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Ciencia y Tecnología - November 18, 2008

Inauguran exposición “Ian Graham. 50 años registrando monumentos mayas”

La muestra, en homenaje
al epigrafista inglés, permite
al público un primer acercamiento
al entendimiento de esta
antigua escritura jeroglífica
Foto: Cortesía INAH

Ciudad de México.- 18 de Noviembre del 2008.- (INAH) Medio siglo de vida enfocada al registro y desciframiento de la antigua escritura mayas, se reúne en 90 imágenes inéditas que conforman la exposición Ian Graham. 50 años registrando monumentos mayas, inaugurada con la presencia del epigrafista inglés de 85 años de edad, en el marco de la VI Mesa Redonda de Palenque, que se realiza en esta zona arqueológica del 16 al 21 de noviembre.

La exposición que se presenta en el Museo de Sitio de Palenque y que estará vigente hasta el 30 de enero de 2009, forma parte del homenaje que se rinde al epigrafista de la Universidad de Harvard, Estados Unidos, organizado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), por su contribución científica al entendimiento de la grafía maya creada hace más de mil 300 años.

Divida en tres secciones, en la primera parte titulada Ian vida y obra, la exposición da cuenta de la infancia y la juventud de Graham hasta antes de involucrarse en la exploración arqueológica. “Esta parte tiene un sentido biográfico y aborda su faceta humana, incluidos episodios de su vida personal como la ocasión en que por vez primera llega a Estados Unidos abordo de un Roll Royce, en los años cincuenta”, explica Carlos Pallán, curador de la muestra.

“A través de fotografías proporcionadas y seleccionadas por el propio Graham, también logramos presentar la forma en que eventualmente cruzó la frontera hacia México y se topa por primera vez con una escultura maya en el antiguo Museo Nacional. Fue un momento trascendental que le cambió la vida, porque se percata que este tipo de monumentos contaban con una escritura jeroglífica y que aún no se había descifrado”, detalla el también epigrafista del INAH.

En una época (finales de los años 50 y principios de los 60) en la que se debatía si en América hubo una autentica escritura hasta antes de la llegada de Colón, Graham planteó que como en el caso de la grafía egipcia, su entendimiento sólo sería posible mediante el registro documental y fotográfico de los monumentos prehispánicos.

En la segunda sección Precursores, se muestra a los predecesores que influenciaron a Graham en su pasión por el análisis de los glifos mayas, entre ellos el epigrafista austriaco Teoberto Maler (1842 – 1917) quien se dedicó al registro mediante la incipiente disciplina, en ese entonces, de la fotografía, en distintos sitios del área maya.

Sin embargo, fue su amistad con la especialista rusa Tatiana Proskouriakoft (1909-1985) del Museo Peabody de la Universidad de Harvard, la influencia decisiva para que el epigrafista inglés decidiera dedicar su vida a la decodificación de la escritura maya. Legado Documental, es el título de la tercera parte de la exposición en la que se toca el modo en el que a partir de 1958 Ian Graham comienza la labor sistemática del registro de las inscripciones mayas, mediante diversas exploraciones en los sitios arqueológicos enclavados en la selva.

“Aquí se muestra la forma final en la que él presenta el fruto de todas sus investigaciones, mismas que forman parte del proyecto que fundó en los años 70 en el Museo Peabody, el Corpus de Inscripciones Jeroglíficas Mayas (CMHI por sus siglas en inglés) integrado por 20 volúmenes”, explicó Pallán.

Se trata del resultado de un trabajo interdisciplinario traducido en esta veintena de libros que muestran en cada página la foto del monumento y su dibujo correspondiente en una escala de 1:10, para el adecuado análisis de los glifos.

Dicho corpus reúne el registro de los monumentos con inscripciones de los sitios mayas mexicanos de Yaxchilán, Chichén Itzá, Uxmal, Edzná, Xcalumkin, y El Resbalón, además de los ubicados en Guatemala y Belice, como Aguateca, Altar de Sacrificios, El Mirador, La Corona, Dos Pilas, Naranjo, Nim Li Punit y Ucanal.

“La obra de Graham fue hecha con el fin de hacer llegar la información generada desde una óptica atemporal, para ello él trato de incluir datos que con el paso del tiempo no cambiaran del todo, a partir de información básica del monumento: medidas, ubicación, etc. Esto con el fin de proporcionar a la arqueología un legado vigente a pesar del paso de las décadas”, precisó el epigrafista del INAH, Carlos Pallán.

´Ian ´uch´ok K´ab´a´. “Ian es su nombre de juventud”

La propuesta museográfica de la exposición Ian Graham. 50 años registrando monumentos maya, además de mostrar el legado del epigrafista de la Universidad de Harvard, permite a los visitantes tener un primer acercamiento a la interpretación de esta milenaria escritura.

Así, desde el inicio del recorrido el público se topa con la inscripción jeroglífica de tres símbolos y su respectiva escritura en maya ´Ian ´uch´ok K´ab´a´, que en español quiere decir: “Ian es su nombre de juventud”. “Son tres glifos que representan el emblema de la exposición y que además sirven de hilo conductor a lo largo de toda la exhibición”, explica Patricia Real, museógrafa de la muestra, al señalar que mediante estos símbolos se remite al visitante a leer dicha frase jeroglífica, tal y como lo habrían escrito los antiguos mayas hace más de 1300 años.

La exposición, constituida por cerca de centenar de fotografías procedentes de de archivos del propio Graham, de la Universidad de Harvard, el Museo Peabody y el Corpus de Inscripciones Jeroglíficas Mayas, permite adentrarse a una disciplina joven en México: la epigrafía.

Durante el recorrido museográfico en el que destacan las tonalidades mayas como el azul y el verde, además de contar con cédulas bilingües, el visitante puede hacer uso de las hojas de sala, en las que se ejemplifica el modo de lectura de algunas inscripciones mayas.

“Hacer llegar al público este tipo de información ha representado un reto en esta exposición, por lo que se recurrió al uso de esta herramienta que permite entender en primera instancia el orden en el que se leen los jeroglíficos”,

“Este primer acercamiento del público con la epigrafía ha sido un desafío porque es hacer que lea algo que no tiene códigos para entenderlo. Más aún en el caso de los glifos mayas que no sólo son ideogramas porque también poseen sonido, es decir, es una escritura fonética a partir de la cual se hace una interpretación”, concluyó la también directora de Museos del INAH.

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