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Libros - September 26, 2008

Evocan escritores veteranos el espíritu festivo del 68

Juan Bañuelos, Gerardo de la
Torre, Paco Ignacio Taibo II
 y Humberto Mussacchio, 
  recordaron sus experiencias
dentro del movimiento
Foto: Cortesía INAH

Ciudad de México.- 26 de Septiembre del 2008.- (INAH) Veteranos del 68 en pleno uso de sus facultades subversivas, así podría calificarse a los escritores Juan Bañuelos, Gerardo de la Torre, Humberto Mussacchio y Paco Ignacio Taibo II, quienes coincidieron en que el movimiento acallado brutalmente el 2 de octubre de ese año, “no sólo fue gesta y protesta, también fue fiesta… y la fiesta no ha terminado”.

            Juntos, en el patio central del Museo Nacional de Antropología, entrelazaron algunas de sus experiencias durante esos meses de lucha —de julio a diciembre—, en los que participaron como brigadistas estudiantiles o proletarios pero, ante todo, como jóvenes hartos del autoritarismo del Estado mexicano y su clientela.

            Estas vivencias, compartidas con un público compuesto en su mayoría por muchachos, en el marco de XX Feria del Libro de Antropología e Historia (FLAH), reiteraron el porqué a 40 años de distancia El 2 de octubre ¡No se olvida!, toda vez que aún priva la impunidad sobre este fatal suceso.      

No consta en actas

 

Ese 2 de octubre, Juan Bañuelos subía a su departamento ubicado en el quinto piso del edificio Hidalgo, en Tlatelolco, dispuesto a cambiarse de ropa y unirse a la protesta, pero antes de llegar al elevador se topó con la bestial realidad, pues un muchacho yacía herido en el suelo.

            “Unos policías me agarraron y ya me llevaban a la fuerza, en eso observé una camioneta con un bandera blanca en la que venían estudiantes y amigos míos que estaban en el movimiento. Escuché la voz de mi colega Thelma Nava —la verdad es que huían— y tomamos por la vía del ferrocarril”.

            A partir de ahí, el poeta chiapaneco fue testigo de varias represiones, ya que por su trabajo en una editorial viajaba por distintas zonas de la ciudad de México, todas estas impresiones dieron origen al poemario No consta en actas (1971), del que Bañuelos seleccionó un par de reflexiones para compartir con el público de la XX FLAH:  

Silencio,
Que las paredes oyen para la policía.
Y nadie hable de un río con su tarde,
Porque el látigo del centurión

 

Silbaría entre estas líneas
Hemos dado un paseo de glaucoma
Por las calles tatuadas de Nonoalco.
Mis palabras quedan perforadas.
Son los últimos disparos de la noche.
Oh ciudad mía,
Ciudad montada sobre tanques,
Sobre un gargajo de cuartel.

 

Un obrero de la sección 35

“En la ciudad, los meses de agosto y septiembre del 68 fueron una fiesta, se respiraba un aire libertario y en las marchas, los mítines y las brigadas, participamos juntos estudiantes y trabajadores. La fiesta, ya se sabe, desembocó en la tragedia represiva del 2 de octubre. A 40 años de distancia, más que entonar lamentos, debemos recuperar el espíritu jubiloso que nos animó entonces”.

Así comenzó Gerardo de la Torre, su participación en la Mesa redonda 1968-2008, 40 Años. Memoria y olvido, en la cual recordó sus años mozos como trabajador en la Refinería de Azcapotzalco, sección 35, del sindicato petrolero, donde privaban las condiciones comunes a la clase obrera: corrupción, gangsterismo y cooptación.

Bajo estas condiciones fue que llegaron los primeros panfletos firmados por un fantasmal Comité, invitaciones a la clase obrera a sumar fuerzas con los estudiantes, “porque sólo la clase obrera mediante paros y huelgas podría quebrantar el espinazo del poder burgués, etcétera, etcétera”.

