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Arte y Cultura - September 4, 2008

Quiahuixtlán, sitio único en Mesoamérica, desde el cual los totonacos avistaron la llegada de Cortés

En este lugar, soberanos
de 30 pueblos pactaron
un tratado de 'no agresión'
a los españoles
Foto: Cortesía INAH/Mauricio Marat

Ciudad de México.- 4 de Septiembre del 2008.- (CONACULTA) El cielo nunca fue más azul en Quiahuixtlán. Se perdía entre el mar. El ambiente indicaba que ellos llegarían y nos salvarían. Nosotros los estábamos esperando. Día y noche vigilábamos su llegada desde la cumbre del Cerro de los Metates.

 

Cuando por fin los vimos, huimos con miedo, corrimos y dejamos la ciudad vacía, nos refugiamos con el jerarca y él dijo: "no tengan miedo, son nuestros teules, nuestros dioses".

 

A las diez de la mañana los pasos se escuchaban más cerca, traían grandes animales de cuatro patas que nunca habíamos visto. Invocábamos la protección de Quetzalcóatl, porque sabíamos que él los había enviado.

 

Los aguardamos en lo más alto de nuestra ciudad, desde donde se aprecia la costa y está nuestro centro ceremonial, formado por 12 estructuras, entre las que destacan el templo mayor y el juego de pelota. Desde ahí los vimos llegar en enormes naves y les preparamos una gran bienvenida.

 

Muestras de este recibimiento quedaron plasmadas en las crónicas que Bernal Díaz del Castillo escribió cuando llegó a Quiahuixtlán, junto con los conquistadores españoles: "En la mitad de aquel pueblo no hallamos indio ninguno con quien hablar, de lo cual nos maravillamos, se habían ido huyendo de miedo aquel propio día desde que nos vieron subir a sus casas.

 

“Y estando en lo más alto de la fortaleza, en una plaza, junto a donde tenían los cues y casas grandes de sus ídolos, vimos estar 15 indios con buenas mantas, y cada uno con un brasero de barro y en ellos su incienso, y vinieron donde Cortés estaba y le sahumaron”.

 

Quiahuixtlán, "el lugar de la lluvia” en náhuatl, está situado cerca de la termoeléctrica de Laguna Verde, frente a las costas del Golfo de México a orillas de la carretera Cardel-Nautla y representa, en la historia de la conquista, el lugar desde el que los totonacos avistaron la llegada de Hernán Cortés en 1521.

 

En ese apacible lugar, 30 soberanos de diferentes pueblos totonacos pactaron un tratado de "no agresión" a los españoles e iniciaron la alianza para derrocar a Moctezuma.  

 

Sus épocas de apogeo corresponden al Posclásico Temprano (900-1200 d.C.), donde se dio un claro dominio del estilo tolteca, y el Posclásico Tardío en su fase terminal (1200-1519 d.C.), periodo en el que Quiahuixtlán fue influenciado por los mexicas.

 

Poseedor de características que lo hacen único en Mesoamérica: amplias terrazas sobre las sinuosidades de un cerro, en las cuales se construyeron tumbas para entierros secundarios, con vista hacia al mar y la montaña; así como una arquitectura monumental, Quiahuixtlán se alza como uno de los sitios totonacas más imponentes de la costa veracruzana.

 

Abierto al público de martes a domingo de 9:00 a 17: 00 horas, el sitio arqueológico cuenta con una increíble vista al Golfo de México y al sitio donde Cortés estableció la primera Villa Rica de Veracruz.

 

Dividido en dos grupos arquitectónicos: el Complejo de Cementerios y el Complejo Oriente.  A la mitad del cerro –que tiene una altura de 300 metros sobre el nivel del mar– se localiza el primero, constituido por cerca de  78 tumbas repartidas en tres camposantos: central, oriente y sur.

 

Además existen cuatro estructuras mayores, que de acuerdo con el arqueólogo Jaime Cortés, representaban los templos donde ofrendaban a sus muertos.

 

Entre las tumbas del cementerio central se hallaron dos de entierros primarios y 32 de secundarios, cuyas estructuras asemejan pequeños teocallis o templos orientados al norte, donde también se encontraron algunas ofrendas compuestas de vasijas y otros elementos.

 

"Probablemente en este lugar fueron enterrados los grandes jerarcas, pues las tumbas son de mayor tamaño y están separadas de las demás", consideró el arqueólogo del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

 

En la plaza central hay dos edificios, el más importante de ellos es uno que se le nombra Pirámide de los Sacrificios, que tiene en su cúspide una piedra incrustada de estilo mexica. Ambas edificaciones conservan el repellado de estuco, el cual fue hecho con concha de ostión, almeja y caracol.

 

Al norte de la plaza se halla el segundo conjunto arquitectónico, el llamado Complejo Oriente, conformado por 23 tumbas que no miran hacia el mar, sino al poniente y al sur; el que se ubica al norte consta de dos hileras de tumbas que suman un total de 24.

 

"Entre los totonacas había una creencia para enterrar a los muertos de este a oeste, el lugar era ocupado por las mujeres muertas en el parto, relacionadas con la diosa Cihuateteo. Mientras que del punto medio al ocaso, sepultaban a los guerreros muertos en combate, de ahí la distribución de algunas tumbas ", explicó Jaime Cortés.

 

La plaza oriental constituía el área civil y de justicia del gobierno, donde sobresale un edificio dividido a la mitad mediante un pasillo estrecho, a esta construcción se le llama "Los Gemelos", de acuerdo con el investigador se cree que cada una de éstas eran adoratorios de los dioses mexicas Tláloc y Huitzilopochtli.

 

Admirar la vista del mar es compartir por un momento la expectación que vivieron los totonacas ante la llegada de los españoles, siempre vigilantes a que Quetzalcóatl arribara a su ciudad, como se los había prometido.  

 

La parte del sitio que actualmente está abierto al público sólo constituye la parte ceremonial, porque los conjuntos habitacionales que eran ocupados por pescadores, extractores de sal, alfareros y demás artesanos, se encuentran dispersos en la parte baja del cerro, mientras que los aposentos de los jerarcas se localizan más arriba del centro ceremonial, concluyó el arqueólogo del Centro INAH-Veracruz.

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