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Buenas Noticias - January 10, 2009

Concluye restauración de retablos churriguerescos del Templo de San Francisco Javier, en Tepotzotlán

Los retablos reconocidos por su
 monumentalidad y belleza,
 lucirán nuevamente
 en todo su esplendor
Foto: Cortesía INAH

Ciudad de México.- 10 de Enero del 2009.- (INAH) Tras siete años de trabajo, a mediados de enero los trece retablos churriguerescos del Templo de San Francisco Javier, en Tepotzotlán, Estado de México, reconocidos por su monumentalidad y belleza, lucirán nuevamente en todo su esplendor, tal y como cuando fueron labrados en la segunda mitad del siglo XVIII.

Con la restauración del retablo dedicado a la Virgen de la Luz, el Museo Nacional del Virreinato (MNV) asentado en el ex – colegio jesuita, aledaño a esa iglesia, dará por concluida la intervención integral de esos bienes inmuebles por destino (aquellos que por estar adosados a un edificio no pueden separarse del mismo).

Cecilia Genel Velasco, directora del MNV, dio a conocer que para el día 13 de este mes, se prevé que el templo ya se encuentre libre de andamiaje, lo que representaría el término de la tercera y última etapa de un magno proyecto que requirió una inversión de aproximadamente 10 millones de pesos, desde su inicio en 2002.

Las intervenciones de los retablos novohispanos fueron financiadas por el gobierno federal, la Asociación de Amigos del Museo y el gobierno del  Estado de México.

Los trabajos de restauración fueron realizados, en su mayoría, por egresados de la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía (ENCRyM) del Instituto Nacional de Antropología e Historia, siendo el citado Retablo de la Virgen de la Luz, el último en que se efectuaron varias acciones: limpieza, talla de piezas faltantes, reintegración cromática y reposición de hoja de oro, entre otras.

De acuerdo con la titular del museo, el Templo de San Francisco Javier contiene 13 retablos, cifra que incluye dos localizados en el sotocoro y que también fueron intervenidos. La última etapa del proyecto comprendió la restauración de los instalados en el crucero, específicamente los dedicados a San José y a la Virgen de la Luz.

En los distintos cuerpos del Retablo de la Virgen de la Luz se hallan dispuestas esculturas de los padres de la Virgen María: San Joaquín y Santa Ana; y de santos y santas reconocidos por su labor intelectual y reformadora dentro de la Iglesia, tal es el caso de Carlos Borromeo, Rosalía, Catalina de Siena, Agustín, Rosa de Lima, Teresa de Ávila y Domingo.

En la parte central del mismo se encuentra una talla de la Virgen de la Luz, devoción mariana que fue promovida por la Compañía de Jesús en México, durante el siglo XVIII, esta advocación destaca debido a su función como intercesora. En la parte inferior del retablo también sobresale un cuadro de la Virgen del Popolo (Pueblo), enviado a la Nueva España por san Francisco Borja, junto con los primeros jesuitas.

Sobre las dimensiones de los retablos, la directora del MNV comentó que  “en el caso de los de mayor altura, destinados a la Virgen de Guadalupe y a San Ignacio de Loyola, alcanzan casi los 18 metros; y respecto al ancho, en la mayoría de los casos tienen ocho metros”.

Los trabajos de restauración consistieron —en su primera fase— en una limpieza profunda, centímetro por centímetro, que normalmente requiere de aspirado, además del retiro de polvo mediante brochuelos de cabello fino y, en casos más difíciles, con algunas soluciones a base de bencina y alcohol.

“Después del retiro de lo ahumado y del polvo, se procede a la talla de piezas faltantes (brazos de santos, alas de querubines, por citar algunos) para su reposición y lograr así una lectura más integral de todo el retablo. A esto se suma la reintegración cromática y la restitución de hoja de oro, para ello se colocó una base de preparación que incluye bol (tierra roja mezclada con cola de conejo) y luego se dora con hoja de 23.5 kilates”.

Genel Velasco refirió que desde la adecuación del inmueble, para abrirlo como Museo Nacional del Virreinato, de 1960 a 1964, no se había realizado una intervención integral de los retablos del Templo de San Francisco Javier. En los años posteriores, su tratamiento consistió en un mantenimiento general por parte del personal de este espacio museístico.

De esa manera, el arduo trabajo realizado estos últimos siete años garantizará el disfrute de los retablos de Tepotzotlán, por muchas generaciones más. “Todo un privilegio” —dice Genel Velasco— si se considera que los jesuitas pudieron admirarlos sólo por unos cuantos años, ya que los retablos se labraron entre 1750 y 1758, y la orden religiosa fue expulsada en 1767.
 

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