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Música - September 2, 2008

Julián Tello, músico, poeta y bailarín, asegura que el son arribeño es diferente al son huasteco

La sapiencia de Tello
 en relación a los sones
 de la Huasteca llega
al extremo de saber
cuándo un son huasteco
 es de Hidalgo,
Querétaro, Veracruz
 o Tamaulipas
Foto: Cortesía CONACULTA

Xilitla, San Luis Potosí.- 1º de Septiembre del 2008.- (CONACULTA)  “El son arribeño es de cerro, se baila en la tierra, incluso entre las piedras; no es de tarima como el son huasteco”, presume Julián Tello Gómez, uno de los bailadores más conocidos de la Huasteca.

 

Sin embargo, Julián es también ampliamente reconocido entre los mejores danzantes de son huasteco por su elegancia y soltura: ha asistido a la mayoría de los 13 festivales que el Programa de Desarrollo Cultural de Huasteca (PDCH) organiza desde 1994.

 

En 2006, cuando el Festival de la Huasteca se realizó en Jalpan de Serra, Querétaro, fue homenajeado como uno de las artistas populares más relevantes de esa entidad por sus aportaciones a la docencia de los bailes huasteco y arribeño, y también como poeta en versos decimales y valonas.

 

“Pero yo no vivo de la bailada ni de la versada. Yo soy albañil, peón. De esto es de lo que vivo. Lo otro es para divertirme, para sentirme libre, para lograr que comulguen mi cuerpo y mi alma. El baile y la poesía son como una terapia”, afirma.

 

Tello Gómez asistió al XIII Festival de la Huasteca con la compañía de su esposa Gregoria Gómez Arvizu, su pareja de baile, y de otras varias parejas de Ahuacatlán de Guadalupe, Querétaro, su población nativa, la cual es vecina de Jalpan de Serra.

 

Julián y Gregoria son una de las decenas de parejas de bailadores que cada año “pueblean” en las fiestas y “huapangueadas” de los estados huastecos de México (Hidalgo, Puebla, Querétaro, San Luís Potosí, Tamaulipas y Veracruz) para compartir el fandango y la comida regional (zacahuil, cecina, bocol).

 

Los grupos de los diferentes estados –y también los del Distrito Federal, la “huasteca chilanguense”– se conocen entre sí y se reúnen para intercambiar discos de huapango, libros, revistas especializadas, noticias y chismes.

 

Ahí andan, entre muchos, Ezequiel Castillo, tamaulipeco, y el profesor Eduardo Bustos, compositor veracruzano de sones huastecos y maestro de la Normal Superior. Lalo Bustos imparte un taller de versificación  para letras de huapango. 

 

El experto bailarín queretano de sones arribeños y huastecos afirma que las danzas específicas de estos subgéneros del son “tienen pasos característicos y acaso un cuadro básico”, pero no tienen una coreografía fija, por lo que se interpretan de manera libre.

 

“Lo que sí hay que saber bien en el caso del son arribeño –aclara Julián–  es cuándo el canto es divino y cuándo es profano, porque el primero está dedicado a Dios o a algún santo y ese no debe bailarse. El profano sí se baila”.

 

La distinción entre uno y otros es fácil: “El arribeño divino tiene resonancias de minuete, es decir, es calmadito, respetuoso; el profano tiene mucho de la alegría y el movimiento del son y del jarabe”.

 

La sapiencia de Tello Sánchez con relación a los sones de la Huasteca llega al extremo de saber cuándo un son huasteco es de Hidalgo, de Querétaro, de Veracruz o de Tamaulipas.

 

“El son huasteco de Hidalgo es muy correteado; el de Querétaro, como el de Veracruz, es más taconeado; y los de San Luis y Tamaulipas, parecidos entre sí, andan en medio”, precisó.

 

Los sones arribeño  y huasteco se distinguen entre sí porque el primero, con instrumenta de cuatro y hasta cinco músicos, tiene dos violines y el ritmo de la danza “lo manda este instrumento”.

 

“En el caso del son huasteco, no hay una manda específica porque quienes lo tocan forman trío y unas veces manda el baile el violín y otras la jarana”, explicó.

 

Con 60 años de edad, Tello Sánchez baila arribeño desde los ocho años. En la década pasada dio un curso de danza de este género en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH).

 

En los años 90 del siglo pasado la revista Literaturas Populares de la Universidad Autónoma del Estado de México le publicó una colección de décimas y valonas (Xichú Palomas) y obtuvo el tercer lugar de un concurso nacional organizado en la capital de la República.

 

Actualmente escribe un libro de memorias: El sonar mis recuerdos, al que está metiendo lo mismo décimas, valonas y cuartetas que fábulas, cuentos, leyendas y vivencias personales.

 

“Escribo en la madrugada o entre colada y colada,  entre los poquitos de tiempo que deja mi trabajo de albañil”, dice Julián, quien recomienda que para bailar arribeño o huapango hay sólo un par de reglas: “zapatear con fuerza y como uno siente que debe hacerlo”.

(ATR)

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