Home Buenas Noticias La piñata, tradición milenaria procedente de China fue traída a México por colonizadores españoles
Buenas Noticias - December 25, 2008

La piñata, tradición milenaria procedente de China fue traída a México por colonizadores españoles

Las primeras piñatas, estaban
 hechas con terracota y
barro, tenían forma de
 animales y se llenaban de
 diversas semillas para
 atraer la buena fortuna
 Foto: CONACULTA

Ciudad de México.- 24 de Diciembre del 2008.- (CONACULTA) Cuando en el mes de diciembre celebramos las posadas rompiendo una tradicional piñata, pocos saben que se da continuidad a una tradición ancestral anterior al nacimiento de Cristo y que en un principio servía para simbolizar la buenaventura y la prosperidad en los ciclos de siembra de los agricultores chinos durante el año nuevo.
 
Las primeras piñatas, aparecidas en Oriente, estaban realizadas con terracota y barro y guardaban la forma de animales, especialmente de vacas y bueyes, los cuales eran rellenados de diversas semillas para atraer la buena fortuna.
 
Según libros históricos, durante la Dinastía Ming, uno de los periodos más influyentes en la civilización china, la piñata fue utilizada incluso como una herramienta política. Los funcionarios del emperador introducían en su interior algunos pergaminos con enseñanzas cívicas para los ciudadanos.
 
Durante su viaje a esa nación, Marco Polo quedó maravillado con el colorido de esa tradición que consistía, al igual que hoy, en romper con un palo aquella artesanía para que su contenido esparciera simbólicamente la abundancia y la fertilidad en la tierra.
 
A su regreso a Europa, el explorador trajo consigo algunas piñatas, iniciando la tradición que con los siglos fue adoptada por la liturgia católica. Desde entonces las piñatas fueron vistas con otros significados, aunque su presencia en las fiestas, a nivel antropológico, ha sido asociada siempre con el cambio de ciclos.
 
No es raro que, en la actualidad, en países como México se rompa una piñata en el último mes del año o en los cumpleaños de los hijos pequeños, tradición que en occidente ha sufrido algunas transformaciones desde el siglo XV.
 
En naciones como Italia o España, por ejemplo, la piñata fue prontamente vinculada a la cuaresma, convirtiendo al primer fin de semana de esta época en la fecha para romper muchas de ellas como símbolo de suerte para las comunidades de pescadores.
 
Se decía que toda familia que viviera de los productos del mar debía romper una piñata para atraer la simpatía de los espíritus del mar que llevaban los peces hacia las redes.
 
En las comunidades costeras de España esta tradición se tornó tan importante que cada año, con el apoyo de muchas iglesias, se realizaba una festividad en honor a la piñata, donde había bailes, espectáculos y se rompían varias docenas de estas artesanías, la mayoría realizadas con arcilla y barro.
 
La piñata en nuestro país
 
Sería con la conquista española y la posterior campaña de evangelización de los pueblos prehispánicos cuando esta artesanía volvería a ser utilizada como una herramienta de adoctrinamiento social.
 
De acuerdo con los apuntes de frailes y diversos viajeros, las primeras piñatas que se fabricaron en territorio mexicano estaban hechas en su mayor parte de barro y mostraban formas monstruosas y atemorizantes, con ojos centelleantes y fauces de bestias.
 
La idea de los sacerdotes era que la comunidad indígena asociara a la piñata con un ícono del mal que debía ser extinguido. Se especula incluso que algunas piñatas tenían el aspecto de las figuras de los dioses que antiguamente adoraban estas comunidades, con la idea de transformar sus creencias.
 
Con el tiempo, las piñatas mexicanas adquirieron la forma de diablos, casi siempre de color rojo, mismo que era abatido a palos en las celebraciones como un símbolo del bien que extingue al mal.
 
Se cuenta que los primeros vítores, anteriores a las canciones populares que acompañan esta tradición, asemejaban las exclamaciones que se lanzan todavía en una plaza de toros, aunque en vez del consabido “¡Ole!”, la multitud exclamaba “¡Dale!”.
 
Precisamente de esta palabra se desprendió siglos más tarde la canción tradicional: “Dale, dale, dale, no pierdas el tino, porque si lo pierdes, pierdes el camino…”.
 
Por lo general, las piernas y brazos de los diablos eran elaborados de materiales más blandos con el propósito de que fueran desprendidos al principio, acrecentando la emoción de los participantes.
 
Tiempo después las figuras de diablos se transformarían en una estrella de siete picos, mismos que simbolizaban los siete pecados capitales. En algunas celebraciones virreinales se colgaban incluso a cada pico un listón con el nombre del pecado: codicia, avaricia, gula, etcétera, los cuales fueron reemplazados por listones de colores, escarcha y serpentinas.
 
Hoy las piñatas continúan vendiéndose en cada mercado del territorio nacional con las formas más variadas, desde aquellas que emulan a súper héroes de las películas y personajes de series de dibujos animados, hasta las que rescatan el viejo arte de la cartonería.
 
Don Enrique Salazar, artesano piñatero con más de 30 años de experiencia y quien ha participado con sus creaciones en algunos eventos del Museo Nacional de Cultura, afirma que este negocio ha sufrido muchas transformaciones.
 
“Las personas ya casi no nos piden la piñata tradicional de siete picos, lo cual es una lástima, casi todos se inclinan por diseños de personajes americanos como Bob Esponja o Barney. La verdad, como artesano, uno tiene siempre sus predilecciones; en mi caso me gusta elaborar piñatas con forma de barco, aunque sin mentirle, me llegan a quedar tan bonitas que hasta me las han pedido para puro adorno”, explica.
 
Don Enrique asegura que, contrario a lo que se pudiese estimar, la tradición corre el peligro de desaparecer debido a que cada año muchos artesanos cierran sus negocios.
 
“No es un negocio para hacerse rico, es más bien una actividad centavera que se sostiene por el cariño al oficio. Hay quienes entran a esto unos meses esperando hacerse ricos y cuando se dan cuenta que apenas si sale para el local lo dejan”.
 
Termina: “Esto, como con cualquier artesanía, es una tradición que se transmite de padres a hijos, en cada piñata hay muchas veces la experiencia de un padre y un abuelo. La piñata es arte, es cultura y muchas veces en esta época es arraigo a nuestra identidad, lejos de los santacloses y los muñecos de nieve”.
 
(HBL)

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *