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Por la Espiral - October 3, 2008

Ausencia de liderazgo

POR LA ESPIRAL
Claudia Luna Palencia

-Ausencia de liderazgo
-Preocupación global
-Ahorradores y consumidores

    Esta es la historia de un Titanic, la aldea global, a merced de  un tsunami financiero que le toma sin capitán y con escasas lanchas salvavidas. El costo de esta crisis es para los  ahorradores en los países desarrollados y para los  consumidores, en países en vías de desarrollo.
    ¿Quién tiene voz para calmar a los especuladores? ¿Quién la presencia suficiente para convocar a la credibilidad? El escenario internacional no podría ser más parco sino fuera porque de Norte a Sur y de Este a Oeste del globo terráqueo faltan figuras políticas capaces de convencer y deshacer la maraña de la crisis.
    Quizá eso es precisamente lo más angustiante la insuficiencia de estadistas, reformadores y visionarios, de personajes políticos serios que no vendan mentiras, lucren con vidas y se dejen seducir por las faldas de las pasarelas ni los reflectores de las revistas del corazón.
    Esta crisis financiera desvela por igual la otra crisis de liderazgo inexistente en plenitud en Estados Unidos, Gran Bretaña, España, Francia; y en tantos otros países menos desarrollados como México, Chile, Argentina, Bolivia, Venezuela, Perú y una madeja por enumerar.
    Por algo, el ciudadano global ha dejado de creer en el establishment, en el marco de sus instituciones, el sentido de la democracia, que es precisamente lo más preocupante, porque hoy en día además de estar hermanados por una crisis de la que no somos culpables, lo hacemos bajo el cobijo del descontento por la mediocre clase política en el poder, su incapacidad e incultura; el poco bagaje para enfrentar los retos y aglutinar.
    Es un hecho: el ciudadano global ha dejado de votar, y esa postura cívica es demasiado sintomática de cuanto aqueja a la clase media global, de cuan cansada está de la demagogia de los gobiernos de izquierda y de derecha. La mentira no conoce de matices ideológicos.
    A lo largo de estos días en que la crisis nos hace agua el bolsillo, parecen calcados los discursos del  presidente George W. Bush, en Estados Unidos, que los del  presidente José Luis Rodríguez Zapatero, en España o del  presidente Felipe Calderón en México o de Ángela Merkel, en Alemania.
     Ellos  aseveran sus magnos esfuerzos por  evitar mayores daños, aunque la tónica del desempleo va en creciente,  así como el menor ritmo de producción y los problemas alteran la microeconomía, macroeconomía y la política monetaria y fiscal.
    Todos esos demagogos de izquierda y de derecha quieren tapar la crisis con un dedo como si las filas del desempleo no crecieran, ni la gente padeciera por mayores tasas de interés en sus créditos, los bolsillos constriñeran buscando compensar la inflación en el diario vivir.
    Por ende es entendible que la confianza del consumidor global vaya en picada hundiéndose con el Titanic financiero. Igualmente que los expertos no encuentren a un personaje político capaz de aglutinar y convencer a los mercados, mandar esas señales correctas requeridas no sólo por acciones de soporte económico sino por medidas de soporte político.
A COLACIÓN
    El presidente Bush demoró en  reaccionar, ya lo dijo recientemente Carlos Slim Helú, uno de los tres hombres más ricos del mundo, que por cierto, en medio de esta crisis desconcertante mantiene prudencia aguardando las oportunidades.
    Me parece interesante que mientras empresarios como Emilio Botín, poderoso empresario español dueño del Banco Santander Central Hispano (BSCH) va comprando entidades en otras partes del mundo, Slim Helú es momentáneamente conservador  a sabiendas de que el mercado seguirá corrigiéndose y en esa medida dejando más cadáveres financieros.
    Hay otros grandes empresarios que también están aguardando “gangas”,  mientras que nosotros, comunes ciudadanos de a pie, vemos como el crédito de nuevo se va cerrando, la liquidez internacional mermando, el financiamiento global haciéndose  más caro y lo único que queremos es tener tranquilidad.
    Aunque el tono de las noticias no ayuda precisamente, ni siquiera permite recobrar la fe en que el plan Bush sirva de paracaídas para una crisis que aún no toca fondo.
    Hay demasiadas señales: ayer, Jean Claude Trichet, presidente del Banco Central Europeo (BCE) la institución que pone las reglas del destino de la política monetaria, dio a conocer que  las tasas de interés en la eurozona prevalecen sin cambio en 4.25 por ciento.
    En su discurso Trichet aseveró en varias ocasiones que el mundo global enfrenta niveles de incertidumbre nunca antes vistos con una inusitada volatilidad.
    Y así, mientras unos políticos a otros se culpan y reprochan por lo que desde meses atrás debieron haber hecho y no hicieron para frenar los efectos de la crisis, para poner en su sitio los especuladores, la señal Bush a los mercados es desconcertante.
    Desconcierto por la actuación tardía, por las acciones de rescate discriminatorias aplicadas por la Casa Blanca para salvar a unas entidades financieras y dejar en el colapso a otras.
    ¿Quién sí y quién no? Esa es la gran interrogante al tiempo que las caídas bursátiles llevan a valores de capitalización de hace más de dos años  a grandes conglomerados financieros y mete a los ahorradores en la intranquilidad de saber si sus depósitos están ciento por ciento en lugar seguro.
    Mientras en España, el presidente Zapatero habla de la fortaleza del sistema financiero español, su primer Ministro de Hacienda, Pedro Solbes, afirma en los medios de comunicación que los ahorros de los españoles están seguros.
    El efecto de intranquilidad es inmediato, por la baja  credibilidad hacia lo que dicen los políticos, nos le creemos. Los analistas recuerdan entonces que en España existe un seguro de depósitos que protege los ahorros en los bancos hasta por 20 mil euros; En Estados Unidos, otros políticos intentan convencer igualmente del resguardo a los ahorradores, aunque la quiebra del Wachovia hace tomar valium a los depositantes que ven demudados cómo se pretende legislar sobre del  resguardo a los depósitos hasta por 100 mil dólares e incrementarlo hasta los 250 mil dólares. En México, el seguro  a los depósitos de los ahorradores es hasta por 400 mil udis.
    En Irlanda, el gobierno dice que todos los depósitos están protegidos y la gente sale a las sucursales a pedir por su dinero. Y es que los políticos empiezan a hablar y los ahorradores a temblar.
    Me parece que esa es precisamente la gran lección de esta crisis financiera sin precedente, la ya inocultable grave crisis política global de albores del siglo XXI, marcada por una ausencia de liderazgos.
   

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