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Por la Espiral - November 24, 2008

Frenar el desempleo

Por la espiral
Claudia Luna Palencia

-Frenar el desempleo
-Conquistas socavadas
-Rescate al Estado Benefactor

    El desempleo es una salida en falso a la que recurren  las empresas para cuidar su tesorería y ajustar el balance.
    Sin explorar otras fórmulas, como la austeridad administrativa, reducción de sobresueldos en los miembros de los Consejos de Administración, eliminar los privilegios de gastos en comidas, chóferes, celulares y viáticos y  mejorar la contabilidad interna para obtener una mayor devolución fiscal, el recorte de empleados es la primera acción y la más errónea por el daño social  y el círculo vicioso provocado en la economía real y en la demanda interna.
    Por cada persona a la que se deja sin trabajo y sin ingreso mensual, en promedio lo sufren cuatro personas cercanas al afectado laboral.
    Pero no sólo la crisis sirve para el pretexto de la reducción de personal se recurre a ésta para ir recortando las conquistas sociales en el terreno laboral, introducir nuevas fórmulas más bien dañinas para flexibilizar el mercado laboral, abaratar los tabuladores de ingresos, acortar el tiempo de despido y poner más contratos temporales en lugar de fijos; reducir la responsabilidad de la empresa para con sus trabajadores.
    Es muy preocupante porque la empresa privada además de su peso específico en toda economía, tiene un sentido cuya naturaleza es social por  la cantidad de beneficios que provoca al dar empleo.
    Por ello, enterarnos de tantos recortes masivos en las grandes empresas no hace más que presionar al entorno  por los perjuicios esperados.
    La Organización Internacional del Trabajo (OIT) advierte que a nivel mundial habrá  20 millones de personas en paro, una masa que se añadirá a los 190 millones de desempleados y que llevará a  finales del 2009 a un grueso de 210 millones de personas sin empleo en el mundo.
    Aunque las previsiones realizadas por la OIT podrían aumentar en la medida en que sigan las afectaciones en sectores claves para la economía, como el automotriz.
    Además de los otros datos no considerados como la de subempleados, gente que entra y sale de la economía informal, personas con alguna actividad de un par de horas a la semana o por un par de días.
    Si la permanencia del empleo es angustiante, la del ingreso nos está llevando al siglo XVIII y XIX, la contratación como si fuera a destajo ya no conoce niveles, ni cualificaciones. El abaratamiento de la mano de obra alcanza a las profesiones devaluadas con sueldos pobres.
    En Europa, jóvenes profesionistas hasta los 40 años forman el nuevo lumen de los “mileuristas”, esto es, quienes perciben un ingreso mensual de mil euros que los imposibilita para abandonar el hogar familiar, alquilar en solitario, salvo vivir con amigos o hacerlo en pareja.
    En México, arquitectos, economistas, ingenieros son contratados con sueldos de 4 mil 500 pesos mensuales, sin importar la experiencia; y profesiones como la medicina atraviesan por una inestabilidad donde lograr un plaza fija es prácticamente sacarse la lotería.
    Sobra decir que antes un postgrado y un doctorado implicaban ascender no sólo en conocimiento sino en estatus laboral y de nómina, la crisis no conoce de  distinciones.
    El empleo va abaratarse en la medida en que tanta masa de desempleados esté presionando el mercado  y manifieste disposición a ocupar el lugar del empleado por un sueldo más bajo y peores condiciones en prestaciones.
    Precisamente la OIT advierte que el  número de trabajadores con  ingreso por debajo de un dólar al día aumentará en 40 millones e incrementará en más de 100 millones el grupo de  trabajadores con  ingreso menor de dos dólares diarios.
    Lo que hará esta crisis además de que ya sepultó la posibilidad de alcanzar los Objetivos del Milenio, será reducir los niveles de ingreso per cápita, dejar más desempleados, abaratar el mercado laboral y ahondar la brecha entre ricos  y pobres.
A COLACIÓN
    ¿Dónde está el Estado Benefactor? El siglo pasado, una  manera de compensar las presiones sociales fue mediante el Estado Benefactor que destinó más dinero a presupuestos orientados a sistemas sanitarios; planes de pensiones; seguros por accidentes; protección en el trabajo; esquemas de seguridad social y de planes de vivienda. En algunos países como Suecia o Estados Unidos se fomentó un seguro por desempleo.
En  México con el  desarrollo estabilizador las familias de obreros, trabajadores y profesionistas pudieron garantizarse un modo de vida estable, con el salario del padre o la cabeza de familia bastaba, las familias eran más extensas incluso era inusual encontrar parejas con cuatro hijos porque la mayoría tenían más de seis sin importar el estrato social. Sin embargo, se podía vivir, y los hijos tenían acceso a las universidades, a una carrera técnica o profesional.
Muchos de nuestros padres y abuelos pertenecen a esa etapa en la que pudieron pagarse con su profesión desempeñada en alguna parte del sector público, una vivienda de interés social o bien vivir de su oficio particular, sin penurias.
Pero el Estado Benefactor tenía sus detractores, Hayek y Friedman, principalmente que acusaron de la intromisión del gobierno en la vida económica, de los excesivos déficit a causa de las políticas sociales y de una participación innecesaria del Estado en asuntos de la colectividad.
Las pugnas ideológicas entre los defensores del Estado Benefactor y el Estado Neoliberal terminaron finalmente con la victoria del adelgazamiento del Estado y la toma de control de las empresas multinacionales y transnacionales sobre del orden político global,  después de un gran movimiento de fines de la década de los ochenta y principios de los noventa para debilitar al sindicalismo.
GALIMATÍAS
    Amanecer del siglo XXI: tenemos un marcado retroceso en la política social y en las históricas conquistas laborales que han quedado socavadas con el triunfo de las maquiladoras, la negativa del Estado para seguir procurando la seguridad social, los planes de pensiones y de salud.
    Además se extiende la explotación servil en niños, hombres,  mujeres y personas de la tercera edad. Ni el gobierno y la iniciativa privada garantizan los derechos de los trabajadores y lo mismo se despide a una mujer embarazada en una empresa pública que en una privada porque el patrón prefiere evadir el pago del derecho a la maternidad; se trabajan jornadas laborales superiores a las ocho horas y muchas veces las extras quedan sin paga.
    La relevancia de tener trabajo y salario digno es un factor que no puede dejarse a merced del mercado, debe meterse esa mano reguladora y protectora. La Historia enseña qué pasa cuando hay  muchos desempleados y mucha gente sin ingreso, no lo perdamos de vista.

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