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Arte y Cultura - November 5, 2008

Las máscaras de Tempoal, una manera artística de acercarse a la muerte y divertirse con la vida

Como se puede apreciar la variedad
de máscaras es impresionante,
tanto en colorido, como en imaginación
Foto: Gregorio Martínez M./Azteca 21

Por Gregorio Martínez Moctezuma
Corresponsal Azteca 21

Tempoal, Veracruz. 1 de noviembre de 2008. Eran pasadas las 9 horas y mientras charlaba con Lorena, maestra de secundaria en Álamo, se empezó a escuchar música de sones de costumbre, es decir, de los que se tocan en estos días de Fiesta de Muertos. Al parecer, la música provenía de una construcción color mamey, ubicada a un poco más de una cuadra de la Papelería “Piolín”, sobre la calle Eugenia Uribe de Ostos.

Decidí acercarme a indagar; procedía de una tienda de recargas para teléfonos celulares, próxima al vistoso edificio, que sólo reproducía la música para atraer clientes. Situada a unos pasos, me aproximé a la construcción llamativa, que lucía una enorme lona impresa: “Foro Expo Xantolo” y un cartel en la semiabierta puerta de acceso: “Coveca. Exhibición y venta de productos. Licores de frutas, licor de vainilla, miel de abeja, ropa de manta y artesanías”. Todavía no estaba abierta al público, pero una señora que cuidaba, al ver nuestra sorpresa, nos dejó pasar unos minutos.

Ingresamos al local –poco después me enteré de que se trataba de la sede de la Asociación Ganadera– y adentro me topé con un tesoro: una impresionante muestra de máscaras utilizadas durante el Xantolo. Intentar enumerarlas sería difícil –calculo que fácilmente había más de cien–, pero más aún sería describirlas, reflejar un poco de su magia, simbolismo y representación.

Máscara de atracción visual
inmediata, que combina
lo ritual y lo artístico de
manera extraordinaria
Foto: Gregorio Martínez M./Azteca 21

Una de ellas, por ejemplo, larga y de un rojo brillante con detalles en blanco, negro y morado, parece representar al diablo, coronada con un par de cuernos largos y retorcidos, unas fauces y colmillos de serpiente, adornada con orejas como alas de ángel, y en el mentón un jaguar, un alacrán y una serpiente pequeña. De una atracción visual inmediata, que combina lo ritual y lo artístico de manera extraordinaria. Así como ésta había muchas, pero todas diferentes, similares en el motivo, pero no en su ejecución y acabados. Algunas pertenecen a David Arturo Chio Meza y a César Tolentino, según las fichas respectivas.

Asimismo, había unas que representaban a vikingos, egipcios, apaches o comanches, arlequines, deidades aztecas, el ex presidente pelón conocido como el innombrable, viejos, cráneos, caballeros águila, payasos, piratas, reinas, reyes, chinos, perros, jabalís, marineros, bueyes… y muchas, muchas más, que evidencian un sincretismo posmoderno.

En el mismo espacio también se presentaba la exposición fotográfica “Tempoal: memoria y tradición”, integrada con los fondos fotográficos de los municipios de Veracruz, Tempoal y Miguel Alemán, las colecciones particulares de Octavio Díaz y Tirso Medellín, con investigación de la Oficina de Archivo Gráfico, reproducción fotográfica de Bulmaro Bazaldúa Baldo e impresión digital de Mariana del Campo, en la que se puede ver, por ejemplo, una de la calle 5 de mayo sólo con unas cuantas construcciones a los lados y piso de terracería o la de un puente de madera tomada en 1936 desde abajo del mismo, y algunas otras de principios y mediados del siglo XX.

Por último, la exposición fotográfica “Xantolo. El día en que se juntan el cielo, la tierra y el inframundo”, de Héctor Montes de Oca, que captó altares, hombres y mujeres enmascarados, danzantes llenos de colorido, motivado por lo que el artista considera un “festín de los vivos para los muertos”, fascinado por su música y su “magia ancestral”.

La exhibición y venta de productos se montó en el segundo piso, pero aún no llegaban los productores. “Hasta las once llegan”, me indicó la señora. Nos retiramos con los ojos henchidos de color, magia y misterios. Regresamos a la Papelería “Piolín” en busca de José Luis.

Comentarios a esta nota: gregorio.martinez@azteca21.com

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