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Música - September 26, 2008

XIII Festival Huasteco en Xilitla, el ritual de nuestra identidad: músico tamaulipeco Jorge Morenos

Jorge Morenos en 'Las Pozas'
de Edward James
Foto:
Gregorio Martínez M./Azteca 21

Por Gregorio Martínez Moctezuma
Corresponsal Azteca 21

Ciudad de México. 27 de septiembre de 2008. El viernes 29 de agosto, durante el segundo día de actividades del XIII Festival de la Huasteca, efectuado en Xilitla, San Luis Potosí, el grupo Segrel, fundado en 1996 por iniciativa de la maestra Carmen Armijo, profesora de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, ofreció el concierto denominado “La antigua lírica popular hispánica y el son huasteco”.

Segrel está integrado por Manuel Mejía Armijo, Vladimir Bendixen, Carmen Armijo, Dora Juárez Kiczkovsky, Rafael Pérez Enríquez, Carmen Mastache y Jorge Morenos, y la posibilidad de incluir a otros cantantes y músicos, como Rita Guerrero, Rodrigo Mejía y Alejandro Tello, por mencionar algunos. El grupo se dedica a la interpretación, investigación y recreación de la música antigua en su contexto histórico, con énfasis en la cultura hispánica medieval y renacentista. Segrel, precisamente, era un juglar de esa época.

Jorge Morenos es un músico huasteco, a quien entrevisté hace dos años con motivo de la presentación de su disco “Vetas del gran árbol del son cuexteco”. Nos volvimos a ver en Xilitla en diversos momentos y actividades. Amablemente, accedió a compartir con nosotros su experiencia de esos días.

Jorge, sé que el grupo Segrel está enfocado a la música medieval y renacentista, pero tiene un programa armado con son huasteco, que es donde tú entras, ¿podrías hablarme más al respecto?

El son huasteco, como muchas de las manifestaciones de música tradicional en México, tiene una raíz común: la música y los instrumentos de cuerda que venían de España. Asimismo, se nutre de rítmicas originales de estas tierras: el acento percutivo de nuestras danzas indígenas y las de los negros esclavos. Sobre esto último no hay que olvidar que rítmicas como la chacona y la zarabanda son señaladas en diversas fuentes como propias, nacidas en estas tierras y más propiamente en el Golfo de México. Estas dos en particular pasaron a formar parte (aunque estuvieron prohibidas por lascivas) de la suite europea como movimientos de ella. Así entonces, entre la música antigua y la tradicional hay un lazo común. También esto se verifica en las líricas, en las formas de versar y en las temáticas. “Lo que en el Viejo Mundo es música antigua en el Nuevo Mundo es música viva a través de las músicas tradicionales.”

¿Cómo se dio la participación de Segrel en este Festival de la Huasteca?

La participación de Segrel en el festival de Xilitla se llevó a cabo a instancias de la invitación que nos hizo Armando Herrera, que es el responsable del Programa de Desarrollo Cultural de la Huasteca en San Luis Potosí. Yo le había platicado a Armando en ocasiones anteriores, en Tlayacapan me parece, de este programa de música, que estábamos interpretando el Segrel y un servidor, llamado “La antigua lírica popular hispánica y el son huasteco tradicional”, el cual fue apoyado por el Programa de Apoyo a Proyectos y Coinversiones Culturales del FONCA 2006-2007 y a través de él nos presentamos en San Luis mismo y en Xilitla a fines de 2006. Fue una experiencia maravillosa, como lo fue en efecto la presentación reciente: mágica e imponderable. También se realizó un video (que aparece en www.youtube.com/segrel en el Museo Nacional de Arte) y una edición de la música en disco compacto con el mismo nombre. Entre los instrumentos que se usan para este programa y que fueron ejecutados en el concierto están viola d’gamba, laúd renacentista, guitarrilla antigua renacentista de cuatro órdenes, fídula, flautas de pico, castañuelas, cocuyos, jarana huasteca y quinta huapanguera.

Cuéntame de la presentación que tuvieron en el ex templo agustino.

