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Buenas Noticias - September 21, 2008

Recuerdan a Juan José Arreola en el 90 aniversario de su natalicio

Juan José Arreola (1918-2001),
el gran juglar, el prestidigitador,
el fabulista, uno de los máximos
escritores del siglo XX mexicano
Foto: Cortesía elbalero.gob.mx

Ciudad de México.- 21 de Septiembre del 2008.- (CONACULTA) Juan José Arreola era, sencillamente, el espíritu de la época de principio de los años 70, coincidieron los escritores Federico Campbell, Antonio Alatorre, Beatriz Espejo y Felipe Garrido, durante un homenaje que se le rindió hoy al tapatío, en la sala Manuel M. Ponce, del Palacio de Bellas Artes.

La reunión respondió al 90 aniversario del natalicio de Juan José Arreola (1918-2001), el gran juglar, el prestidigitador, el fabulista; uno de los máximos escritores del siglo XX mexicano. Allí pronunciaron sendos discursos cuatro de sus amigos más cercanos: Campbell, Alatorre, Garrido y, a través de un texto, Espejo.

Ante una sala llena, Federico Campbell señaló que Juan José Arreola fue el creador, por no decir el inventor, de los talleres literarios en México.

Lo recordó además como un editor, carpintero, ajedrecista, actor, jugador notable de pin pong, conocedor de vinos, telas y la sastrería más fina. "Arreola era el espíritu de la época de principio de los años 70".

Según Campbell, lo que Arreola quería decir con sus actos, con su elegancia y su estilo, es que el arte podía muy bien incorporarse a la vida cotidiana y que más allá de las carreras universitarias tradicionales, estaba también el oficio de leer y escribir.

"Cuando asistí a su taller literario, en 1964, la lectura de poemas nos acompañaba siempre en nuestros trabajos de prosa. Y es que lo que tenía de particular el taller de Arreola, al que asistíamos tanto narradores como poetas, era que el énfasis estaba en la frase, o mejor dicho, en la cadencia de ésta. Tanto la lectura en voz alta de Arreola, como la lectura íntima y personal de poemas nos ayudaban mucho a educar el oído".

El escritor reveló que en los talleres que impartía Juan José Arreola de lo que se trataba era de cultivar una sensibilidad ante el lenguaje, de atender el sonido de las palabras y no sólo su significado, y no tanto de sopesar el efecto de conjunto que podría tener un texto demasiado largo.

"Al hablar de la cadencia de la frase, lo que estábamos evocando era una noción musical. Aludíamos, sin tenerlo muy consciente, al compás y al ritmo, a la regularidad de la combinación de los sonidos, y así, poco a poco, luego de muchas páginas escritas y reescritas podíamos empezar a tener algo parecido a un estilo en embrión, una prosa muy personal, más o menos fluida y sobre todo muy bien entonada", expresó Campbell.

A través de un texto leído por la coordinadora de Literatura del INBAL, Enzia Verduchi, Beatriz Espejo calificó a Arreola como "un gran encantador de serpientes", como un histrión, "un actor inaudito, lleno de recursos", que cautivaba a sus escuchas y los hacía olvidar su entorno cuando tomaba la palabra. "Verdad que este hombre era un genio?".

En su turno, el ensayista y cronista Felipe Garrido evocó una dramática imagen de Arreola, cuando éste agonizaba en su casa de Zapotlán el Grande, Jalisco, y a pesar de su desmemoria, Arreola comenzó a recitar sin cambiar una sola palabra el primero de los Sonetos Fraternales escritos por Carlos Pellicer.

"En ese momento recordé el episodio en el que Arreola acompañaba a sus hermanos a la escuela –él todavía no entraba a la escuela– y que escuchó a algún grupo que estaba aprendiendo de memoria el "Cristo de Temaca", una poesía de Alfredo Placencia, y aunque no entendía nada de lo que estaba escuchando, la belleza del sonido de las palabras era tan poderosa que lo memorizó".

"Regresó a su casa, se subió a una silla del comedor y empezó a recitar el "Cristo de Temaca", del que no entendía nada, y yo creo que Juan José no se bajó nunca de esa silla por el resto de su vida. Juan José se quedó trepado en esa silla hasta el momento final en que lo ví, casi moribundo, pero todavía recitando los versos de Carlos Pellicer", recordó Garrido.

Finalmente, el ensayista Antonio Alatorre recordó ampliamente algunas de las aventuras que vivió junto a su amigo Juan José Arreola, pero destacó sobre todo cuando lo conoció, en 1944, porque eso le cambió la vida. "Cuando conocí a Juan José yo era un gran vacío y él era un gran lleno con apetito de llenar ese vacío". (Notimex)

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