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Arte y Cultura - September 12, 2008

Mexicas utilizaban el chapopote de manera pura, tal como emanaba de los yacimientos

Los antiguos mexicanos
conocieron al chapopote como
'chapoctli', palabra náhuatl
que se deriva de 'chiáhuatl',
grasa y 'poctli', humo
Foto: Cortesía INAH

Ciudad de México.- 12 de Septiembre del 2008.- (CONACULTA) El uso del chapopote en México tiene una historia continua de por lo menos dos mil años, tiempo en el que este material natural ha funcionado como combustible, medicamento, impermeabilizante, recubrimiento de armas y utensilios, incienso, iluminante, pintura para la decoración y hasta fue confundido por los cronistas con el  petróleo.

 

Los antiguos mexicanos conocieron al chapopote como chapoctli, palabra náhuatl que se deriva de: chiáhuatl, grasa, y poctli, humo. En la época prehispánica este material se utilizaba de manera pura, tal como emanaba de los yacimientos, es decir, no pasaba por ningún proceso de refinación.

 

Luis Avelino Sánchez Grillet, investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y participante del 2° Simposium Internacional de Tecnohistoria, explicó que este material era utilizado por los aztecas como remedio o medicina para evitar el mal aliento.

 

“Muchos investigadores aseguran que los mexicas tenían la costumbre de masticar pedazos de chapopote como chicle para limpiar la dentadura. Lo cierto es que la función de este material no era como auxiliar de la limpieza bucal, sino como remedio contra la halitosis o mal aliento, ya que la limpieza y salud en esa cultura era importante; incluso, si una mujer padecía de este mal podía ser rechazada por su marido públicamente”, relató el investigador.

 

Otro de los usos que se le dio a este material en la época prehispánica fue el ritual. Se ponía en las ofrendas y se quemaba mezclado con copal, como si fuera incienso, este rito estaba relacionado, a decir del especialista, con el culto a Tezcatlipoca, deidad azteca del cielo nocturno, creadora y a la vez destructora, vinculado con la pureza y el pecado, inventor del fuego y patrón de los príncipes.

 

Funcionó también como iluminante porque servía para encender antorchas cubiertas con este material, que además de proporcionar luz evitaban que algunos animales como los mosquitos los picaran, de igual manera fue parte de la ornamentación de algunas figurillas de barro.

 

De igual manera, en algunas construcciones prehispánicas este material  formó parte de la impermeabilización de pisos y muros.

 

El chapopote tuvo una importancia mucho más grande de la que le hemos llegado a conceder, no sólo en la época prehispánica, sino en la colonial, donde fue parte primordial para la comunicación entre España y la Nueva España, debido a que sirvió para reparar gran cantidad de navíos que viajaban de un lado a otro.

 

“En lugar de la brea vegetal que se usaba en España para reparar los barcos, en la Nueva España éstos se sellaban con chapopote y zacate”, apuntó el investigador en su ponencia La construcción de una entidad natural: el caso del petróleo.

 

En el mismo periodo, con la introducción del hierro y el arsenal bélico, al chapopote se le utilizó como recubrimiento para proteger las armas y así evitar la oxidación.

 

Durante su conferencia en el Simposium, organizado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), Sánchez Grillet afirmó que por muchos años el chapopote fue confundido con el petróleo.

 

“En la historia se tiende a dar por hecho que el chapopote y petróleo son sinónimos, como si las dos sustancia fueran la mismas, por eso cronistas como Fray Bernardino de Sahagún aplicaban el término de chapopote al petróleo, cuando ambas sustancias son diferentes”.

 

Ésa fue la razón, argumentó el especialista, de que el petróleo como se le conoce ahora haya desaparecido de las crónicas e historia por más de tres siglos: XVI, XVII y XVIII. Fue hasta el XIX cuando gracias a la refinación técnica se sabe que el chapopote y el petróleo son materiales diferentes.

 

Sin embargo, y pese a este error, la expropiación petrolera vino a reafirmar la importancia que tenían las sustancias como el chapopote.

 

“Este suceso no introdujo a México una nueva industria, sino que reafirmó la historia milenaria del aprovechamiento de los recursos naturales que implementaron culturas tan antiguas como la olmeca”, concluyó.

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