El ex convento agustino fue un marco ideal para el concierto, pues tiene una acústica excelente, además de la historia que carga en el contexto de la Huasteca. Creo que fue muy emotivo y, como dije antes, mágico y hermoso por las sensaciones que nos produjo a todos los que estábamos ahí. Además, con el público huapanguero, pues realmente no se puede pedir más y fue de esas veces que dices: “puedo morir en paz”. Asimismo, nuestra bailarina Casilda Madrazo embelleció con su fineza y su danza ese concierto.

Grosso modo, ¿podrías comentarme del programa que incluyeron?

El programa consistió en dos partes. La primera fue una presentación de piezas de la polifonía y populares españolas del “Cancionero de Palacio” (siglo XVI) y otras fuentes. La segunda es donde se ven esta mixtura, estos lazos comunes de retroalimentación de las músicas del viejo y el nuevo continente: “Zarabanda al ayre (sic) español”, “Chacona” (que incluye “Petenera” y “Xochipitzáhuatl”), “Rodrigo Martínes” (sic) de la picaresca española del siglo XVI junto a “El gallo” huasteco, “Pavana”, de Luyis Milán (s. XVI) con “Cielito lindo”, “Recercada segunda” con “El llorar”… fueron algunas de las piezas de esta segunda parte.

En cuanto a lo que te tocó ver de actividades del festival, ¿qué te llamó la atención, cuál es la impresión o experiencia que te deja esta XIII edición?

El festival siempre es una experiencia de renovación catártica, por lo menos para mí, de saludar y versar con los viejos y los jóvenes trovadores, hacer nuevos amigos, cantar hasta el amanecer, en fin, refrescar el ritual de nuestra identidad, pues además se presentaron danzas muy importantes como “Cuanegros” y otras que nos hicieron sentirnos orgullosos. A algunos músicos y escuchas como que les cansan estos festivales… he leído y oído por ahí (sobre todo en Internet). Y es que puede ser que, en efecto, en el escenario, al subir a tocar los grupos suelen repetirse muchos sones, pero esto es parte del ritual y claro que me gustaría que se tocaran sones viejos o menos usuales (por su interpretación y frecuencia), quizá por ello tiendo a cantar mis propias composiciones y arreglos a sones viejos (sin alterarles su naturaleza propia). Pero la vida abajo, en los parques, en el comedor, en las cantinas ¡vibra, bulle una vida huapanguera muy cabrona, sensual, picaresca, versadora… la verdad muy chingona y eso vale mucho la pena!

Además de en Xilitla, nos vimos en Las Pozas, ¿qué podrías comentar de este municipio potosino y de ese sitio mágico en medio del bosque?

Tuvimos el privilegio enorme de hospedarnos en Las Pozas de Edward James. Aunque llegábamos casi al amanecer, justo en esas horas del alba ya cuando la noche, la madrugada se van retirando, es cuando la naturaleza estalla en pájaros y en hermosura, en brisa matinal; ahí, Las Pozas te bendicen la vida. Es mucho más que una experiencia. Además, Xilitla, el pueblo, la gente que te abre los brazos, la traza misma del viejo Tamdhiwól (su antiguo locativo en tének: lugar de chiles serranos, que luego se convirtió en Chilitla o Xilitla) es bellísima porque es escarpada, en fin, es un lugar en el que de verdad me gustaría vivir algún día.

¿Deseas agregar algo, maestro?

Agregaría que mis compañeros del grupo Segrel: Manuel Mejía, Rafael Pérez Enríquez, Vladimir Bendixen y Casilda Madrazo, regresaron mucho más que contentos y felices por la maravilla de vivir el son huasteco en toda su dimensión: desde las danzas hasta los tríos, versadores y zapateadores; de manera que hemos, pues, hecho una especie de renovación de votos para seguir con este programa y aún dar mucho más de nosotros mismos como músicos mexicanos, y sí quisiéramos decir que ojalá que este programa se presentara en otros lugares de la Huasteca: en Hidalgo, en Veracruz, en Tamaulipas (mi tierra), en Puebla, en Querétaro, para que la gente de la misma Huasteca lo disfrutara.

Gracias, Jorge.

Un saludo y un abrazo para todos.

Comentarios a esta nota: gregorio.martinez@azteca21.com

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