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Negocios - August 29, 2008

Silvestre Mier Castillo, expone sus “mangas” en tianguis artesanal del XIII Festival de la Huasteca

Don Servando con el atuendo
que es muy usado en el
campo y que tiene similitudes
con la capa española,
el capote militar o
la capa curial antigua
Foto: Cortesía
CONACULTA/R. M.

Ciudad de México.- 29 de Agosto del 2008.- (CONACULTA) Xilitla, San Luis Potosí, 29 de agosto.- Silvestre Mier Castillo se dedica profesionalmente a cultivar café, naranjo y zacate, pero tiene un oficio “por distracción” que practica desde hace 60 años: es fabricante de mangas.

 

Mangas de hule para cubrirse la lluvia, el frío o el sereno. Un atuendo de emergencia muy usado en el campo que tiene ascendencias con la capa española, el capote militar o la capa curial antigua.

 

En las enormes sabanas de la Huasteca aún se le ve entre vaqueros, campesinos y comerciantes, pero de unas décadas a la fecha se ha convertido en indumentaria eventual o de adorno, porque es muy elegante y siempre cumple con su función de tapar.

 

“Las hago por encargo y a la medida, según el modelo español que llegó aquí hace ya tiempo”, explica don Silvestre, quien expone sus mangas en la expoventa artesanal del XIII Festival de la Huasteca, que se celebra en esta ciudad.

 

Las piezas son elaboradas artesanalmente con bramante crudo de algodón y hule. La tela la adquiere en Tampico, pero el hule es de extracción y preparación propia, ya que en su rancho tiene 60 árboles de hule.

 

En el tenderete donde expone las mangas, así como chamarras, impermeables y pelerinas (muy parecidas a las capas curiales y las españolas), Mier Castillo exhibe una serie fotográfica que detalla el proceso de extracción de la “savia del hule” y el implante de éste sobre las telas de bramante.

 

También exhibe un folleto con el título Breve historia del origen del árbol del hule, escrito por él, donde explica tanto el proceso de elaboración de las mangas, como el arribo de esta prenda a la Huasteca potosina a principios del siglo XX.

 

En este texto reconoce no saber si el árbol del hule es endémico de la región huasteca o si, como decía su tío abuelo Vicente Melo, fue traído de Teziutlán, Puebla, por un artesano llamado Heliodoro que también trajo las mangas.

 

Lo que sí sabe con precisión es que su padre, Crisóforo Mier Melo,  aprendió de aquél en 1915 la elaboración de mangas y todo tipo de prendas huladas como chamarras, pelerinas, impermeables y capas. De él aprendió el oficio de hulero o manguero.

 

De su padre asimiló también la manera de treparse al árbol del hule, cortarlo con machete de huamarra como un buen “picador o cortador”, ya que este oficio requiere de cuidados extremos porque estas piezas botánicas alcanzan hasta 25 o 30 metros de alto y llegan a durar 100 años.

 

“También hay que saber que los cortes deben hacerse de acuerdo con las fases de la Luna, preferentemente de cuarto creciente en adelante, hasta Luna llena, para no echar a perder el hule. Cada árbol tarda por lo menos cinco años para producir leche y en el mercado el litro de ésta cuesta lo mismo que el de la leche de vaca”, explica don Silvestre.

 

Los árboles de hule se desarrollan por lo regular al pie de las sierras bajas de clima tropical y tienen como fauna acompañante ardillas, clarines y pájaros carpinteros.

 

La fabricación de mangas requiere de savia, el bramante crudo y tinturas naturales, así como del uso de por lo menos 15 herramientas en un lapso de cuatro o cinco horas bajo el intenso sol del mediodía de la Huasteca, toda vez que el proceso exige mucho calor para que la leche del hule amalgame bien sobre la tela.

 

“La manga es una prenda de uso muy útil en el campo, sobre todo en tiempo de aguas. Pero está en retirada ante la llegada de indumentarias extrañas que son mucho más baratas, pero que no son más bonitas ni tapan mejor que mis mangas”, dice el entrevistado, quien las hace desde que tenía 15 años.

 

A don Silvestre, de 73 años, nada le gusta más que hacer estas prendas, pero las fabrica por encargo y su economía no depende de esta actividad. Ninguno de sus ocho hijos se ha interesado en esta labor, pero él la continuará realizando porque lo hace por distraerse y sentirse creativo.

 

El Festival de la Huasteca es organizado por el Programa para el Desarrollo Cultural de la Huasteca, integrado con las instituciones culturales de los estados de Hidalgo, Puebla, Querétaro, San Luis Potosí, Tamaulipas y Veracruz, así como el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes a través de su Dirección General de Vinculación Cultural.

(ATR)

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