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Buenas Noticias - November 2, 2008

Desde los cuatro cielos arriban las ánimas de nuestros antepasados para visitar a familia y amigos

No existe ninguna otra parte del
mundo que recuerde a sus difuntos
como México, ya que se convierte
en una festividad en la que
conviven vivos y muertos
Foto: Cortesía iteso.mx

Ciudad de México.- 2 de Noviembre del 2008.- (CONACULTA) De los cuatro cielos, los espíritus de los antepasados llegarán a la Tierra este Día de Muertos para convivir con sus seres queridos, rehabitar los sitios conocidos y recorrer nuevamente los caminos.

Los mexicanos antiguos no creían en la muerte. Pensaban que el cuerpo moría, pero el alma seguía existiendo en otro lugar, cada quien en alguno de los cuatro paraísos, según lo que fue en esta vida y la manera en que murieron.

Josefina García Hernández, directora de Colecciones y Servicios Educativos del Museo Dolores Olmedo Patiño, explicó que el primer paraíso estaba destinado a las mujeres que morían en el parto y los guerreros que morían en combate, mientras que el segundo era para quienes fallecían por alguna causa relacionada con el agua.

El tercer paraíso estaba destinado a las almas de los niños que morían cuando aún estaban lactando y se creía que en él crecía un gran árbol con frutos de los que emanaban leche con la que se alimentaban, detalló.

Por último, el cuarto paraíso es el Mictlán, lugar al que eran enviadas las almas de la gente común que moría de alguna enfermedad  o causas naturales, expuso.

Según la creencia, para llegar a cualesquiera de ellos las almas debían atravesar nueve caminos difíciles de transitar, entre ellos un río.

Para entrar a esa área, el difunto debía hacerse acompañar del alma de un perro xolozcuintle totalmente negro, porque si tenía manchas en el cuerpo ya había servido al alma de otro fallecido, describió.

Como parte de los objetos que se colocaban en las tumbas, sobre todo de quienes ocupaban posiciones sociales de un rango elevado como guerreros, gobernantes y sacerdotes, había joyas, ropa, máscaras, alimentos, semillas, agua y el cuerpo de un perro. Si no se contaba con el animal, se le sustituía por una pieza de cerámica, refirió.

En la época colonial, esa tradición fue prohibida pues se le consideraba un rito pagano, pero los indígenas la mantuvieran oculta y poco a poco volvió a hacerse pública y se adecuó a las festividades católicas de Todos los Santos y los Fieles Difuntos, indicó.

Esa mezcla de dos culturas da forma al actual Día de Muertos. "Cuando nosotros pensamos que colocaremos los altares y que las almas  de nuestros difuntos llegarán a nuestra casa, es pensando que nuestros seres queridos no han fallecido, que siguen con nosotros en alma, y que son días en que se nos permite convivir con ellos", dijo.

"Hay muchos lugares en que se piensa que los difuntos toman la esencia, el olor y el sabor de lo que ponemos ahí", señaló García Hernández.

Al respecto, el jefe del Departamento de Promoción a la Creación Popular del Museo Nacional de Culturas Populares, Fernando Híjar,  informó que desde tiempos prehispánicos las celebraciones destinadas a los muertos representan un momento privilegiado del encuentro de los hombres con sus antepasados.

En gran parte de los pueblos indígenas, la fiesta del Día de Muertos corresponde al fin de un calendario ritual y a la culminación del ciclo agrícola, por lo que también es un festival de la cosecha en el que se comparten los primeros frutos con los ancestros, señaló.

Para la mayoría de las etnias de México, el Universo sigue siendo una unidad dividida en dos partes opuestas y complementarias; prevalece en ellos un pensamiento cíclico, basado en la dualidad: frío y caliente, sequía y lluvia, así como vida y muerte, relató.

"El origen del Día de Muertos se pierde en el tiempo, tiene un origen mesoamericano pero tras el contacto con Europa, concretamente, con España se da un sincretismo que actualmente confluye en una serie de festividades", planteó.

En Mesoamérica, a los muertos se les acompañaba con sus pertenencias personales y sus osamentas eran más o menos ricas, según su lugar en la jerarquía social. "Estaban presentes los elementos de ornato, las flores, las luces, el agua y el maíz, que hoy conservan las ofrendas, al igual que su carácter espiritual", expuso.

Actualmente se da cada vez más prioridad a los altares y se hacen a un lado las manifestaciones que llegan de otros países, por  lo que la tradición no está en peligro, sino que se consolida más, precisó Híjar.

García Hernández, coincidió al señalar que "actualmente ha recobrado bastante fuerza. Vemos con mucho más frecuencia sitios públicos e instituciones privadas y públicas que colocan ofrendas, tratando de recuperar el significado original".

Esa tradición, enfatizó, "nos define como pueblo". No existe ninguna otra parte del mundo que recuerde a sus difuntos como México. Lejos de ser una experiencia triste, se convierte en una festividad en el que conviven vivos y muertos.

Por dos días, a los muertos se les dará permiso para visitar a sus familiares con vida y con ello se rescata la memoria, se aleja al olvido y se reencuentran las almas, abundó.

El etnólogo francés Jacques Soustelle señala en su obra "El Universo de los aztecas" que "el mundo era una decoración, un telón irisado siempre a punto de desvanecerse como un sueño. Ya habían perecido cuatro mundos, y el quinto, el nuestro, se desgarraría como un sueño.

"En este universo frágil y siempre amenazado, el curso imperturbable del tiempo día tras día nos depara el matiz feliz, desdichado o indiferente de los signos que rigen el destino. ¨Y el hombre? Efímero dentro de lo efímero, el hombre realiza brevemente su combate. (Notimex)

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