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Cine - December 10, 2008

“Vicky Cristina Barcelona”, la película polémica de Woody Allen, en la Cineteca Nacional

La cinta sería olvidable y vergonzosa
sin el personaje de María Elena
que interpreta, bastante bien,
la ibérica Penélope Cruz
Foto: Cortesía Cineteca Nacional

Enrique Montañez Ortiz
Reportero Azteca 21

Ciudad de México. 10 de diciembre de 2008. En una entrevista para un portal español, acerca de “Vicky Cristina Barcelona”, Woody Allen declaró que si cualquiera viera la película sin saber quién era el director, de inmediato se daría cuenta de que es él. Nada más falso. Si hay algo de lo que carece la cinta reciente de Allen es, precisamente, del sello autoral de Woody: los primeros treinta o cuarenta minutos son de un convencionalismo pasmoso. En ese lapso, se nos olvida que es una película de Allen por su carácter anodino, por la falta de inteligencia a la hora de proponer el conflicto entre los personajes y la ausencia de los diálogos mordaces a los que nos acostumbró el director neoyorquino. Por consiguiente, pareciera que estamos ante una historia superficial de enredos amorosos al mejor estilo palomero hollywoodense.

Vicky (Rebecca Hall) y Cristina (Scarlett Johansson) deciden pasar unas vacaciones en Barcelona. La primera busca trabajar in situ el tema de su tesis, “la identidad catalana”, y la segunda busca “no sabe qué”. Ambas tienen ideas disímbolas de lo que es el amor y lo que deben ser las relaciones de pareja. Ya en tierras europeas, se encuentran con el pintor llamado Juan Antonio (un Bardem tibio y, por momentos, con flojera actoral), quien las embelesa simplemente por representar el mito del amante latino, ya a estas alturas más que roído. Juan Antonio provocará que Vicky y Cristina enfrenten sus sentimientos y concepciones sobre el amor, la sexualidad y la pareja, pero con un tenor bastante inferior a como lo llevaría a cabo Almodóvar o Bigas Lunas, directores ibéricos a quienes consciente o inconscientemente Woody Allen plagia o, con muy poca fortuna, quiere hacernos remitir.

Woody Allen aseguró, en la misma entrevista mencionada al inicio, que su filme no debe considerarse una comedia romántica exótica. Pero su historia y la manera en que   su cámara registra la ciudad que eligió para rodar no hacen sino contradecirlo tristemente. “Vicky Cristina Barcelona” sería olvidable y vergonzosa sin el personaje que actúa, bastante bien, Penélope Cruz: María Elena. Cuando aparece ésta en escena, la cinta deja de ser plana e insulsa. María Elena, gracias a Penélope, le inyecta sangre y fuego a la historia, con su neurosis y psicosis que ponen en jaque y vitalizan a los personajes, que hasta ese momento eran casi fantasmales de tan faltos de dramatismo, hasta detonarlos.

A través de María Elena se pueden percibir ecos del mejor Woody Allen, incluso del que esperemos que esté por venir en películas postreras. En este personaje extremo, el director filtra las soluciones posibles, pero arriesgadas y sobre todo “poco procedentes socialmente” al problema perenne de las relaciones sentimentales, de la vida en pareja y la infidelidad, axiomas que Allen ha deshebrado en todo su trabajo cinematográfico. Woody Allen mencionó, esto sí con acierto, que esa clase de personajes es inusual en sus filmes. Precisamente, en esa “inusualidad”, es decir, la estructuración argumental de María Elena, reside parte de la valía a cuentagotas de “Vicky Cristina Barcelona”, que, no obstante, sería suficiente para ir a verla como mero atestiguamiento del declive de Woody Allen o para el gozo de los incondicionales melancólicos del director, que, al parecer, son muchos. Horarios de programación en www.cinetecanacional.net.

Comentarios a esta nota: enrique.montanez@azteca21.com

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