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Por la Espiral - September 12, 2008

Aniversario del miedo

POR LA ESPIRAL
Claudia Luna Palencia

-Aniversario del miedo
-Estados Unidos, reacomodos
-Obama o McCain, ¿cambios?

    En el séptimo aniversario  de los atentados del 11 de septiembre en Nueva York, algo más cayó aquel día junto con las Torres Gemelas y las dos mil 752 personas fallecidas, lo hizo nuestra confianza, tranquilidad y certidumbre de un mundo en calma.
    Cambios en la geopolítica y geoeconomía, además de un reacomodo de fuerzas, han sido consecuencias inevitables del 11-s, China es miembro de la Organización Mundial del Comercio (OMC), Rusia del Grupo de los Ocho y el petróleo es el imán de guerra, el oro negro moviliza  el ajedrez internacional.
    Basta observar la invasión de Afganistán  en octubre del 2001, la de Irak desde marzo del 2003 por parte de tropas estadounidenses y británicas que han dividido al país creando su propio protectorado y no debemos pasar por alto, a la Rusia de Putin y del presidente Medvedev demostrando con su apoyo bélico a Osetia del Sur y Abjasia que el mundo no funciona con fuerzas unilaterales. Los contrapesos son imprescindibles más cuando del reparto de cuotas de poder se trata.
    Mientras tanto, en esta “política del miedo” hay pocos ganadores y muchos perdedores, todos cuanto viven día con día con temor a un ataque terrorista, a que la situación de su aldea, de su ciudad cambie de la noche a la mañana, aquellos que nunca han ocasionado mal  a nadie pero que pagan un litro de combustible a precios de carestía y precios de alimentos por las nubes en este periodo de nueva “guerra fría” en el que Estados Unidos figura  hegemónico.
    En 2003 cuando publiqué el libro “La política del Miedo” en el que  además recabamos diversos testimonios hicimos referencia a varios  estudios comentamos que  habría tensiones desatadas por un grupo de actores como Rusia, China, India así como Irán y Turquía sobre de Asia Central lo que provocaría conflictos locales, comunales, insurgencias políticas, revueltas y distintas acciones encaminadas a la lucha por los mercados, el del oro negro y los energéticos y también el del narcotráfico.
    Es un mundo nuevo, al que el presidente George W. Bush aportó la polea del cambio, beneficiando a sus amigos y conocidos acreedores de sus dos victorias en la Casa Blanca, la primera contra Al Gore en medio de una bruma misteriosa donde Florida jugó un papel trascendental y la segunda con la reelección hace casi cuatro años.
    Que el clan Bush y los oligarcas del petróleo y de la fabricación de armas han sido los principales beneficiarios del 11 de septiembre no queda la menor duda, todos facturan grandes cantidades.
    En siete años la ayuda para el desarrollo ha pasado a la minusvalía porque las verdaderas ganancias las llevan las empresas petroleras, al tiempo que multimillonarios contratos fluyen para fabricantes de armas como Boeing, Lockheed  Martin  y Northroop.
A COLACIÓN
    Siete años después del 11-s queda un Memorial, un proyecto de reconstrucción de la zona donde estaban ambas torres,  el dolor de cientos de familias y el temor de un pueblo como el estadounidense que se siente amenazado con casi todo lo que le rodea quizá por ello su filmografía es tan reveladora de su sentir para recordar que la grandeza radica en sobreponerse al temor y socavar la amenaza ya sea de King Kong, Alien  o los terroristas.
    Desde los tabloides cotidianos plagados de noticias de muertos en Irak, a las noticias por televisión con la franja roja de “war against terror” y los anuncios espectaculares en las vías de comunicación instando a la población a denunciar sospechosos “report any suspicious activity”• lo que el pueblo estadounidense ha perdido en todo este tiempo son sus derechos humanos, basta un gesto raro para ser detenido por la Policía que es además brutalmente más violenta en sus detenciones sin miramiento de los derechos civiles.
    Pero Bush ya se va, en dos administraciones al frente del país más poderoso de la tierra que genera el 25% del PIB mundial, se ha desatado todavía más el odio antiyanqui. El propio presidente lo ha avivado contando a sus amigos y enemigos con “el eje del bien y del mal”.
    Él dice que es una guerra contra quienes les envidian y quieren arrebatarles su libertad, su justificación reiterada tras el fracaso de los inspectores de la ONU por no encontrar armas químicas en Irak cuando la invasión ya estaba consumada se usa de argumento para tratar de convencer el porqué están allí.
    Por lo menos Bush ya se va de la Casa Blanca aunque no sabemos si se llevará con él su política del miedo o la dejará instalada en el salón oval.
    A estas alturas diversos especialistas  en todos los rincones del planeta analizan si será mejor que gane el demócrata  Obama o el republicano McCain, viendo a futuro quién de los dos es mejor ficha en el tablero del ajedrez mundial y tendrá más talento para la diplomacia internacional.
SERPIENTES Y ESCALERAS
    Desde mi perspectiva, ni Obama ni McCain, tendrán demasiado margen de acción con el paquete que recibirán de herencia después de ocho  desastrosos años de administración de Bush junior.
    Además, ¿quién de los dos se atreverá a negarles los contratos de largo plazo firmados por las fabricantes de armas para surtir de éstas al Ejército estadounidense?
    En mi opinión tanto el demócrata como el republicano en caso de ganar tendrán escaso margen de operación por el estado en que se encuentra la economía.
    Quizá las diferencias radiquen más bien en sus decisiones de política internacional, en ese sentido Obama mucho más conciliador y McCain decantado a continuar los pasos de Bush.
    Ayer mismo en el aniversario del 11-s las declaraciones  y homenajes concedidos marcaron la diferencia: McCain lo hizo desde Pennsylvania, cerca de un pueblo por el que habría caído el   United Airlines Flight 93 (hicieron una película al respecto estilo Hollywood de pasajeros héroes), uno de los cuatro aviones utilizados según la Casa Blanca en los ataques del 11-s y del que nunca hubo constancia, al menos cuando investigué para mi libro no la encontré ni tampoco del vuelo que se habría estrellado en el Pentágono y del cual no obtuve evidencias objetivas ni sostenibles.
    Por su parte, Obama puso en la balanza por un lado la respuesta solidaria del pueblo estadounidense en aquel aciago día y por otro, el llevar a la justicia a los culpables.
    Finalmente, en pasado o en presente, el 11-s cambió nuestras vidas y es un punto imprescindible en la agenda de los candidatos a la Presidencia de la Casa Blanca, debemos tomarle el pulso porque la forma de percibirlo en ambos puede significar demasiado para el futuro de la política internacional.  Para la paz o la desestabilización.
    

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