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Música - November 21, 2008

Recital poético de décimas mexicanas con Ana Zarina Palafox, Francisco Camacho y Rafael Figueroa

Ana Zarina comenzó a dar
clases de guitarra y otros
instrumentos de cuerda en 1980
y para 1983 fundó el grupo
'Chaneque' con el que
aparece en esta foto
Foto: Cortesía culturatradicional.org

Ciudad de México.- 21 de Noviembre del 2008.- (CONACULTA) La presentación del noveno cuaderno de décimas del Sotavento Viva la Cuenca vertió en un recital poético por cuenta de Ana Zarina Palafox, Francisco Camacho Morfín y Rafael Figueroa Hernández.

 

Además de la lectura de los poemas contenidos en el cuaderno, los presentadores intercalaron apuntes sobre el origen histórico de la décima, su vigencia geográfica antigua y moderna, y su estructura formal.

 

La más remota presencia de la décima se localizó en los siglos XII y XIII en Provenza, en el sur de Francia. “Son unas cuantas piezas, pero son ya décimas”, comentó Ana Zarina, poeta popular capitalina.

 

Figueroa, el editor de Viva la Cuenca, la ubicó con su estructura actual en la España del Siglo de Oro (finales del XVI y principios del XVII) de la mano del músico y poeta Vicente Espinel y su más aventajado discípulo: Lope de Vega.

 

De entonces data su forma clásica (espinela): diez versos octosílabos con rima consonante en los versos el 1, 4 y 5,  el 2 y el 3, el 8 y el 9 y el 6, 7 y 10. “Una versificación un tanto rara, pero así la hicieron entonces”, afirmó Figueroa.

 

Camacho, también decimero del DF, explicó que cuando llegó a México en el siglo XVII la décima venía en proceso de formación aunque su cultivo era de uso casi exclusivamente elitista, siendo una de sus principales cultoras Sor Juan Inés de la Cruz.

 

Pero al paso de los años la décima saltó a las calles, a los llanos y los montes y se convirtió en una práctica de versificación popular que hoy supervive en varios estados de la República Mexicana y en buena parte de los países de habla española de América Latina.

 

Ana Zarina, Camacho y Figueroa coincidieron en otras características de la décima mexicana: que a diferencia de su elaboración muy regulada en otras naciones –en Cuba su cultivo recibe apoyo oficial de Estado y formación educativa casi profesional– en México su práctica linda en la diversidad, la espontaneidad y en la informalidad.

 

“Hay estados donde se hacen décimas de siete, ocho o nueve versos; las rimas son irregulares o asonantes y los temas que abordan son incontables e inusitados, muchas de ellos con intención festiva, burlona o alburera”, precisó Camacho.

 

Figueroa informó que las más de 150 décimas que contiene el cuaderno de Viva la Cuenca 2008 son “de chile, de dulce y de manteca” porque sus 80 autores escriben lo mismo de amor, desamor, feminismo, política, religión, ecología, crónica cotidiana, reflexión filosófica, humor, erotismo, invención verbal, escatología, etcétera.

 

La norma editorial única exigida a los autores de Viva la Cuenca es que la “décima sea décima” y que aquéllos se sientan libres de escribir lo que quieran, sin importar si “son rudos, técnicos, perfumados, eróticos, albureros, decentes, indecentes o si sus décimas son híbridas o de defraudación obscena según la catalogación de Pancho Camacho”, dijo Figueroa.

 

Y para muestras de botón el poeta tlacotalpense y sus colegas defeños leyeron una veintena de décimas de otros tantos poetas reunidos en la edición 2008 de Viva la Cuenca, entre ellos esta estrofa de Ricardo Javier Martínez Atala, alias El Sapo, la cual está dedicada al hiperbaton, la figura retórica que consiste en alterar el orden lógico de las frases.

 

El idioma nos engaña
hay quien lo trueca con gracia
junta palabras con magia
que parece cosa extraña.
El que tiene malas mañas
con el hiperbaton suele
confundirnos donde puede
y llevarnos al desastre.
No es lo mismo huele a traste,
que decir a traste huele.

 

 
Otra de las décimas leídas en el recital de presentación de Viva la Cuenca, efectuado en la Quinta Margarita del Museo Nacional de Culturas Populares (MNCP), fue Evohé, escrito por Rafael Figueroa con base en el uso rimado de los neologismos que Julio Cortázar utilizó en uno de los capítulos prescindibles de su novela Rayuela.

 

Evohé está integrado con cinco décimas y dedicado al gran escritor argentino y al filósofo alemán Teodoro Adorno. Se reproduce sólo la primera décima, en la que es manifiesto su contenido erótico y la probable influencia del novelista irlandés James Joyce –Finnegan Wake– en Cortázar:

 

Tordúlame los hurgallos
amala bien el noema,
que la espuria sea una extrema
hidrodumuria entre los galios,
que el clémiso sin más palios
se agolpe entre los ambonios,
en sustalos caledonios,
relamando incopelusas
grimados en los que excusas
tus deseos ortogonios.

 

Los cuadernos Viva la Cuenca se integran desde 1992 mediante el envío de textos cada fin de año y los primeros días de enero, de modo que la edición esté lista para ser presentada el 2 de febrero en las Fiestas de la Candelaria de Tlacoltalpan, Veracruz.    

(ATR)

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