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Espectáculos - September 2, 2008

Ovacionan a los integrantes de la Compañía Nacional de Danza con “Don Quijote”

En la puesta en escena,
 el 'Caballero de la Triste Figura'
 se muestra ceremonioso,
respetuoso, justo y valiente
 Foto: Cortesía CONACULTA/A.L.

Ciudad de México.- 1º de Septiembre del 2008.- (CONACULTA) El majestuoso Teatro de la Cuidad –fundado en 1918 y recientemente remodelado– recibió el pasado fin de semana a la Compañía Nacional de Danza (CND) con su temporada de Don Quijote.

 

Inspirado en el segundo volumen de las aventuras de Don Quijote, escrito en 1615 por Miguel de Cervantes Saavedra, el espectáculo relata un pasaje de las aventuras y peripecias de un gallardo y sabio caballero en su recorrido por la península ibérica, acompañado por su fiel escudero Sancho Panza.

 

Caroline Llorca fue la encargada de la coreografía, basada en la que Marius Petipa hiciera en 1869 para el Ballet Bolshoi de Rusia. Esta versión mexicana fue estrenada en agosto de 1998, en el Palacio de Bellas Artes.

 

El telón rojo del recinto de Donceles se mantiene cerrado al darse la tercera llamada, mientras unos reflectores iluminan la parte baja del mismo, y lentamente se revela ante los asistentes la plaza de un pequeño poblado español.

 

La escenografía consta de algunas fachadas de casas con sus balcones, al fondo una montaña y un cielo azul cubren la verbena del mercado, hay mucha gente, se siente un ambiente de fiesta. Todos se conocen y saludan.

 

Entre los comerciantes una historia de amor se desarrolla, Kitri, hija de un posadero, está enamorada de Basilio, un humilde barbero. Ellos se quieren mucho. A veces, cuando están juntos, la música para como si el universo se detuviera a su paso.

 

El padre de Kitri decide casarla con Gamache, hombre rico, de modales finos, vestido con un peculiar jubón verde y sombrero con plumas moradas. El pueblo se une y decide ayudar a la joven pareja, tratan de hacer reflexionar al padre, exaltar las virtudes de Basilio y deciden esconderlos para impedir  la boda por conveniencia.

 

En medio de este dilema, llegan Don Quijote y Sancho Panza al poblado, vienen cansados, buscan agua, comida y alojamiento. Durante su estancia en la comunidad, se dan cuenta de los conflictos de los enamorados e intervendrán para que impere el amor.

 

En la puesta en escena, el Caballero de la triste figura se muestra ceremonioso, respetuoso, justo y valiente, ya sea para enfrentar a tres molinos de viento o para defender a su Dulcinea en peligro y luchar contra un grupo de gitanos.

 

Sandra Bárcenas, Blanca Ríos, Harold Quintero y Hansell Nadchar alternaron los personajes de Kitri y Basilio; junto a ellos, Alfredo Aldama, Gustavo Sanders, José Luis González, Reynaldo Díaz y Víctor Cervantes y más de 20 bailarines –que completan la coreografía montada sobre música de León Minkus– se unieron a este relato que lleva a escena un capítulo de la considerada primera novela moderna de la literatura universal.

 

El vestuario, en el que predominó el rojo y anaranjado, es una bella muestra de la usanza española del siglo XVII. Las mujeres llevaban abanicos, peinetas y claveles en el cabello y algunas estaban ataviadas con mantillas, mientras que los hombres en su mayoría usaban paliacates en la cabeza, pantaloncillos y mallas.

 

La pieza en cuatro actos emocionó y conectó con el público asistente, que aplaudió cada número interpretado en el Teatro de la Ciudad, que tras su reciente remodelación, luce su escenario resguardado por dos musas de mampostería y querubines pintados en los balcones, testigos de la magia escénica que derrocharon los bailarines de la CND y que los asistentes agradecieron con interminables ovaciones.

(UOG)

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