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Arte y Cultura - September 3, 2008

“La hora del amigo. Escritores al 2×1”: Juan Villoro y Vicente Leñero conviven con sus admiradores

Juan Villoro (DF 1956) reveló
que su primer acercamiento
a la literatura lo debió al
desaparecido cronista
deportivo Ángel Fernández
Foto: Cortesía
CONACULTA/Jorge Vargas

Ciudad de México.- 3 de Septiembre del 2008.- (CONACULTA) Reunidos en el ciclo La hora del amigo. Escritores al 2×1, Juan Villoro y Vicente Leñero coincidieron en que es difícil detectar el cruce entre la realidad y la ficción, pero también en que la mayoría de los autores terminan por aprender a  “saquear la realidad para poder hacer ficción”.

 

Esta premisa, al menos en el caso de ambos, los llevó al reconocimiento de otra dificultad común a muchos escritores mexicanos contemporáneos: la de no atreverse a describir ni nombrar los lugares y las calles de su entorno social inmediato, como sí lo hacen los escritores extranjeros.

 

El autor de Los albañiles (Guadalajara 1933) se preguntó qué pasaría si algún autor de ficción se atreviera a hacerlo, pero la interrogante sobre este misterio literario se distrajo con otros temas de la amena charla de los escritores, quienes dialogaron por más de 70 minutos en la Casa Refugio Citlaltépetl, en la colonia Hipódromo Condesa.

 

La tertulia, moderada por Fernando Fernández, director general de Publicaciones del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), discurrió en un ambiente cálido, informal, alegre, colmado de anécdotas,  referencias eruditas, reflexiones, coloquialismos y mucha gente.

 

La sala de juntas de la residencia de escritores fue insuficiente para albergar a los asistentes, que en todo momento intentaron saludar a Leñero y Villoro, pedirles una dedicatoria autografiada para el libro recién comprado en la librería de la Casa Refugio o posar junto a ellos en una fotografía.

 

Hablaron de sus obras confluyentes en la novela, el teatro, el periodismo y el ensayo; del detonante anecdótico de algunas de sus obras; del intercambio de enseñanzas y de sus preferencias deportivas: de niño y joven Villoro gustó de varios deportes pero ahora sólo disfruta del futbol; Leñero sólo ha practicado el béisbol y lo hace hasta la fecha.

 

Juan Villoro (Distrito Federal 1956) confió uno de sus secretos literarios: su primer acercamiento a la literatura lo debió al desaparecido cronista deportivo Ángel Fernández, quien primero mediante sus trasmisiones radiofónicas de futbol y luego por las de la televisión, le descubrió las maravillas de la palabra.

 

“Yo era un niño que sólo veía la televisión y no había leído ningún libro”, confesó Villoro, quien deslumbrado por las brillantes metáforas, juegos de palabras, ocurrencias, apodos y aun disparates de Fernández, comenzó a acercarse a la literatura y al balompié, deporte en el que es analista de alto nivel técnico.

 

En el espigado diálogo, a menudo celebrado con risotadas del público, hubo referencias a los principales textos literarios de ambos autores (Disparo de argón y El testigo, de Villoro; Los albañiles y Los periodistas, de Leñero) y Los perdedores, libro en proceso de reimpresión que contiene siete piezas de teatro dedicadas a explorar las frustraciones de varios deportistas mexicanos.

 

La nueva edición de Los perdedores está prologado por Juan Villoro, quien reconoció varias deudas a Leñero en su iniciación literaria y en su reciente incursión en la dramaturgia (Muerte parcial 2006), entre ellas la de entender que las derrotas deportivas siempre tienen qué ver con lo que pasa en la casa de los héroes frustráneos.

 

Enseñanza que remarcó Leñero al precisar que “los verdaderos protagonistas son los perdedores, porque es en éstos donde se da el drama” ya que la victoria es poco atractiva para la literatura, en particular para el arte dramático.

 

La Hora del amigo, Escritores al 2×1, tertulia organizada por la Dirección General de Publicaciones del Conaculta, se habría prolongado durante horas, pero en la memoria de los asistentes quedaron grabadas algunas reflexiones y revelaciones interesantes de los dos autores mexicanos.

 

Tal fue el caso de la confidencia de Villoro de que una de las cosas que más le atraen del teatro –antes de sus 50 años de vida no había escrito más que El lamento del cancerbero, pieza muy corta de tema futbolero- es precisamente su acceso tardío en un ambiente en el que se siente intruso, quizás un tanto simulador y hasta extranjero.

 

Esta confesión, por cierto, llevó a Villoro a preguntar a Leñero si asistía a los ensayos de sus obras para corregir frases y palabras, y ajustar diálogos y tiempos,  y éste, con más años en las tablas, dijo que esa tarea se la dejaba a los directores y los actores que saben mejor “lo que sobra o lo que no puede decirse”.

 

Juan Villoro ha obtenido los premios Xavier Villaurrutia (1999), Herralde de Novela (2004), el Internacional de Periodismo Vázquez Montalbán en la categoría de periodismo deportivo (2006) y el de narrativa Antonin Artaud en México (2007).

 

Vicente Leñero ha ganado los premios Biblioteca Breve (1963), Juan Ruiz de Alarcón (1979), Mazatlán de Literatura (1987), El Heraldo (1988), Nacional de Literatura Juan Ruiz de Alarcón (1988), Nacional de Periodismo Cultural Fernando Benítez (1997), Xavier Villaurrutia (2000), Nacional de Literatura y Lingüística (2001) y la Medalla Salvador Toscano 2008, que otorgan la Cineteca Nacional, La Fundación Carmen Toscazo y la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas.

 

(ATR)

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