Para la marcha del 13 agosto sólo se sumaron una docena de jóvenes obreros, de entre 22 y 30 años; en la manifestación del 27 de agosto ya eran cerca de 50 petroleros los que abandonaban el letargo, y a la protesta silenciosa del 13 de septiembre “acudimos cerca de 500, con mantas que manifestaban repudio a las organizaciones charras y al control de los sindicatos por el gobierno.”

“El 68 había logrado despertar la rebeldía en las secciones petroleras capitalinas, pero estos incipientes ardores fueron apagados por el estruendo de los fusiles el 2 de octubre. Fue así como ‘La Quina’ retomó el control de Sindicato Nacional Petrolero.  Todavía el 23 de noviembre, frente a la refinería, nos atrevimos a quemar un ataúd con las siglas CTM y credenciales del PRI”.

Una generación iracunda

Humberto Mussacchio hizo un recuento de todo aquello que entrañó el 68: Vietnam, la defensa de Cuba, el auge de la teoría marxista, el Rock, el Che como emblema de la liberación, la píldora anticonceptiva, el movimiento denominado de la Ruptura, la literatura “de la Onda”, la revista Política y, sin duda, el hartazgo hacia el Partido Revolucionario Institucional.

            “No puede omitirse que muchos de los logros que hemos tenido después del 68, avances políticos y como sociedad, se le deban a aquel movimiento, a nuestros muertos. Éramos una generación iracunda, evidentemente. México ya había entrado al ‘Desarrollo estabilizador’, sin embargo, no bastaron los satisfactores económicos, necesitábamos los de la conciencia, los del espíritu, y esos, el gobierno nos los regateaba.”

            “Muchos de los que salimos vivos del 2 de octubre, juramos que no lo olvidaríamos, pero cada vez que nos referimos a esa fecha surge la parte cruenta y terrible, pero el 68 no sólo fue gesta y protesta, sino también fue fiesta. La más grandiosa, masiva fiesta, que nos hallamos dado los mexicanos a lo largo de varios meses.”

“Por primera vez, volvimos al Zócalo después de muchos años de que esa plaza estuvo vedada a las manifestaciones populares. Por primera vez le dijimos a un presidente, frente a Palacio Nacional, con todos sus soldados defendiéndolo, lo que pensábamos de él, le gritamos una y mil veces ¡asesino! Ese grito libertario fue muy importante”.

El bigotín

La noche de la gran pinta, así pasó a la historia la ocasión en que miles de bardas de la ciudad aparecieron pintadas, gracias a la ardua tarea que, en la oscuridad, habían emprendido numerosas brigadas universitarias. Al día siguiente, el estudiante Paco Ignacio Taibo II fue comisionado a una “ingrata” tarea, ir a platicar con El bigotín, uno de los líderes de la Prepa 5.

            De inmediato, El bigotín se defendió argumentando que en asamblea se había decidido pintar una sola palabra para ahorrar tiempo y esfuerzo en La noche de las pintas. A lo que espetó Taibo II, ¡esa no es la bronca! ¡Hocicón se escribe con h y con c!, ¡van a decir que estamos en la sede del analfabetismo nacional!

            Las huestes de brigadistas convocadas por El Bigotín, debieron corregir de inmediato los miles de Osicón repartidos por la ciudad, con los que aludían a la principal característica física de Gustavo Díaz Ordaz, “el presidente más feo en la historia de México”; y a las mentiras del gobierno.

            “Esta idea más allá de visiones tácticas y posibilidades de triunfo o de derrota, plantea la confrontación eterna entre las generaciones mexicanas y el modelo autoritario, represivo y corrupto del Estado. Algunos se cansaron, otros se rajaron, muy pocos fueron cooptados por el enemigo (aquellos que leían El capital I, II y III). Somos un pueblo resistente… la fiesta del 68 no ha terminado”.

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