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Arte y Cultura - November 4, 2008

Tempoal, pueblo huasteco donde se ríe, baila y llora con los muertos

Uno de los mucho arcos multicolores
que se pueden apreciar al
caminar por el pueblo
Foto: Gregorio Martínez M./Azteca 21

Por Gregorio Martínez Moctezuma
Corresponsal Azteca 21

Tempoal, Veracruz. 1 de noviembre de 2008. Al dirigirme al Centro de esta población huasteca veracruzana, lo primero que llama mi atención son los arcos o altares dedicados a los difuntos, los cuales se pueden apreciar en los patios, por entre las ventanas o puertas de las casas. Incluso al atravesar el tianguis instalado sobre la calle por la que camino –¿Aldama?–, advierto los puestos de mercancías alusivas al Día de Muertos: velas de cera, coronas de flores de plástico para la ocasión, montones de flor de cempasúchil, máscaras, trajes de catrinas, incluso alguno que otro comparsa ataviado de catrina o diablo…

Pero lo anterior sólo es el preludio de lo que nos espera al arribar a la calle 5 de mayo y al Bulevar “Rafael Platón Sánchez”, en medio de los cuales hay un monumento semicircular en honor de Miguel Hidalgo rodeado de puestos de comida y antojitos regionales. Por un lado, en la primera hay un puesto –una lona impresa de fondo dice: “Academia Veracruzana de las Lenguas Indígenas”–donde mujeres indígenas preparan comida, otro donde se realizan actividades recreativas infantiles, otro donde se venden artículos de proyectos productivos de la región, uno más de artesanías en madera –como una de un Juan Diego tallado a mano– y luego los locales comerciales establecidos… Por el otro, en el bulevar, hay una serie de arcos denominado “Paseo de altares” preparados por escuelas de diversas comunidades, en los que algunos tienen sus fotografías y de los que sobresalen las ofrendas a sus muertos, con muchas flores, frutas, elotes, tamales, panes de formas humanas, alimentos, bebidas, anafres pequeños para sahumar… Mujeres y hombres con camisetas rojas y la leyenda “Jóvenes en liderazgo” en la parte posterior los reparan de los efectos de la lluvia. Sin duda, el multicolorido de su arreglo y las numerosas veladoras colocadas al pie contribuyen a guiar a los muertitos al altar donde los rememoran y honran sus parientes.

Más adelante, se encuentra la iglesia, la cual luce unos preciosos vitrales y en cuyo precioso altar de madera, al centro, se encuentra un cristo, acompañado de una Virgen de Guadalupe coronada. Por cierto, José Luis me comentó que él donó dos vitrales. En este par de calles paralelas –cerradas al tránsito vehicular en estas fechas– hay otro marco de madera forrado de tela color verde y blanco, y numerosos jipitecas con sus puestos de anillos y colguijes varios. Al final, un busto de Rafael Platón Sánchez sobre un pedestal blanco.

Desemboco en la calle Reforma, donde está instalado un escenario con equipo moderno, para espectáculos, pero en cuyo fondo dice “Foro de Expresión Artística”. Sigue el Parque Principal, también con su fuente, su quiosco, sus boleros integrados al paisaje, el cual coronan altas palmeras, algunos arcos y nombres de Xantolo y otros formados con pétalos de cempasúchil.

A un lado están dos hoteles, el Milton y el Zapotal; al fondo, atravesando el parque, está un impresionante entarimado para las comparsas, a una lado hay gradas, del otro, sillas, y el Palacio Municipal, de ladrillo blanco y detalles grises, con estas fechas inscritas en sus piedras: “1926” y “1940”, y del que cuelga una lona impresa con la leyenda “Foro Tradicional. Festival Xantolo Tempoal”. Hermoso edificio con un extraño penacho rústico de piedra que parece campanario, pues ahí se encuentra una campana de dimensiones pequeñas. Todo habla de un ambiente festivo, de fiesta.

A un lado del Palacio Municipal veo “Papelería y Regalos Piolín”, la esquina donde quedé de verme con José Luis. No está él, pero sí Lorena del Ángel Lemus, su hermana, que nos recibe afablemente y nos invita un café en tanto llega su hermano. Ah, delicioso café. Mientras lo disfrutamos, me habla de las comparsas, de la Fiesta de Muertos en Tempoal, me anticipa la magia que se vive por las tardes. “Ya lo verás tú mismo en la tarde”, me dice. En efecto, ya lo veremos…

Comentarios a esta nota: gregorio.martinez@azteca21.com

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