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Ciencia y Tecnología - September 7, 2008

“Canamayté”, situado en la hilada del dorso de la víbora de cascabel, base de la geometría maya

La trascendencia de la serpiente
de cascabel o 'Ajau Can' es
evidente, ya que está y
estuvo presente en la geometría
y arte de todo Mesoamérica
Foto: Cortesía INAH

Ciudad de México.- 6 de Septiembre del 2008.- (CONACULTA) Los mayas pensaban que en el cascabel de la serpiente o ajau can se guardaba el secreto de la vida y la regeneración. Pero además, este animal “sagrado” mostraba en su piel un patrón matemático y geométrico, el canamayté, que representaba la cosmovisión sobre la formación del cielo y la Tierra a partir de cuatro esquinas y cuatro lados.

 

Canamayté es el cuadrado central en la hilada de cuadros en el dorso de la víbora de cascabel, modelo que ayudó a los mayas a resolver diversos problemas relacionados con la construcción.

 

En matemáticas al canamayté se le conoce como cuadrivértice, modelo geométrico dinámico basado en la subdivisión del cuadrado y que se explica a partir del movimiento que produce la víbora, puesto que las formas cuadradas de su piel se transforman en rombos y luego recobran su forma original, es decir, representa a un cuadrado inscrito en otro cuadrado.

 

El término subdivisión del cuadrado fue empleado por los griegos, quienes aplicaban el mismo principio para resolver problemas constructivos y repartir terrenos.

 

Con este modelo geométrico se construyeron edificios como los de Uxmal y diversos arcos, también se utilizó para labrar rocas y realizar diseños diversos como flores o perfiles mayas, pero además los antiguos habitantes de Yucatán lo implementaron en la localización de los puntos cardinales.

 

A la llegada de los españoles, este modelo matemático continuó vigente en la construcción, un ejemplo de su aplicación se observa en las norias de algunos conventos franciscanos del siglo XVI, que fueron incluso levantadas sobre cenotes, como los de Valladolid, Maní y Mama, en Yucatán.

 

Durante su participación en el Segundo Simposio Internacional de Tecnohistoria, Leonardo Icaza Lomelí, investigador de la Dirección de Estudios Históricos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), habló sobre la aplicación del canamayté para resolver el problema de abastecimiento de agua en los conventos.

 

Las norias son máquinas hidráulicas que sirven para extraer agua, consiste en una gran rueda con aletas transversales o recipientes cilíndricos que se coloca parcialmente sumergida en un curso de agua, lo que permite un movimiento continuo.

 

Con el movimiento de la rueda, generado por la tracción animal, los contenedores se llenan de agua, la elevan y depositan en un conducto asociado a la noria desde donde se distribuye.

 

El modelo geométrico del canamayté sirvió para instalar lo que se conoce como ruedas hidráulicas, pues a partir de la subdivisión del cuadrado se estableció el engranaje, conformado por una rueda vertical y otra horizontal, que funcionaban como el motor de la noria.

 

“La gran aportación es que este modelo sirvió, en Yucatán, para dar soluciones hidráulicas no sólo en las norias sino también en los depósitos de agua llamados aljibes”, apuntó el investigador.

 

El canamayté en el siglo XVI funcionó, además, como un instrumento para diseñar niveles y medidas de agua.

 

Esta concepción matemática, propia de la naturaleza, traspasó la época prehispánica y aún en nuestros días, los actuales habitantes del territorio maya siguen utilizando “la cuadratura del círculo” en las construcciones.

 

La trascendencia de la serpiente de cascabel o ajau can es evidente, de una u otra forma estuvo presente en la geometría y arte de todo Mesoamérica y en los conceptos religiosos y filosóficos.

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