmogonía pame, piensa que las mujeres son “frías” por ser hijas de la luna y asociarse con la tierra, pues su ámbito de pertenencia es el inframundo. Sin embargo, son “calientes” en el sentido sexual por su vínculo con la fertilidad y la gestación humana, el cuidado de la familia y la administración del hogar.

 

El trabajo de campo develó que el uso de alfarería es un elemento que forma parte de la concepción “ser mujer” entre los pames. Las mujeres que ritualizan su producción artesanal y con las que Segura Jurado tuvo un mayor vínculo, han superado su ciclo reproductivo, es decir, son mayores a los 40 años de edad. No obstante, nietas o hijas, han comenzado a sumarse a esta labor.

 

En opinión de la investigadora, otro aspecto interesante es que este grupo de señoras fue más renuente en aceptar modificaciones al proceso de elaboración, sugeridas en años anteriores por diversos representantes gubernamentales. Actualmente se emprende otro programa de fines comerciales, en el que ellas participan de manera directa en la producción.

 

En la primera fase de este proyecto participaron la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI); la Casa del Artesano, dependiente de la Secretaría de Desarrollo Económico de San Luis Potosí; y el Fondo Nacional para el Fomento de las Artesanías.

 

Próximamente iniciará su segunda etapa, en la que Mónica Segura atenderá la problemática de la equidad de género, en atención a que las indígenas partícipes suelen aumentar su carga de trabajo, toda vez que socialmente ya tienen labores asignadas.

 

Las características que diferencian la alfarería de Cuesta Blanca respecto a la de otras poblaciones pame, se basan en: las técnicas de elaboración (que en el caso específico de las alfareras es un ritual), el color almendrado del barro y la especialización de alfareras y artesanas, entendiendo por éstas últimas a quienes no ritualizan su labor.

 

Mónica Segura señaló que existen tipos de alfarería: la de fines comerciales; la de autoconsumo, que comprende las ollas, comales y cajetes de uso cotidiano; la empleada por brujos o curanderos en ritos de curación; y la utilizada en rituales agrícolas, los que son encabezados por el jefe de familia o su representante (hijo mayor o curandero) para bendecir la milpa.

 

Cabe mencionar que todos los enseres de barro son elaborados bajo el ritual lunar, a excepción de los utilizados en curaciones. En ese caso, por el contexto de su empleo no deja de ser una cerámica ritualizada.

 

El ritual de elaboración que siguen las alfareras busca la buenaventura de la deidad lunar y la autorización del “Lomo del Diablo”, que es la tierra como entidad femenina de carácter dual: buena/mala. Este rito es una proyección de la capacidad femenina de gestación, razón por la cual a pesar de ser un trabajo pesado no la realizan los hombres.

 

Para las alfareras que ritualizan, su actividad es parte de un destino impuesto por los dioses celestes y del inframundo. La luna como deidad femenina es un símbolo que determina su identidad de género y étnica, su participación en la organización social y su actividad.

 

Segura Jurado concluyó que ser alfarera significa ser luna; mujer fértil que trasciende los límites de su materialidad física para reproducir los patrones culturales que han heredado de los antiguos. Sin embargo, el rol de alfarera se encuentra supeditado al de madre y esposa.

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