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Arte y Cultura - December 27, 2008

Reaparece en tésis “Nuestra Señora de la Bala”, Virgen Protectora del oriente de la Ciudad de México

La escultura virreinal del siglo
XVII es de madera estofada
 tiene una altura de 30 cms
 y se encuentra en el templo
 del 'Señor de la Cuevita'
en Iztapalapa
Foto: Cortesía
everyoneweb.es/virgendelabala

Ciudad de México.- 28 de Diciembre del 2008.-  Patrona de los matrimonios, abogada de las mujeres embarazadas y parturientas y protectora de quienes tienen profesiones peligrosas y corren el riesgo de ser alcanzados por municiones asesinas, la Virgen de la Bala tiene una historia de milagros y devoción de más de tres siglos.

Considerada como uno de los cuatro baluartes religiosos que fray Francisco de Florencia difundió como protectores de la Ciudad de México (al oriente, Nuestra Señora de la Bala; al poniente, la Virgen de los Remedios; al sur, la de la Piedad y la de Guadalupe al norte) la imagen se creyó perdida por mucho tiempo, incluso investigadores como José Guadalupe Victoria la daban como desaparecida.

Nain Alejandro Ruiz Jaramillo, ganador de la mención honorífica del premio Francisco Javier Clavijero 2008, que otorga el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) a la mejor tesis de licenciatura en Historia y Etnohistoria, reportó en dicho trabajo el "hallazgo" de la escultura.

Asimismo dio a conocer la historia de su veneración, misma que continúa hasta nuestros días en el centro de la Delegación Iztapalapa.

En su tesis titulada Nuestra Señora de la Bala, Virgen Protectora del oriente de la Ciudad de México, el investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México revela el origen de la veneración de la escultura virreinal del siglo XVII de madera estofada -con una altura aproximada de 30 centímetros-.

También señala las cualidades de su culto y la trascendencia histórica del lugar donde se gestó su devoción, el antiguo hospital de San Lázaro.

Ruiz Jaramillo comentó que la importancia de su trabajo de investigación que duró alrededor de cinco años, radica en que encontró una imagen que estuvo considerada como desaparecida desde 1901, año en que fue robada del templo del Hospital de Jesús de Nazareno.

No obstante, y a partir de las investigaciones que realizó el ganador del premio INAH 2008 ubicó que esta imagen, en 1913, fue encontrada por el clérigo Rosendo Pérez Yniestra en el Monte de Piedad.

El sacerdote pagó el monto del empeño, la rescató y decidió regresarla a la parroquia de San Lucas Evangelista, en Iztapalapa, lugar de donde era presbítero.

A partir de esa fecha la imagen ha sido venerada y resguardada por los nativos del pueblo del oriente de la Ciudad de México; sin embargo, ahora se le rinde culto en el templo del Señor de la Cuevita, ubicado en la misma demarcación.

El investigador explicó que la tradición de devoción a la Virgen de la Bala inició en el siglo XVII, cuando la imagen realizó el primer milagro.

"La tradición oral cuenta que en el pueblo de Ixtapalapa vivían unos esposos cerca de la orilla del lago de Texcoco. Este matrimonio se distinguía por su armonía y por ser un gran ejemplo de amor mutuo, hasta que el demonio consiguió sembrar en ellos la discordia", agregó.

"Enloquecido por los celos, un día el esposo decidió matar a su mujer, tomó una pistola y le disparó, para salvaguardarse la mujer tomó como escudo una pequeña imagen de la Virgen con la advocación de la Inmaculada Concepción y en el momento del disparo la munición fue detenida milagrosamente por la escultura religiosa, quedando incrustada en la peana", expresó.

"La bala quedó tan bien encajada que no se ha podido sacar", contó el historiador.

La Virgen, añadió, fue sorteada entre las iglesias de la Ciudad de México, resultando ganador el entonces templo del hospital para leprosos de San Lázaro, de hecho, por sus milagros en este lugar se fundó, en honor a la imagen, una cofradía dedicada a atender a los leprosos pobres.

"El principal aporte de mi investigación es dar a conocer la imagen y su culto, en segundo término y desde el punto de vista de la historia del arte, es presentar la conservación de la misma imagen, el rescate que se hace de ésta, dar a conocer que existe el templo en que se venera, la trascendencia histórica y la atención del mal del lepra", añadió.

En este sentido dijo que quizá desde la época Colonial (1521-1821) no ha existido un trabajo que tenga como objetivo principal este culto.

Ruiz Jaramillo concluyó que espera que a partir del reconocimiento que el Instituto hizo de su trabajo, éste pueda tener una mayor difusión entre la población, para que se conozca el culto de esta imagen, que literalmente le hizo el "milagro" de ganar un premio INAH.  (Notimex)

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