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Libros - September 17, 2008

“Del llano”, de Felipe Garrido, un libro sobre la magia del futbol

Un texto que versa sobre
futbol, en un país, donde
no abundan los libros con
esta temática, aunque sí
los escritores aficionados
al deporte de las patadas
Foto: Cortesía
'Los libros de la Sirena'

Por Gregorio Martínez Moctezuma
Corresponsal Azteca 21

Ciudad de México. 17 de septiembre de 2008. Para los amantes de los libros y de la lectura, pocas cosas son tan estimulantes como encontrarse un buen libro usado o “de viejo”, ya sea en un tianguis, como “El baratillo” en Guadalajara o en uno de los muchos que aún invaden y llenan de vida las calles de colonias populares de la ciudad de México, como el que se pone los jueves en la colonia Benito Juárez en Ciudad Nezahualcóyotl o los domingos en Nonoalco Mixcoac, o en las librerías de viejo, como las de Donceles o en “Las Américas”, situada en la calle de José Morán, en la colonia San Miguel Chapultepec.

Uno de tales dichosos hallazgos me sucedió el fin de semana patriótico: en un montón de libros desahuciados encontré uno que no conocía, pero que, al ver el nombre del autor, sabía que era bueno, lo que confirmé al hojearlo y más aún al echar un ojo al colofón: “Del llano” (Los libros de la Sirena, México, D.F., 1999), de Felipe Garrido, entusiasta y decidido especialista y promotor de la lectura, magnífico escritor y editor. Además, el libro (lamentablemente un poco deteriorado) está editado en un papel casi cartoncillo amable al tacto, cuenta con excelentes ilustraciones de Iñaki Garrido y su tiraje fue de 500 ejemplares. Por si lo anterior fuera poco, su contenido versa sobre futbol, como ya lo preludia un tanto el título; vaya, en nuestro país no abundan los libros con esta temática, aunque sí los escritores aficionados al deporte de las patadas. ¿Una joyita? Sí, indudablemente.

“Del llano” está integrado por siete relatos cuya virtud principal, a mi entender, estriba en la amorosa y memoriosa descripción de ambientes, de atmósferas, de personajes y de un espacio emocional que nos hace cómplices o comparsas casi de inmediato, amén de la escritura fina, cuidada y sugestiva del también recopilador de la “Crónica de los prodigios”.

El libro abre con una evocación del terreno de juego, “Zona sagrada”, en la que se concentran hombres y mujeres, ilusiones y anhelos, sueños y frustraciones; los integrantes de un ritual moderno que congrega a “Todo el pueblo, toda la ciudad, todo el país”, donde las diferencias sociales se desvanecen y sólo prevalece el volado: ganar o perder o el gris empate.

En los relatos siguientes, “Buena memoria”, “Tiempos difíciles”, “Tres a cero”, “Virtudes”, “Lecciones metafísicas” y “Así fueran mil años”, Garrido va engarzando una historia tras otra, como un hábil mediocampista que se enfila al arco rival, pero que no anota gol, regalándonos, en cambio, el placer de crear la magia del juego, de dibujar las jugadas, sazonándolas con una anécdota, con una extraña y deleitosa combinación de menús y bebidas, en las que aparecen los mismos personajes de una familia numerosa cuyas reuniones se suscitan precisamente después del partido y cuyas vidas se entremezclan y aun trascienden con y por la pasión futbolera.

En una nación a la que se ha pretendido convertir por decreto en “Un país de lectores”, resulta gratificante y asaz placentero hallar un libro bello por muchas razones: por no recurrir a futbolistas o partidos famosos para cautivar al lector, por su sapiencia y virtud, por su impresión y formato, por su amor al lenguaje, a la palabra y al “juego del hombre”, y, sobre todo, porque su existencia nos reafirma una verdad absoluta: sin los libros buenos, sin la lectura amena y formativa, la vida –y el futbol– sería muy aburrida.

Comentarios a esta nota: gregorio.martinez@azteca21.com

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