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Por la Espiral - October 27, 2008

Crisis y la tercera edad

POR LA ESPIRAL
Claudia Luna Palencia

-Crisis y  la tercera edad
-Una soledad angustiosa
-Un mundo más difícil

    De acuerdo con el Banco Mundial, la pobreza en la población de la tercera edad en México es excepcionalmente alta aun en el contexto de América Latina.
La tasa de pobreza en la población mayor de 65 años es 70% superior a la tasa de pobreza para el total de la población.
En condiciones normales de la economía la situación de sobrevivencia es difícil para cerca de dos millones 663 mil 719 adultos de entre 60 a 64 años de edad y 5 millones 626 mil 682 adultos mayores de 65 años, según datos del Consejo Nacional de Población (Conapo).
En condiciones actuales, de crisis  global con impacto nacional, el contexto es extremo para la población de la tercera edad por ser un grupo más vulnerable ante las adversidades económicas inusitadas.
Ninguna pensión mensual de 662 pesos, 845 pesos o 967 pesos pueden ser dignas ni en momentos normales de la economía mucho menos en crisis.
La población de la tercera edad, tanto en el campo, como en la ciudad, resiente el encarecimiento de los productos alimenticios observados en los últimos meses así como el alza del precio del transporte debido a los constantes ajustes de la tarifa de la gasolina.
Mucha gente de esos “adultos jóvenes”, “adultos en plenitud”, “jóvenes eternos” como los grupos políticos les denominan  para utilizarlos en sus plataformas electorales, viven en el más absoluto abandono, huérfanos de políticas sociales incluyentes,  pensiones dignas, cobertura de salud efectiva y  servicios de calidad.
No podemos olvidarnos de ellos, el Gobierno Federal no puede hacer caso omiso que son niños, jóvenes y gente de la tercera edad los que mayormente pagan los costos de una economía con menor crecimiento económico, de un gasto social restringido por  una mala planeación del Presupuesto (todo apunta a que habrá recortes en el 2009); del encarecimiento de los alimentos y los servicios, porque ellos también tienen que pagar por la factura de la luz, el agua y el gas.
A COLACIÓN
Los adultos mayores deberían ser privilegiados por las  políticas públicas de forma integral, igualmente atendidos por la iniciativa privada con productos bancarios adaptados a los requerimientos de la nueva realidad vital por la que transitan; lo mismo para planes de retiro, seguridad médica, rehabilitación; suministro de medicinas; atención jurídica para cesiones, testamentos, repartos de bienes.
Ellos tienen que contar en la sociedad y ésta les tiene que tratar con respeto, no a sazón de mendigos que piden una cita médica y son una molestia; y mucho menos como a una carga. ¿O es qué usted amigo lector quiere sentirse así cuando le llegue el momento?
Todo lo que sembremos  para allanar esa deformación que se tiene al respecto de la tercera edad, tarde o temprano, nos beneficiará.
A nivel global la pirámide poblacional está cambiando, hay sociedades donde los nacimientos son escasos, otras conservan nacimientos promedio de cuatros hijos como las familias estadounidenses, germanas, israelitas e hindúes.
Al tiempo que el concepto de la familia experimenta cambios, en los que no siempre estoy de acuerdo, porque considero que el pilar fundamental es nuclear, hombre y mujer, diversos organismos internacionales advierten de la cantidad de población que serán adultos mayores en las próximas décadas.
La Organización de las Naciones Unidas (ONU) y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) estiman que para el año 2050 habrá 2 mil millones de adultos mayores en el mundo, muchos tendrán más de 60 años y el 80% vivirán en países en desarrollo.
En México, el Programa de Desarrollo Integral del Adulto Mayor (Prodia), el Instituto Nacional de las Personas Adultos Mayores (INAPAM) que pertenece a la Secretaría de Desarrollo Social (Sedeso) y el Consejo Nacional de Población (Conapo) indican que hay 8.3 millones de personas mayores de 60 años, lo que representa el 7.7% de la población mexicana.
Para el 2030 ese sector aumentará un 17.5% y para el 2050 serán entre 30 y 35 millones de personas mayores lo que equivaldrá a un 28% de la población total nacional.
Mientras ese futuro nos alcanza, Adriana González Furlong, directora del INAPAM, destaca la urgencia de un Plan Integral de Acción en Torno al Envejecimiento, empero,  no precisa exactamente la directriz y en qué consisten las propuestas de alcance.
Y es que al Gobierno Federal le falta tomárselo muy en serio, no olvidar a los adultos mayores, apostar por ellos destinando más recursos para fondos sociales, su inserción en la sociedad, salud y sobre todo mejoramiento de infraestructura.
En la vejez, como con la sustentabilidad, ésta tiene que incluirse en todos los programas de las Secretarías de Estado, en las políticas públicas para que el cambio sea verdaderamente integral.
GALIMATÍAS
Arribar a la  tercera edad puede convertirse en todo un drama. En México y otras partes de América Latina un porcentaje de  adultos mayores se quedan en casa con  los hijos o los nietos;  no obstante, otra parte están   en  asilos o completamente solos.
Si volteamos a otras partes del mundo encontramos que tampoco la vejez logra la plenitud en los países más desarrollados porque también hay cuestiones de soledad y de ingreso.
En España mujeres solas  y hombres solos compran mascotas para llenar los silencios y mantenerse ocupados.
Algunos logran obtener una asistente social del Estado y otros más holgados pagan los servicios de cuidado provistos por inmigrantes.
Las pensiones promedio oscilan entre los 400 a 600 euros mensuales pero el costo de la alimentación, los servicios y el transporte les dan para vivir demasiado apretados.
A diferencia de México, donde la mayor parte de la gente de la tercera edad no son propietarios sino inquilinos o huéspedes permanentes en la familia, en España el 85% de los españoles mayores de 65 años son dueños de una vivienda, la mayoría están  solos y son  mujeres viudas.
En el país ibérico,  Caja Duero, Caixa Terrassa e Ibercaja pusieron en marcha un producto que se llama “Hipoteca Inversa”, un esquema mediante el cual el adulto de la tercera edad acude con sus escrituras a hipotecar su casa para  recibir a  cambio una mensualidad de 600 euros por una vivienda valorada en 300 mil euros. El contrato de la mensualidad puede ser hasta por veinte años y la edad máxima para solicitar una hipoteca inversa es la de 90 años.
Si bien  la hipoteca inversa se pone en la mesa como una opción por parte de la iniciativa privada,  el lucro y el interés por quedarse con la propiedad priman por encima de todo y allí es donde también hace falta la intervención del Estado.

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